Guión: Zidrou.
Dibujo: Mai Egurza.
Páginas: 68.
Precio: 17 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2015.
No es tan extraño el tono de El paseo de los sueños en la bibliografía de Zidrou, aunque pueda parecerlo a priori y aunque hayan sido precisamente historias tan crudas como El cliente (aquí, su reseña) o Léo, Léa (aquí, su reseña) las que han impulsado la introducción de su trabajo en España. Esta obra no deja de ser un cuento, una pequeña fábula, aspecto que se acentúa con las excepcionales páginas con las que se abre cada uno de los cuatro capítulos del relato y que cada uno de ellos evocan precisamente una historia infantil clásica. Pero es un relato urbano y cercano, realista incluso en su envoltorio más fantástico y singular porque no se olvida en ningún momento de lo que lo importante está en lo que hacen, lo que sienten y lo que piensan sus protagonistas. El título ya apunta a un contenido onírico, aunque de una forma muy singular, porque Zidrou se acerca a un tipo, Napoleón Cavallo, que cada mañana se despierta dentro de la habitación de un joven de origen asiático, Linh Yu, a la que nunca había visto antes de sus paseos de los sueños, los que dan título al álbum. Y si a una historia que ya reúne tanto encanto, que se multiplica por los contenidos sociales, de relaciones y románticos que va añadiendo, se suman los deliciosos personajes creados por Mai Egurza en su primer cómic, el resultado no puede ser más atractivo. Modesto, si se quiere, pero francamente bonito.
Lo más curioso es que Zidrou sabe reinventarse a partir de dos conceptos francamente turbios que le sirven de base y que consigue aplicar admirablemente a una historia con tono de fábula. Por un lado, habla de una singular epidemia de sonambulismo que, por simpática que parezca y por bien que funcione en la comedia, no deja de ser una epidemia. Y por otro arranca la historia colocando a un hombre desconocido en el dormitorio de una mujer, lo que ya tiene unas implicaciones evidentemente perversas que el autor transforma primero en humorísticas y después en abiertamente románticas por medio de un proceso cargado de momentos simpáticos y de personajes muy atractivos (la vecina de Linh, el compañero de Napoleón, la niña que observa a los sonámbulos desde la ventana de su habitación) y que despiertan una empatía inmediata. Aunque es verdad que lo liviano, incluso a veces lo intrascendente, corre el riesgo de apoderarse de la historia en algún momento, lo cierto es que Zidrou acaba hilando un relato muy cercano. Y es que lo que va contando es lo más cotidiano. Habla de la soledad, de la intimidad, de sensaciones que se esconden en el día a día de las personas más normales y con las que el lector se puede relacionar sin problema, pero sabiendo jugar además con un entorno onírico puntual y con la magia que se le supone a las fábulas.
Hay autores que saben escoger perfectamente a sus dibujantes para que encajen en cada uno de sus proyectos, y Zidrou es uno de ellos. La elección de Mai Egurza para ilustrar El paseo de los sueños es acertadísima, porque la ilustradora guipuzcoana es sencillamente perfecta para esta obra. ¿Por qué? porque entiende las dos condiciones imprescindibles para disfrutar del álbum. Por un lado, y sin duda es el esencial, sus personajes son adorables, lo que permite que la conexión entre ellos y el lector sea inmediata, gracias al enorme realismo que desprenden en todos sus aspectos, desde sus formas alejadas de los cánones de belleza más actuales y que se ven más en las páginas de las revistas que en la calle hasta las expresiones faciales, siempre realistas cercanas. Y por otro lado, porque sabe darle ese tono fabulado que quiere Zidrou, esencialmente en las escenas oníricas pero ya incluso desde la forma difuminada que da a los contornos de las viñetas. Los dibujos de Mai Egurza hacen que sea tan bonito ver las páginas de El paseo de los sueños con los ojos muy abiertos como también teniéndolos entrecerrados para dejarse llevar por la magia que hay en el relato. Y sí, podrá ser un tebeo menor para quienes consideren que el cuento o la fantasía no pueden llegar a cotas tan elevadas como el drama, pero eso no le quita mérito a un álbum delicioso.
Les promeneurs sous la Lune, versión francesa de este álbum, lo publicó Rue de Sèvres al mismo tiempo que Norma en España. El volumen no tiene contenido extra.