Guión: Brian Azzarello.
Dibujo: Eduardo Risso.
Páginas: 248.
Precio: 19,95.
Presentación: Rústica.
Publicación: Junio 2015.
El final de una serie de éxito es todo un reto para cualquiera. Y si hablamos de una serie como 100 balas, que ha ido construyendo tantas expectativas a lo largo de tantas subtramas y con un elenco de personajes impresionante y muy variado, mucho más. El clímax, una larguísima y meditada conclusión, arranca ya desde el noveno volumen (aquí, su reseña), es todo lo que cabía esperar de Brian Azzarello y Eduardo Risso, una auténtica orgía de asesinatos y traiciones que corona esta historia de la lucha entre el Trust y los Milicianos, confirmando que las 100 balas que sirvieron para atraer al lector curioso no eran más que una atrevida y brillante excusa para contar una epopeya tan violenta como, a su singular manera, poética. Y no hay más que ver la última y demoledora página de la serie para aceptar esa consideración como algo esencial en 100 balas, una serie que se corona así como una joya del género que ha sabido dar una nueva orientación al noir que se saborea al mismo tiempo como deudora de los clásicos del género y como reinterpretación contemporánea del mismo, que deja enormes lecciones en sus guiones, los de un Azzarello casi siempre en estado de gracia y que demanda toda la atención del lector, pero también en sus dibujos, con un dominio maestro por parte de Risso del arte de las sombras.
100 balas nunca ha sido una serie sencilla. Puede haber dado esa impresión en sus relatos cortos, aquellos que arrancaban con el agente Graves entregando a una pobre alma perdida un maletín con un arma, esas 100 balas y la información que acusa a alguien muy concreto de haberle arruinado la vida. Pero incluso ahí se veía un trasfondo brutal. Cuando se abraza la imagen completa, la de la lucha de poder en el Trust y sus casas junto con el papel imprescindible de los Milicianos, la serie crece todavía más. Y al llegar al final, un clímax casi operístico pero dentro del noir violento y moderno que proponen Azzarello y Risso, se valora todavía más el recorrido. Que no sea una serie sencilla implica que hay incontables personajes recurrentes que han ido cambiando en sus páginas, que se han transformado en personajes completamente diferentes, que han vivido una evolución que obliga a reconocer la maestría de Azzarello en la construcción de este universo. Porque con tanto contado en esos cien números, no hay un solo recuerdo que chirríe en el conjunto. Y la narración que adopta en este tramo final, mezclando escenarios y diálogos de forma paralela e incluso solapada, ahonda todavía más en el aire de tragedia inevitable que sobrevuela por encima de cada uno de los personajes con una intensidad que nunca deja de crecer.
Con esa narración tan particular que plantea Azzarello, Risso recibe el último gran reto de la serie. Una vez que ha convencido desde el principio con sus diseños, con su apabullante forma de aprovechar las sombras y con un tratamiento de la violencia brillante, encontrando con acierto los límites de lo que puede y no lo que no debe mostrar, ahora el ilustrador da el último paso para considerar 100 balas como la obra maestra de su carrera. Azzarello mezcla escenarios y Risso logra una naturalidad en las transiciones que sólo pueden calificarse de deslumbrantes. Con tanto que decir, y no hay una sola página en la que el lector se sienta perdido en los saltos. Con una unión tan imprescindible entre lo que se está leyendo y lo que se está viendo, Risso da al lector todas las facilidades para no salir nunca de la historia, para sentirse absorbido por lo que está sucediendo y casi con la tentación de agacharse para no recibir una de las muchas balas que se ven volar en estas páginas finales. 100 balas cierra como una auténtica obra de referencia, imprescindible para los amantes del género, para los seguidores de Azzarello y de Risso y para quienes todavía tengan en mente que el cómic es un medio de tintes infantiles y en el que sólo aparecen personajes con mallas o pensados para niños. 100 balas es un placer adulto y violento como pocos con un dignísimo final.
El volumen incluye los números 91 a 100 de 100 Bullets, publicados originalmente por DC Comics dentro de su sello Vertigo entre julio de 2008 y abril de 2009. El único contenido extra son las cubiertas originales de Dave Johnson.