Guión: Charles Soule.
Dibujo: Alberto Jiménez Alburquerque.
Páginas: 160.
Precio: 17,50 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Julio 2015.
La ciencia ficción siempre ha fascinado. La eterna pregunta de si estamos solos en el universo ha sido la base de incontables obras de todo tipo, y seguirá siéndolo al menos mientras no tengamos una contestación científica a ese enigma. Pero lo curioso de La carta 44 está en que su faceta política alcanza el mismo nivel de fascinación. Lo que sucede en los despachos, eso que durante tanto tiempo se ha considerado aburrido y que servía de premisa a libros y películas de un alcance pretendidamente mayor, ha llegado ya con fuerza a la ficción más popular y accesible, e incluso ha conseguido que productos como el cómic, todavía por desgracia menores para tanta gente, abracen esas escenas como un elemento más para entretener y hacer pensar. Lo que Charles Soule hace en La carta 44 con dibujo de Alberto Jiménez Alburquerque es fusionar esos dos terrenos desde una óptica tremendamente humana y realista, encadenando una narración doble a la que es difícil encontrar fisuras y que va enganchando más y más según van pasando las páginas. Engancha la forma en la que el nuevo presidente norteamericano, Stephen Blades, descubre que hay una misión espacial en marcha para estudiar una presencia alienígena desconocida en los confines del Sistema Solar, y engancha la vivencia de los nueve tripulantes de esa nave, por lo que tiene de ciencia ficción pero también, y quizá sobre todo, por lo que tiene de humana.
Puestos a emparentar La carta 44 con obras anteriores, es fácil pensar en Los proyectos Manhattan (aquí, reseña de su primer número) incluso aunque no tenga el mismo tono de locura, pero no es posible resistirse a la comparación con lo que autores como Brian K. Vaughan o Rick Remender han sido capaces de hacer cuando se han acercado al género. Aún así, Soule se las arregla para que haya algo personal e intrasferible en su serie. Y la razón hay que buscarla en la política. Y más concretamente en el punto en el que arranca la serie, primer gran acierto del escritor. Luego hay que ser muy bueno, y Soule lo es, para combinar con tanto acierto esa narración en paralelo, porque cada suceso en el entorno del Despacho Oval va encajando con maestría en cada uno de los que acontece en el espacio exterior o en el interior de la Clarke, emotivo nombre de la nave para cualquier buen aficionado a la ciencia ficción, como evidentemente demuestra ser el propio Soule. Más mérito tiene el guión si tenemos en cuenta que casi todo lo que va sucediendo está abrazado a misterios mayores. La parte de ciencia ficción tiene todavía mil cuestiones que aclarar, pero los movimientos políticos del presidente Blades y los de sus enemigos políticos no se quedan atrás. En ese sentido, y por paradójico que parezca dado su escenario de fantasía, no podría ser una serie más realista.
Es ahí donde encaja francamente bien el dibujo de Alberto Jiménez Alburquerque. Quizá en algún momento sus personajes sean algo estáticos, pero en general su trabajo es francamente bueno, notable en su puesta de escena (la que le lleva a dibujar con enorme carisma una escena sexual en el espacio, a diseñar naves humanas realistas o entornos alienígenas impresionantes, o a conseguir de los momentos de mayor intensidad una muy apreciable respuesta en los rostros de los protagonistas. No es La carta 44 una serie con demasiada acción, y sin embargo la espectacularidad está también entre las virtudes del ilustrador español, que aprovecha esos momentos o incluso los contados alivios cómicos que hay en la historia, para dar rienda suelta a sus lápices y animar una serie que podría haber tenido un tono quizá demasiado grave y que con su dibujo contribuye a encontrar el equilibrio más adecuado. La carta 44 es una de esas series que engancha por el fondo y por la forma, una serie de la que no es nada fácil escapar una vez que ha planteado sus misterios, los mayores y los menores, y una serie de esas que, por miles de razones, incita a seguir leyendo. El arranque, desde luego, es modélico. Y si Soule y Jiménez Alburquerque son capaces de seguir convenciendo de esta manera, desde luego estaremos ante una de esas series que merecen un hueco en la memoria contemporánea del lector de cómics.
El volumen incluye los seis primeros números de Letter 44, publicados originalmente por Oni Press entre octubre de 2013 y abril de 2014. El contenido extra lo forman las portadas originales de Alberto Jiménez Alburquerque y unas fichas sobre los personajes.