Título original: Teenage Mutant Ninja Turtles II: The Secret of the Ooze.
Director: Michael Pressman.
Reparto: Paige Turco, David Warner, Ernie Reyes Jr., François Chau, Michelan Sisti, Mark Caso, Leif Tilden, Kenn Troum, Toshihiro Obata, Adam Carl, Kevin Clash, Laurie Faso, David McCharen, Robbie Rist, Brian Tochi.
Guión: Todd W. Langen.
Música: John Du Prez.
Duración: 88 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 22 de marzo de 1991 (Estados Unidos), 26 de julio de 1991 (España).
Viendo el sensacional éxito de Tortugas Ninja, la primera película de los personajes creados por Kevin Eastman y Peter Laird, que confirmó el fenómeno mundial en el que se habían convertido Leonardo, Raphael, Donatello y Michelangelo, era evidente que habría una secuela. Y como era una película de bajo presupuesto, la continuación fue inmediata. No llegó al año la diferencia entre la primera y la segunda entrega de la franquicia, y esa es una de las explicaciones de que haya una continuidad absoluta entre ambas, incluyendo el uso del villano, Shredder, por mucho que su presencia tras el final de la primera película pareciera más que comprometida. La idea era hacer lo mismo pero con un par de matices. Para empezar, un tono más juvenil que en la cinta original, que siendo bastante cómica por la misma naturaleza de los personajes sorprendió por su tono oscuro. Con una serie de dibujos animados de tanto éxito, era evidente que se iban a buscar más parecidos. Y como las grandes criaturas mutadas de la televisión, Bebop y Rocksteady, no se pudieron utilizar, se buscaron sustitutos que provocaran el mismo efecto, de diseño espectacular y de personalidad infantil como complemento a una historia que ahondara en el origen de los protagonistas. Así nació Las Tortugas Ninja II. El secreto de los mocos verdes.
Es bastante evidente que hay que aceptar esas premisas para poder disfrutar del filme. Su público objetivo es juvenil, incluso infantil, y no se esconde en ningún momento que es a ellos a quienes se busca con el lenguaje adolescente de las Tortugas, con una violencia blanda y obviamente preparada, con la espectacularidad de peleas imposibles y con la introducción de un nuevo personaje adolescente y humano, Keno (Ernie Reyes Jr.), que sustituyó al mucho más macarra Casey Jones (Elias Koteas) de la primera película. La rebaja es tan acusada en todo el planteamiento que eso acaba afectando de forma clara al resultado, donde la historia acaba siendo bastante escasa, justificada únicamente por el regreso de Shredder, donde se repiten las fórmulas ya vistas (la rebeldía de Raphael que le lleva a actuar en solitario) y donde el clímax es bastante poco espectacular. Eso sí, como toda buena franquicia que se precie, tuvo un poder de captación interesante. Vanilla Ice usó la película (y precisamente el clímax) como plataforma de lanzamiento de su tema Ninja rap, y como suele suceder en estos casos se buscó el prestigio que podía dar la presencia de un actor de cierta reputación y con algunos años desaparecido de la primera línea, en este caso David Warner, que interpreta a un científico que tiene las claves para que las Tortugas puedan entender cómo nacieron.
El presupuesto se nota en una mayor variedad y complejidad de escenarios, aunque no haya nada realmente memorable, y en las animatrónicas que permiten el movimiento en las caras de las Tortugas y de los mutantes. La película está dedicada a la memoria de Jim Henson, que murió con apenas 53 años en mayo de 1990, en plena producción del filme, así que es fácil deducir que el taller del maestro que dio vida a las criaturas de Cristal oscuro o Dentro del laberinto está detrás de la creación de estos ingenios. Y el resultado es muy notable. En su momento incluso rompedor. Acostumbrados a marionetas sin un movimiento facial complejo, como por ejemplo la de Splinter en esta misma película, ver la forma en que se articula el rostro de Leonardo, Raphael, Donatello y Michelangelo en trajes que visten actores de carne y hueso es, como ya lo fue en el primer filme, una auténtica maravilla que se disfruta especialmente en la versión original, puesto que es ahí cuando se les ve vocalizar cada palabra que pronuncian. El peaje que se paga para ver en acción de una forma realista a este tipo de criaturas es el material con el que se realizan los trajes, demasiado blando, con lo que los salientes y los adornos se ven temblar con demasiada facilidad en algunas escenas (especialmente los de los mutantes a los que se enfrentan o los de Shredder en la escena final).
Si los personajes protagonistas funciona, el filme va sobre ruedas por muchos problemas que pueda tener en otros ámbitos. Y hay que reconocer que, dentro de las modificaciones que sufrió el título en el paso de las viñetas a la pantalla, las Tortugas tienen ese carisma que hace que sus aventuras tengan interés. Incluso en esta segunda película hay una mejora razonable en el personaje humano por excelencia de la serie, April O’Neil, aquí interpretada por Paige Turco con un aire más desenfadado que el de Judith Hoag en la película original, quizá también consecuencia de la apreciable infantilización que hay en la secuela. Por simple que sea, y lo es, tampoco hay que llevarse a engaño, Las Tirtugas Ninja II. El secreto de los mocos verdes llega al mínimo de entretenimiento que se le puede exigir a una película de estas características. No es la película definitiva de los personajes, tampoco la mejor de la trilogía que se hizo con este modelo, pero es un entretenimiento pasable, hecho al menos con honestidad y fidelidad a los propósitos con los que la franquicia saltó al cine. Es, obviamente, un intento de seguir explotando la gallina de los huevos de oro mientras los personajes seguían en primera línea y sin demasiadas complicaciones añadidas, pero en el fondo los fans de las Tortugas Ninja ya sabían lo que iba a ser antes de verla y, por qué no, disfrutarla.