Guión: Daniel Galantz.
Dibujo: Daniel Galantz.
Páginas: 132.
Precio: 14 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2015.
Hace algunos años, Pixar y Dreamworks se lanzaron a una curiosa carrera, bastante habitual en Hollywood, para estrenar una película sobre insectos. Así nacieron Bichos y Antz, dos películas que utilizaban a estos diminutos seres como base de una historia de humor. No es que Daniel Galantz se haya apoyado demasiado en ellas para hacer Pequeñas bestias, pero de alguna manera se pueden emparentar, ya que el autor uruguayo sí que se basa muy habitualmente en la cultura popular (la misma Bichos es el objeto de uno de sus chistes) para esta recopilación de tiras cómicas y relatos cortos que tienen como protagonistas a varios tipos de insectos. El resultado es una antología que, como cualquier otra, tiene una palpable irregularidad, algo que se nota todavía más al ser el humor su objetivo más básico debido a que no todos los lectores reaccionarán con una sonrisa ante los mismos temas. Pero hay que reconocer que se escapan muchas sonrisas leyendo este volumen. No siempre, y probablemente no hay chistes que logren esa unanimidad, pero hay bastante ingenio en muchas de las páginas de este libro. Eso es lo mínimo que se puede pedir a quien quiere hacer reír, porque su tarea es la más compleja de la creación literaria y artística, y por eso el tiempo que se pasa entre estas Pequeñas bestias se puede dar por bastante bien empleado.
Galantz apuesta por el gag, por la viñeta, por el humor más directo, y en ese terreno sabe manejarse bastante bien. Mosquitos, moscas, hormigas, libélulas, arañas y demás insectos son los protagonistas de estos chistes, y por lo general Galantz apuesta por el humor más claro, el más relacionado con los nombres, prácticas y formas de estos bichos. Aunque ahí hay bromas bastante acertadas, incluso algunas que abiertamente apuntan a reflexiones que trascienden el ámbito aparente de estas viñetas (como el gag de dos hormigas, una de ellas viviendo el interior de un hormiguero artificial y la otra en libertad, que creen que la otra es la que vive en una situación terrible), donde acaba sobresaliendo, donde más fácilmente capta la atención del lector, es utilizando la cultura popular. Star Wars, Spideman, los Beatles, El Señor de los Anillos, la Hormiga Atómica, Pac-Man, los Playmobil, Pinocho, incluso Mafalda, una influencia de la que el autor no sólo no reniega sino que incluso la homenajea introduciendo al inmortal personaje de Quino en una viñeta. Galantz consigue que la variedad de protagonistas juegue a su favor y le sirva para esquivar una monotonía en la que podría haber caído el volumen precisamente por la reiteración de la fórmula y el elevado números de pequeñas historias que compone el libro, pero no sucede y la simpatía prevalece de principio a fin.
Una de las armas esenciales para que Pequeñas bestias no aburra está en el carisma de sus protagonista. Galantz ofrece un trazo sencillo, claro, siempre en blanco y negro, con escenarios casi inexistentes, minimalistas para que sea el chiste lo que se entienda por encima de cualquier otra consideración. Este tipo de dibujo es bastante tradicional en la viñeta de humor, y este libro es una nueva demostración de por qué funciona tan bien. Galantz consigue que las sencillas formas de las que dota a todos sus insectos funcionen tanto para que los personajes sean reconocibles y divertidos como para que el chiste se entienda sin problemas. Como hay bastantes chistes que no se apoyan en el texto para lograr el efecto cómico, ahí se puede encontrar otro elemento que sirve para hablar bien del dibujo del autor. Pequeñas bestias es, así, uno de esos modestos entretenimientos que mezclan el buen humor, la cultura popular y el entretenimiento más desenfadado para que el lector pase un buen rato. Las referencias ya mencionadas de Disney y Pixar demostraron que los insectos pueden perfectamente sostener una historia de humor y Galantz capitaliza aquel éxito en su propio beneficio para ofrecer, con este primer libro suyo que se publica en castellano, una muestra de su capacidad para hacer reír.
El volumen no tiene contenido extra.