CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘Watchmen’, de Zack Snyder

watchmen_poster_spain_lowTítulo original: Watchmen.

Director: Zack Snyder.

Reparto: Patrick Wilson, Malin Akerman, Billy Crudup, Matthew Goode, Carla Gugino, Jackie Earle Haley, Jeffrey Dean Morgan.

Guión: David Hayter y Alex Tse.

Música: Tyler Bates.

Duración: 162 minutos.

Distribuidora: Warner.

Estreno: 6 de marzo de 2009 (Estados Unidos y España).

Sólo con ver a Malin Akerman descendiendo las escaleras vistiendo por primera vez el traje de Espectro de Seda, al Doctor Manhattan interpretado por Billy Crudup formándose en el aire tras su accidente o a Jackie Earle Hayley portando la máscara de Rorschach ya podemos darnos cuenta de que Watchmen, la película, es la obra de un fan del cómic en que se basa (aquí, su reseña). Zack Snyder lo es. Se siente en cada momento de una película que durante años tuvo el halo de imposible, triunfo indudable de Alan Moore, el genial autor de cómics que reniega por completo de Hollywood y que nunca quiso que su gran obra fuera llevada al cine, hasta el punto de que convenció a Terry Gilliam de que no se podía hacer. Y esa afirmación es cierta sólo parcialmente. Watchmen es una narración tan anclada a las posibilidades del cómic como medio que, efectivamente, es imposible de trasladar al cine de la misma manera. Pero la palabra clave, como en tantas otras ocasiones, es adaptar. ¿Qué hay en Watchmen que no se pueda contar en movimiento? Mal que le pese al genial Moore, absolutamente nada. Snyder consiguió que Watchmen cobrara vida en una película ambiciosa y que, efectivamente, está hecha por un fan. Puede que por esa misma condición haya cosas que se queden por el camino para un espectador que no haya leído el tebeo de Moore, pero no se puede negar la valentía y el acierto que hay en el filme.

Una vez rotas las ataduras narrativas y secuenciales del cómic, al que a pesar de todo venera con una lealtad casi apabullante (a pesar de que no, no hay pulpo, y los aficionados del cómic sabrán qué significa eso… y probablemente también la imposibilidad, ahí sí, de llevar eso a la gran pantalla), y asimilando que el éxito de la película no puede venir por el mismo lado que el del tebeo, Watchmen es aún más disfrutable. Snyder monta un grandísimo espectáculo en todos los sentidos, en su épica y en su duración muy cercana a las tres horas, que mezcla el toque contemporáneo de sus cámaras lentas y los matices trucados de color que impone a cada una de sus películas con un claro sabor añejo al que colaboran tanto la ingenuidad de los trajes (de los Minutemen primero y de los vigilantes del título después) y, sobre todo, la selección musical, que interviene en algunas de las mejores escenas de la película (como pueden ser los créditos al son de Bob Dylan y su Times are a-changin o la del cementerio con Simon & Garfunkel y su formidable The Sound of Silence). Pero lo que impone de Watchmen sigue siendo su historia, desafiante, atrevida y valiente en grado sumo, y eso, por muchos cambios narrativos que pueda producir el salto del cómic al cine, sigue ahí, dispuesta a fascinar a cualquiera que se ponga por delante.

Snyder respeta esos logros y cuenta una historia con mucha coherencia. También con muchas menos capas que en el cómic, algo que sí resultaba imposible de imitar (y por eso se caen tramas como la de los corsarios, que en su momento se pensó hacer como segmentos animados y que al final se quedaron en un cortometraje que se comercializó aparte). Los aciertos hay que buscarlos en un uso del tiempo y del espacio muy bien medido y en el carisma que sí desprenden los personajes. Quizá lo más debatible del casting sea el trabajo de Matthew Good como Ozymandias, y por cuestiones que no sólo atañen al actor (que su traje sea un guió tan directo a la estética de los Batman de Joel Schumacher es un chiste privado de Snyder más que sugerente), y sin duda el gran triunfador es Jackie Earle Haley como Rorschach, primero con un sensacional trabajo de voz que, por supuesto, se pierde en la versión doblada, pero también con su lenguaje corporal y después, ya sin máscara, con una contención emocional brillante. Patrick Wilson, Búho Nocturno, aceptó el reto, implícito en la misma Watchmen de viñetas, de dar vida a un superhéroe sin tener el físico más tradicional, Malin Akerman superó el estigma sexualizado que acompaña a las heroínas para ser algo más, Billy Crudup asimiló los efectos visuales de una forma hierática y brillante y Jeffrey Dean Morgan, el Comediante, es el enlace perfecto de todos los estadios del filme.

Snyder supo asumir que su Watchmen no podría jamas tener el mismo impacto que el Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons (a veces se comete el injusto olvido de considerar el cómic obra de Moore, cuando Gibbons tuvo tanto que decir como él), y jugó muy bien sus bazas. Supo escoger lo que le servía y condensarlo de forma que en la película esté toda la información necesaria para disfrutar de esta destrucción del superhéroe y hacerla accesible a públicos distintos, tanto a los conocedores del cómic como a los que buscan escapismo en la gran pantalla. Watchmen, la película, funciona porque su ritmo es intenso, porque su misterio es interesante y porque sus personajes son atractivos. Gracias a todo eso es fácil olvidarse del reloj y dejarse llevar dentro del universo del filme durante sus casi tres horas. Antes de ver la película era previsible que visualmente cumpliera (más que cumplir, impresiona a muchos niveles), incluso aunque algún debate de entonces se quisiera desviar al desnudo frontal del Doctor Manhattan como si eso fuera lo que realmente importa en una película, pero Watchmen es más que un carísimo efecto especial. Aunque con sus defectos, inevitables en una empresa tan osada, es mejor película de lo que probablemente se le ha reconocido a un Snyder que cuenta con demasiados detractores sin que en realidad haya tanto motivo. Watchmen, desde luego, no es un motivo.

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