CÓMIC PARA TODOS

‘Kimoi’, de Ángel

PORTADA_KIMOI-590x331Editorial: Diábolo.

Guión: Ángel.

Dibujo: Ángel.

Páginas: 110.

Precio: 15,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Mayo 2015.

Si en la contraportada del libro ya se explica que Kimoi es una palabra japonesa que utilizan los jóvenes para designar a lo «desagradable, extraño o repulsivo», uno ya se puede hacer a la idea de que el tebeo de Ángel no va a ser precisamente un cuento de hadas. Kimoi merece esos tres adjetivos de la definición, porque es exactamente lo que busca ser. Ángel, firma artística de Ángel Rodríguez Campoy, reúne una colección de tiras sexuales, escatológicas, turbias y desmadradas, sketches que buscan más un impacto que una carcajada aunque sus intenciones sean claramente cómicas. La idea es encontrar el lado más amable de las conductas, los personajes y las desviaciones más inquietantes que puedan salir de la imaginación. Así, en Kimoi hay niños que regalan a su tío unas auténticas braguitas usadas de colegiala japonesa, estrellas porno, squirting, sexo oral, un luchador de sumo orinando, un conejo con una erección o que orina sobre unos zapatos de plataforma, worming, robots de combate que dejan preñadas a sus ocupantes, inodoros con forma de boca gigante, personas con cabezas de perro o caballo, muñecas hinchables, un rollo de papel higiénico que huye de su trabajo o una chica que quiere follar con una hamburguesa gigante. Imaginar todo eso mezclado en pequeñas historias de entre una y cuatro páginas es la mejor definición posible de Kimoi.

En realidad, es un trabajo tan inclasificable que resulta difícil de evaluar. Ni el mayor entusiasmo ni la más furibunda crítica le hacen justicia, precisamente porque Kimoi es una obra incapaz de engañar. Es todo lo anterior y mucho más, por lo que la propuesta de Ángel está clara: lo que busca es tensar los límites de lo socialmente aceptable buscando la carcajada. En otras palabras, el éxito o el fracaso del tebeo no está en ningún otro sitio que no sea la mente de cada lector. Su humor es tan salvaje que casi parece imposible no reír en algún momento. Para saber si hay o no un disfrute real del libro, es obvio que hay que medir la frecuencia de esas risas. Sobra decir que Ángel no ha firmado un tebeo apto para todos los públicos, y probablemente a eso habría que añadir que habrá lectores que se sientan profundamente incómodos con la selección de temas del autor. Pero es igualmente evidente que si alguien compra un tebeo que se titular Kimoi, y leer esa definición de la contraportada, no puede haber decepción posible con su centenar de páginas. Lo que hay es un disfrute prohibido y singular, poco popular y muy extravagante, pero construido con bastante inteligencia, sin saturar, sin repetir y usando un pequeño grupo de personajes sin nombre que se repiten para darle unidad al libro.

Por encima de gustos temáticos, que al final es lo que hará que Kimoi sea leído o no, lo que hay que reconocer es que el estilo de dibujo de Ángel se adapta de una manera formidable a lo que muestra el libro. Su estilo es lo suficientemente caricaturesco y lo suficientemente realista como para que el lector tenga la sensación de estar viviendo algo irreal pero a la vez posible, con lo que lo más escatológico del libro no llega a ser abiertamente desagradable (y, por lo tanto, abre el camino a esa carcajada que busca) y lo sexual no llega a ser demasiado explícito (acompañando así a la caricatura de una forma, casi siempre, bastante más amable de lo que cabía pensar). El libro combina tiras en color con otras en blanco y negro, que son la mayoría, sin que haya demasiadas razones temáticas o editoriales para ello, con lo que parece simplemente una elección puntual para cada página sin mayor trascendencia. Más que un tebeo, Kimoi es una experiencia, y para que las experiencias se disfruten hay que estar dispuestos a vivirlas. Ángel marca unos límites muy claros en el libro ya desde su portada, con lo que cabe aventurar que quien de verdad quiera adentrarse en sus páginas acabará disfrutando de cada golpe de efecto que hay en sus tiras. La duda es si realmente hay tanta gente que acepte de buen grado un tebeo así, pero la valentía de hacer cosas diferentes, aunque sea para un público más reducido, también hay que saber apreciarla.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 21 julio, 2015 por en Ángel, Cómic, Diábolo y etiquetada con , .

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