Guión: Greg Rucka.
Dibujo: Jason Shawn Alexander, Carla Speed McNeil y Mike Hawthorne.
Páginas: 344.
Precio: 20 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Julio 2015.
Si pensáramos que este segundo volumen de Queen & Country no es tan bueno como el primero (aquí, su reseña), puede que la única explicación sería que a lo bueno nos acostumbramos muy rápido. Porque Queen & Country, en este segundo libro, sigue siendo muy buena. Greg Rucka es muy bueno. La forma en la que zambulle al lector en este mundo de espionaje es tan brillante que lo único que le falta es la sorpresa que genera descubrir la serie por primera vez. La genialidad realista que se esconde en este relato se puede ver en las grandes historias, por su enorme diversidad, por su absoluta falta de monotonía, por la evolución de los personajes, por las intrigas de despacho y por las misiones de campo, por la brutal forma en la que entran y salen personajes de la escena, pero también por los pequeños detalles. No hay más que observar a una secundaria como Kate, la asistente del director de operaciones, para comprender que la narración de Rucka es de una complejidad aplastante, en lo narrativo (donde pide lo mejor de sus autores en cada arco argumental) y lo emocional. Decir que un título es el definitivo de un género en un medio es una afirmación arriesgada y con la que siempre habrá gente que no esté de acuerdo, pero afirmar que Queen & Country es el cómic de espionaje definitivo no suena nada descabellado.
La aproximación de Rucka al género ya no es tan novedosa como cuando se publicó originalmente. Hoy el espía es una figura a la que se quiere restar glamour y aportarle oscuridad, pero cuando Queen & Country vio la luz no era algo tan habitual. Por eso merece la pena recordar que esta serie nació hace más de una década, y que si se puede seguir considerando tan buena es porque mantiene su fuerza intacta, como debe de ser en los grandes clásicos. Queen & Country lo es porque sabe moverse en terrenos que tendrían que ser complementarios pero que no todo el mundo sabe acoplar. Rucka ha escogido un mundo que fascina con facilidad, cierto, pero lo ha poblado con un grupo de personajes descritos con una minuciosidad espectacular, y no sólo los principales. Y al mismo tiempo ha sabido dar una naturalidad impresionante a que en sus misiones, en su trabajo, se cuelen elementos íntimos y personales, con un nivel de drama que supera incluso a las elaboradas tramas de espionaje de la serie. Eso, sin revelar los acontecimientos que se cuentan en este segundo volumen, da una riqueza a Queen & Country casi sublime por momentos y abre tantos escenarios posibles que resulta imposible anticipar el que va a escoger Rucka para continuar la historia y mantener enganchado al lector, algo que hace de una forma bestial y narrativamente muy diversa.
Hay otro elemento que da categoría a Queen & Country. Si una serie quiere contar con diferentes ilustradores, la forma de hacerlo es esta: un artista para cada arco argumental. El poso que deja eso en la mente del lector es de un valora casi incalculable, nada que ver con el vaivén de dibujantes de las grandes editoriales, algo que obedece a criterios de marketing y ahorro y no a cuestiones autorales. De esta manera, Queen & Country es una serie mucho más completa, tanto como si la firmara un único ilustrador durante toda su extensión del mismo modo que es siempre Rucka quien firma los guiones. Con un nivel general altísimo, lo mejor de este volumen es el trabajo de Jason Shawn Alexander en Operación: Blackwell, el relato que abre esta entrega. Su trazo sucio y cargado de sombras es perfecto para la turbia historia de sexo y coacciones que ilustra. Dentro del blanco y negro perpetuo de la serie, los lápices de Carla Speed McNeil para Operación: Frente Tormentoso se vienen a situar en las antípodas de su predecesor, con mucho más blanco que negro, a pesar de que las tornas cambian en los momentos de más tensión del relato. Mike Hawthorne cierra el libro con su trabajo en Operación: Diente de león, con un tono más cartoon, muy limpio en el trazo y con una espléndida puesta en escena. Y es que todo son merecidos elogios para Queen & Country.
El volumen incluye los números 13 a 24 de Queen & Country, publicados originalmente por Oni Press entre enero de 2003 y abril de 2004. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Jason Alexander, Carla Speed McNeil y Mike Hawthorne, y un pequeño portafolio de bocetos.