Título original: Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer.
Director: Tim Story.
Reparto: Ioan Gruffudd, Jessica Alba, Chris Evans, Michael Chiklis, Julian McMahon, Doug Jones, Kerry Washington, Beau Garrett, Andre Braugher.
Guión: Don Payne y Mark Frost.
Música: John Ottman.
Duración: 90 minutos.
Distribuidora: Fox.
Estreno: 15 de junio de 2007 (Estados Unidos), 10 de agosto de 2007 (España).
Se tiende a pensar en Los 4 Fantásticos (aquí, su crítica) como una de las más flojas adaptaciones de cómics al cine de los últimos años, y esa es una sensación que encierra mucho de cierto pero también algo de injusticia. No es una gran película, eso es evidente, pero desde la modestia desde la que se arranca el proyecto, nada que ver con la ambición de otros proyectos como Spider-Man (aquí, su crítica), X-Men o el esfuerzo común de Marvel Studios en torno a Los Vengadores, era una pieza juvenil entretenida. En su secuela se pusieron muchas esperanzas, y más cuando se anunció el título: Rise of the Silver Surfer. La presencia de este gran personaje implicaba unas miras muy superiores, un salto a las grandes aventuras cósmicas de la Primera Familia de Marvel, y la expectación se disparó cuando se publicó el primer trailer, prácticamente una versión reducida de la primera y deslumbrante aparición de Silver Surfer en la película. Quizá precisamente por eso la decepción fue aún más grande. No es que Los 4 Fantásticos y Silver Surfer no mantenga la misma diversión juvenil de la primera entrega, porque eso lo hace, pero todo estaba en el punto exacto para ofrecer algo más y Tim Story prefirió no arriesgar, coger unas cuantas viñetas de aquí y allá de los cómics de Marvel, y ofrecer un más de lo mismo incluso de menos duración y desperdiciar la ocasión de hacer la película definitiva del grupo.
La falta de ambición de Story se ve desde ya desde el prólogo de la película, que más que para intrigar o emocionar sirve para desanimar. Galactus, un personaje imponente y mítico, queda desvirtuado como una nube cósmica de un difícilmente creíble poder destructivo con la que los maestros de efectos especiales juegan para hacer que coja en alguna ocasión una forma parecida a la del casco que porta el personaje en el cómic. Es obvio que una traslación directa de lo que dibujó en su día Jack Kirby podría no haber funcionado, pero el camino escogido fue simplista, algo que afecta y mucho al muy reducido y poco impresionante clímax final de la cinta, nada que ver con la grandiosidad que se podría haber conseguido encarando al personaje de otra manera. En realidad, Galactus es tan simplista como toda la película. No se puede negar que no haya momentos en los que los 4 Fantásticos están perfectamente reflejados, algo que ya sucedía en la primera entrega, pero todo queda descafeinado y aleatorio. Lo que en el cómic se explica en docenas de números (el temor de Sue a formar una familia siendo superhéroes, la felicidad de Ben con Alicia, el deseo de Johnny de sentar la cabeza, por no hablar del drama interno de Silver Surfer) aquí apenas se esboza y se contradice con una facilidad pasmosa que lo único que consigue es frenar la evolución de los personajes para adecuarla al gag de turno.
Con Galactus como gran decepción, sin apenas evolución seria en el cuarteto protagonista y con un Doctor Muerte de nuevo desperdiciado y sin la sutileza que encierra el personaje en las mejores historias del cómic (su triste y casi silenciosa derrota es reflejo de esto), sólo queda el propio Silver Surfer para salvar la función. Como efecto especial, es uno de los más logrados de género. Su aspecto es impresionante y la mezcla entre el movimiento de un actor (Doug Jones), la voz de otro (Laurence Fishburne), los retoques digitales tremendamente conseguidos y un desarrollo fascinante de sus poderes sobre la materia hacen de él un espléndido personaje, incluso desde la limitación que supone el marco y la duración de la película. El mayor problema que ofrece el personaje está en su resolución, un clímax imposible de creer que da paso a ese inevitable final abierto pensando en un spin-off del que se habló durante un tiempo y nunca se llegó a producir, y para quienes vieran la película en su momento en ese mismo trailer, que eliminó por completo la sorpresa y sacó del funcionamiento de la película lo mejor que tenía que ofrecer meses antes de que se pudiera ver el resto. Años atrás, la aparición de Silver Surfer habría podido ser uno de esos momentos que se graban a fuego en la mente del espectador de cine, pero tal y como se publicitó esa imagen acabó encerrada en una pantalla de ordenador vista en un vídeo en streaming.
Los 4 Fantásticos y Silver Surfer, como ya sucedió con la película original, da para una mirada muy dura pero también para una amable, y habrá aficionados del grupo que se coloquen en ambas facciones. El problema está en el público que buscó la película, el mismo que querría tener cualquier superproducción actual de Hollywood, el de una edad juvenil que lleve a consumir la película también en otros ámbitos. Los 4 Fantásticos y Silver Surfer no nace para contentar a los nostálgicos de Stan Lee (por mucho que su cameo en esta película sea, con diferencia, el mejor que ha protagonizado el padre esencial del Universo Marvel) y Jack Kirby, sino al adolescente del siglo XXI. Como los 4 Fantásticos son unos personajes asombrosos y como Story, siguiendo el guión de Don Payne (que colaboró también en las dos entregas de Thor)y Mark Frost (que repite tras la primera película), quiere rescatar temas y escenas del cómic, hay momentos fantásticos. Pero son sólo eso, momentos. Poco importa que el casting fuera más acertado de lo que cabía esperar o que funcionen bastante bien los efectos especiales al servicio de todos los personajes (lo menos conseguido sigue siendo el poder de Míster Fantástico), porque a la película le falta espíritu y ambición. Tan claro se vio, que una taquilla decente pero sensiblemente inferior a la del primer filme supuso el final de esta saga.
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