Título original: Fantastic Four.
Director: Josh Trank.
Reparto: Miles Teller, Michael B. Jordan, Kate Mara, Jamie Bell, Toby Kebbell, Reg E. Cathey, Tim Blake Nelson.
Guión: Jeremy Slater, Simon Kinberg y Josh Trank.
Música: Marco Beltrami y Philip Glass.
Duración: 100 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 7 de agosto de 2015 (Estados Unidos), 21 de agosto de 2015 (España).
Son muchas las sensaciones encontradas que deja Cuatro Fantásticos, el nuevo intento de llevar a la Primera Familia de Marvel al cine después de las dos películas de Tim Story. La primera, la más obvia, y en el fondo la más triste, es que no estamos ante una buena película. Las razones, muchas, las desgranaremos más adelante. La segunda, que en realidad tampoco es un filme tan demoledoramente terrible como se ha venido a dar a entender desde hace ya demasiado tiempo, incluso probablemente sin haber visto el resultado final, y eso tendría que hacernos pensar. Es mala, pero no merece el inmisericorde vapuleo al que ha sido sometida la película por cada una de las erróneas decisiones que se han dado a conocer o por sus erráticos cambios de rumbo. Y la última, la que entenderán todos aquellos que sientan cariño por este grupo de superhéroes, es que es una terrible adaptación del cómic. No es nada extraño que no haya cameo de Stan Lee, porque estos no son los 4 Fantásticos que creó junto a Jack Kirby. Es una película sobre cuatro tipos que consiguen poderes, pero no es una de los 4 Fantásticos. Las razones por las que Josh Trank ha decidido saltarse el espíritu del tebeo tanto como su letra quedará oculta a los ojos de los aficionados, pero es evidente que su objetivo ha sido alejarse de los preceptos del cómic para ofrecer algo completamente diferente.
Quizá eso sea lo que algunos creadores entienden hoy en día por adaptar, pero eso acaba resultando en desbarajustes internos tan desagradables como los que contiene Cuatro Fantásticos. Que nadie busque el drama de Ben Grimm, corazón de los 4 Fantásticos, porque no lo hay, es un personaje completamente ninguneado en la película. Que nadie busque la culpabilidad primigenia en Reed Richards, porque el intento de acercarse a la versión Ultimate ha terminado en un personaje plano y, probablemente, el que más paga el extraño salto que se produce mediada la película. Que nadie piense en Susan Storm como el nexo de esta singular familia de superhéroes, porque no se establece una relación verosímil con ninguno de los otros miembros del cuarteto. Y por supuesto que nadie intente entender las razones por las que Johnny Storm es negro, porque como tantas otras cosas de las que separan a la película del cómic (que no haya uniformes de grupo, que la Cosa no lleve pantalones…) no es más que una frivolidad que encuentra una pobrísima justificación en uno de los peores diálogos de la película, forzados en muchas ocasiones y auténticos clichés de serie B casi siempre. Y no hablemos ya de este extrañísimo Doctor Muerte, un fracaso absoluto de diseño que se queda francamente lejos de hacer justicia al mejor villano de Marvel y uno de los grandes personajes de la ficción popular del siglo XX.
La película tiene dos partes. La primera es la historia de origen, por lo visto inevitable si se quiere hacer un filme de superhéroes. Es interesante, es donde se concentran las mejores ideas de la cinta, pero es demasiado larga, más teniendo en cuenta que todo el filme, que maneja una gran cantidad de elementos y de tiempos, apenas llega hasta los 100 minutos por obra y gracia del enfrentamiento entre Josh Trank y Fox. La segunda parte del filme es el desbarajuste palomitero, que más allá de desperdiciar completamente a un excepcional villano como el Doctor Muerte, que queda como un tristísimo personaje que quiere destruir mundos por simples rabietas, proporciona el acostumbrado festival de efectos visuales que entretendrá a más de uno. Todo muy simple y muy plano, pero como en tantas otras películas de este corte. Lo que se puede achacar a Trank y a su equipo no está precisamente ahí, porque hay que insistir en que la película ofrece un mínimo entretenimiento que se contrapone al vapuleo salvaje que ha sufrido. Pero Trank ha planteado mal la película desde el principio, y eso se ve en lo que ofrece y en lo que le falta. No ha entendido a los 4 Fantásticos y no ha hecho una película sobre ellos. Y eso, incluso aunque Fox le hubiera respetado ese montaje superior a las dos horas del que habló durante la producción, se habría notado igualmente y habría dejado la misma insatisfacción en el público.
Es verdad que la película prometía un tono más oscuro de lo que ofrecían los dos espectáculos juveniles de Tim Story, que por malas que fueran y de hecho lo son entendían mucho mejor a los personajes. Pero eso también se queda en el camino. Cuatro Fantásticos no es una película madura sobre superhéroes sino un clarísimo querer y no poder. Quiere, incluso deja por el camino algún momento interesante, y una batalla final que fuera de contexto hasta puede ser resultona. Pero la película fracasa desde su concepción. Hay en el guión un pobre intento de darle la cohesión familiar que requieren los personajes y hay una torpeza inmensa a la hora de cambiar detalles de forma innecesaria. Pero todo esto, que también se enfoca en el trabajo de adaptación del cómic que no todos los espectadores están obligados a conocer, no puede ocultar que el filme no es un desastre. Puede que incluso en ese montaje que el choque entre Trank y Fox no nos dejará ver nunca haga algo más de justicia a las intenciones iniciales, e incluso que llegara a contentar al aficionado. Pero, por desgracia, el filme confirma con el resultado final todos los malos presagios que había desde hace tiempo. No tiene suerte la Primera Familia de Marvel, que tendrá que seguir esperando a que alguien que entienda a los personajes y tenga talento cinematográfico se ponga al frente de la gran película en potencia que hay detrás de tantos y tantos cómics.
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