CÓMIC PARA TODOS

Charla de Chus Hervás y Alberto Jiménez Alburquerque en ESDIP (9 de julio de 2015)

Sin título-2Aunque con algo de retraso, os contamos qué dio de sí la última charla del ciclo Cómic Laude del curso 2014-2015 en la ESDIP, organizado como siempre por el podcast Campamento Krypton, y última ocasión de disfrutar en vivo con profesionales del cómic que hablan a los estudiantes que, en breve, aspiran a encontrar su hueco en la industria del tebeo. Y para el cierre, no uno sino dos autores: Chus Hervás y Alberto Jiménez Alburquerque, que acaban de publicar en España dos de sus obras más recientes, Diluvio en el caso del primero y La carta 44 en el del segundo. La relación entre ambos, y ese fue el eje de la charla, está en que los dos simultanean su trabajo para editoriales francobelgas con su dibujo en cómics norteamericanos. Como dijo J. Lynnot, conductor del evento, lo normal es que un ilustrador arranque en uno de esos dos mercados para acabar en el otro, pero es muy raro encontrar dos autores que los compaginen, y además con muchísima calidad, por mucho que ambos hablaran con una enorme modestia de su trabajo. Para que sus explicaciones fueran lo más fluidas posible, la charla se dividió en dos bloques. Primero fue Hervás quien explicó su trayectoria a los asistentes y después fue Jiménez Alburquerque, aunque todos ellos, y también Kenny Ruiz, profesor de la ESDIP, intervinieron en la conferencia, convirtiéndola en un muy ameno y educativo coloquio que ayuda a conocer las diferencias entre esos dos mercados desde la perspectiva del creador.

«Soy un caso atípico, porque yo a los 25 años no tenía ninguna perspectiva de ser dibujante de tebeos», comenzó diciendo Hervás. De hecho, él es ingeniero forestal y tenía trabajo en su campo cuando su vida cambió. «A mi novia le sale un curro en Barcelona, tengo que dejar mi trabajo y empezar de nuevo allí», explicó. Así decide probar suerte con los cómics y se matricula en la escuela Joso. Allí conoce a dos profesores «muy importantes» para su formación, Francis Portela y Diego Olmos, que son quienes le dan la primera lección: «para ser dibujante de tebeos lo principal es la motivación». Todavía estudiando allí, comienza a trabajar como asistente de Portela. Una vez que aprendió con él lo que era «currar día a día», el «paso natural era ir a Angouleme». Fue en una primera ocasión pero no habló con los editores. «Me acojoné», confesó. Pero al año siguiente ya se lanzó porque «el tiempo iba corriendo en mi contra, era mayor que la gente que estaba en mi situación». «Me cayeron hostias por todos los lados, fue muy deprimente. Yo tenía la impresión de que se cebaban conmigo, y no era así. Esto es otra cosa bastante importante, saber gestionar las críticas», explicó.

Hervás reconoció el error de llegar a Angouleme sin una carpeta en condiciones para Estados Unidos o un proyecto para Francia, «que es lo que hay que hacer». Así que su apuesta fue «coger el paro que tenía, siete u ocho meses», e intentar abrirse camino de verdad en el mundo del cómic. Y lo hizo creando un proyecto para Francia. «Aunque me lo hubieran aprobado, no lo podía hacer. Me inventé una sinopsis bastante ridícula», explicó. Pero consiguió llamar la atención de Soleil con sus páginas. Lo curioso es que había llevado muestras en color y a lápiz quemado y lo que Soleil le ofreció fue un álbum en blanco y negro y tinta. Su segundo trabajo en Francia es la obra que acaba de salir en España, Diluvio, ya en color. Y sobre eso, Hervás advierte a los futuros dibujantes: «El color os va a horripilar siempre, porque los coloristas, sean mejores o sean peores, no son adivinos y no saben lo que tenéis en la cabeza. Con las páginas, cuando las veo por primera vez, siempre me horripilan y pienso que se han cargado mi trabajo y cuando pasa el tiempo pienso que ni mi trabajo era tan cojonudo ni el color era tan malo».

A pesar del brutal detallismo de sus páginas, Hervás aseguro que le resulta «especialmente difícil darle espectacularidad a un álbum francés», «porque meten muchas viñetas, demasiada información» y además tienes que «ser sobrio». Confesó que es muy lento haciendo las páginas de los álbumes franceses, y ahí está la causa de que haya apostado por el dibujo digital. «Pero se pierden cosas», dijo: «Yo todavía no he encontrado la forma con Manga Studio o con Photoshop de hacer un pincel seco que me cuele a mí». Mientras trabaja para Francia, es cuando le sale el trabajo para Estados Unidos. «Yo tenía una cuenta en Deviantart, que tenía muy descuidada, no ponía casi nada, pero por medio de eso un editor de Boom! se puso en contacto conmigo», explicó. Y así comenzó haciendo Hellraiser, y después Sons of Anarchy. «El trabajo es distinto, hay mucho menos detalle y jugar mucho más con la tinta. El planteamiento que yo tenía de coger páginas de esta gente, y más haciéndolo simultáneo con lo de Francia, era no pillar los dedos y ya aprovechar para coger un estilo que me gustara a mí más. No me interesaba hacer un estilo de superhéroes, pero este tipo de cosas con tinta y mucho negro a mí sí me gustaba», explicó, concluyendo con que siempre acaba más satisfecho del trabajo que hace para Estados Unidos por la rapidez con la que tiene que hacerlo.

