Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Tony Harris y John Paul Leon.
Páginas: 128.
Precio: 12,50 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Mayo 2015.
Si el séptimo número de Ex Machina (aquí, su reseña) había dejado un sabor de boca un tanto más irregular de lo habitual, las constantes de la serie vuelven en este octavo. Brian K. Vaughan mezcla de nuevo con mucho acierto los intrincados rincones de la política, esta vez llevando la organización de la Convención Nacional del Partido Republicano a Nueva York, y el más desenfadado historial de la Gran Maquina y sus conexiones con el presente, creando de una forma muy atrevida y divertida una historia de origen de la singular antagonista que se cuela en la portada de este volumen, que además es clave en este tramo de la historia para lo que está por venir. A Vaughan siempre le ha gustado contar el momento y anticipar el futuro, y esta entrega de Ex Machina es un ejemplo perfecto, con una historia que conecta de forma muy fluida con los dos momentos de la narración y también con la realidad, con una brillante alusión a George W. Bush, presidente de Estados Unidos en toda la época que abarca la serie, y de nuevo con el 11-S como motor de muchos de los acontecimientos de la historia, esta vez no sólo por el papel de Mitchell Hundred. Esta vez la narración en paralelo no sólo es temporal, sino también entre personajes, porque Juego sucio es tanto la historia del Alcalde de Nueva como de la obsesión de Mónica por la Gran Máquina.
Como casi siempre, la construcción de la historia que hace Vaughan es espléndida. En un primer número modélico, establece todos los elementos que van a formar parte de la historia, a todos sus personajes y todos los conflictos. A partir de ahí, el desarrollo es tan acertado como suele serlo en los cómics del autor. Lo más singular de todo es que, después de haber dejado en el séptimo número la gran pista sobre el futuro de Hundred, sus aspiraciones de ser presidente de los Estados Unidos, aquí mezcla en la historia al inquilino de la Casa Blanca, acertando además al no incluirle físicamente en la historia, evitando algo que no había funcionado en el anterior volumen con el Papa Juan Pablo II. La mezcla es doble. Por un lado, Bush es el centro de los problemas de Hundred y por otro es el vehículo que utiliza Monica para dar rienda suelta a su obsesión por la Gran Máquina. Porque, y eso no se puede obviar, lo que centra Juego sucio es una obsesión que lleva a Monica a cometer auténticas locuras, a convertirse en una enmascarada, a quebrantar la ley, sólo para que la Gran Máquina regrese a su vida tras irrumpir en ella en el flashback con el que se abre la historia. Vaughan, además, consigue de esa obsesión no sólo un vinculo emocional dramático, gracias al 11-S, pero también un inevitable toque humorístico que nace ya desde su traje de enmascarada, decorado con corazones en el pecho y una calavera en el casco.
Ese tono es el que mejor funciona en Ex Machina y probablemente el que mejor dibuja Tony Harris, dueño absoluto del estilo de la serie (lo que siempre queda aún más de manifiesto cuando otro ilustrador colabora, en este caso un John Paul Leon, que aporta un dibujo bastante diferente en el número que cierra este volumen). Si hay algo que distingue a Harris es su versatilidad para dibujar prácticamente cualquier cosa. Y cuando eso implica terrenos tan distintos entre sí como los que explora este volumen, sus virtudes se multiplican. En su dibujo, el dramatismo del 11-S combina de una forma muy natural con la jovialidad de la amenaza femenina a la que tiene que hacer frente el alcalde Hundred. Y la expresividad de todos los personajes, sumada a la tremendamente realista variedad de modelos que utiliza para dibujarlos, hace el resto, consiguiendo que la historia apasione de la misma manera por lo que se cuenta y por cómo se cuenta. Da gusto ver que una serie de tanta calidad como Ex Machina solventa las dudas que pudiera despertar un arco argumental concreto, en este caso el anterior, y muestra a dos autores disfrutando tanto con lo que están narrando. Y como la base de la serie sigue ahí, mejorando e intrigando cada vez más según pasan los números, no hay muchos peros que ponerle a esta entrega.
El volumen incluye los números 36 a 39 de Ex Machina y el tercero de Ex Machina Special, publicados originalmente por DC Comics entre junio de 2008 y enero de 2009. El único contenido extra son las cubiertas originales de Tony Harris y Jim Lee.