Sin título-1Jiménez Alburquerque es el caso opuesto al de Hervás. «Tenía muy claro que quería dibujar cómics desde que tenía ocho años, desde que empecé a leer Conan y La Patrulla-X. De hecho, no quería ni acabar el instituto, mis padres me obligaron y ahí tenían razón», explicó. La ESDIP fue precisamente su primera escuela, pero en el segundo año del curso que escogió le quitaron la asignatura de cómic y cambió de centro. Su entrada en el mundo profesional fue gracias a Roque González, «guionista excelso», con el que trabajó en un proyecto que, por diversos contactos, acabó llegando y convenciendo a Paquet. «Con 22 años había firmado mi primer contrato profesional y estaba trabajando en mi primer álbum a la vez que estudiaba filología inglesa, que empecé a estudiar porque tenía tiempo libre y por tener un plan B por si acaso», dijo. En 2005 Angouleme se convirtió en su primer festival. «Estuvimos allí firmando ocho horas diarias en el stand de Paquet comiendo bocadillos de jamón. Tú eres un desconocido, nadie te conoce porque es tu primer álbum, te crees que no vas a tener gente para firmar  y vas a estar todo el día de brazos cruzados pero Angouleme es tan sumamente grande que hay para todos, hasta para mí», recordó. Y así hiló con uno de los grandes peligros de la industria: «Que sepáis que os pueden engañar como me engañaron a mí, que el tercer tomo no me lo pagaron, decían que por contrato estaba sujeto a las ventas de los tomos anteriores. Cosas que pasan cuando eres joven y no sabes de qué va la historia».

Pero al menos la experiencia con Paquet le sirvió para conocer más festivales. «Siempre la carpeta bajo el brazo, da igual el nivel que tengas», aconseja el ilustrador, como también que todos los aspirantes a dibujante pierdan la vergüenza de enseñarlo. «Porque al final tú se lo enseñas a tu colega de mesa y te va a decir ‘joder, tío, qué guapo’, se lo enseñas a tu madre y te va a decir ‘hijo, muy bien, lo que estoy pagando de escuela está sirviendo para mucho’, pero es lo que decía Chus antes, cuando se lo presentas a un editor, ni es tu colega, ni es tu madre, ni es tu amigo y te va a decir ‘esto sí, esto no’, y de ahí es de donde sí tenéis que aprender. haciendo eso, llegó a Soleil, que le ofreció trabajo, una serie de dos números, un número 2 de una serie con la que tuvo que cambiar el estilo y su primer gran trabajo, Ella (aquí, su reseña). Era la historia de una diosa africana de tal belleza que podía volver loco a quien contemplara su rostro, basado en una clásica novela de aventuras. «A mí me mola más Conan, me mola más ese rollo y me lo intentaba llevar más a mi terreno», explico, hilando con los muchos problemas que tuvo con la portada. «Para el tomo 1 creo que llegué a hacer como diez o doce bocetos y no les gustó ninguno», dijo, hasta que fue el editor quien le indicó que quería «que apareciera Ella en unas escaleras con unas columnas y una pantera, cuando Ella en el primer tomo no aparece, las panteras tampoco y lo de las columnas tampoco…».

«El cómic americano te permite jugar mucho más con la espectacularidad y el cómic francés al final te corta un poco las alas», explicó. Y sin embargo aún no ha conseguido una serie de su total gusto, ni siquiera en el mercado amerciano. «Yo quería hacer comic-book porque me molan los superhéroes, yo quería hacer Lobezno y La Patrulla-X, pero me dan una serie de corbatas y trajes…», dijo riéndose. Y esa serie es La carta 44, escrita por Charles Soule, un guionista al que afirmaba desconocer cuando le llegó el encargo («yo al final no sigo series, sigo dibujantes, está mal decirlo pero compro los tebeos por el dibujo, señores…»), pero que «es tan bueno que me manda arcos completos de guión, para que yo pueda leer la historia completar, saber dónde va, saber qué va a psar en cada momento del arco para poder tratar a los personajes de forma adecuada y si tengo alguna idea aportar lo que buenamente pueda». Ese trabajo para Oni Press también le salió por llevar su carpeta a un festival. Jiménez Alburquerque explicó que «a mí todo el curro que me ha salido ha sido por estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado, y por asaltar a los editores sin pudor alguno». Y antes de hablar del próximo proyecto que tiene con Paul Tobin, sentenció que «para ser mileurista trabajando en una oficina, en un colegio o en un McDonalds, prefiero ser mileurista dibujando tebeos, aunque sea dibujando tebeos que no te gustan», porque «hacer cosas que no te gusta, curte, aprendes cosas y trucos».

Podéis escuchar el audio de la charla dividido en dos enlaces, el primero para la parte de Chus Hervás y el segundo para la de Alberto Jiménez Alburquerque.

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Esta entrada fue publicada en 21 julio, 2015 por en Alberto Jiménez Albuquerque, ESDIP, Jesús Hervás, Noticias y etiquetada con , , .

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