Título original: Star Wars: Clone Wars. Volume 2.
Director: Genndy Tartakovsky.
Reparto: Matt Lucas, James Arnold Taylor, Tom Kane, Grey DeLisle, Anthony Daniels, Corey Burton, Richars McGonagle, Nick Jameson.
Guión: Genndy Tartakovsky, Bryan Andrews, Darrick Bachman y Paul Rudish.
Música: John Williams, James L. Venable y Paul Dinletir.
Duración: 61 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 21 de marzo de 2005 (Estados Unidos).
Con el éxito indudable de la visión de Star Wars que plasmó Genndy Tartakovsky en Clone Wars (aquí, su crítica), era más que evidente que habría una continuación. Pero, y aquí es donde está la clave de su triunfo, convenciendo a George Lucas para que el segundo volumen tuviera una vinculación todavía más estrecha con el universo cinematográfica y, concretamente, con la última película de la saga estrenada hasta la fecha, La venganza de los Sith. Esta segunda etapa de Clone Wars sería un enlace directo con el comienzo del Episodio III y el único tema que LucasFilm pidió dejar fuera de esta versión animada, la historia de amor entre Anakin y Padme, tendría aquí un protagonismo importante. Si en el primer volumen de Clone Wars Tartakovsky firmó una serie valiente y extraordinaria, los mismos elogios pueden aplicarse a esta segunda parte, que pule las limitaciones de la animación que sí se vieron en la primera para ofrecer un espectáculo visualmente estimulante de principio a fin y un complemento no sólo importante sino incluso esencial para los aficionados a este universo de fantasía. A diferencia del volumen 1, este segundo se estructura en episodios más largos, de entre doce y quince minutos, y está más pensando para ser visto de una vez, como el largometraje de 61 minutos que resulta.
Hay en Clone Wars una fusión espléndida entre fondo y forma. Es Star Wars por lo que se, pero también por lo que se cuenta. La historia es esencial para que esta atípica serie funcione, pero es su aspecto lo que al final le da un carácter único e intransferible. Tartakovsky mantiene la premisa del primer volumen, la de que los detalles sean esenciales para que el fan de Star Wars salga satisfecho y feliz de la experiencia, pero a eso se suma la voluntad de que esta parte de Clone Wars sea enlace directo con La venganza de los Sith. Así, se podría dividir este segundo volumen en cuatro grandes segmentos. Por un lado, cierra la historia que quedó inconclusa en los primeros veinte episodios, el combate entre Grievous y el grupo de Jedi liderado por Ki-Adi Mundi. De ahí se salta a Anakin, a su relación secreta con Padme y a la forma en la que el Consejo Jedi le sigue percibiendo, como el elegido de la profecía pero con recelo por su carácter. Anakin también protagoniza una tercera trama, que además de profundizar en sus miedos y en posterior caída en el Lado Oscuro, sirve como la parte final de su adiestramiento como Jedi y para mostrar una relación con Obi-Wan casi de hermanos, ya no de maestro y padawan. Y, finalmente, y este es el vínculo más directo con La venganza de los Sith, con la batalla de Coruscant, que sirve de tapadera al intento de Grievous de secuestrar al canciller Palpatine.
La mezcla entre animación tradicional y efectos por ordenador funciona incluso mejor que en el primer volumen. La velocidad que tienen las imágenes y los movimientos de los personajes es espléndida y está completamente al servicio de la historia. Funciona especialmente con los Jedi y con las naves espaciales, que viéndose de esta forma consiguen que las batallas sean todavía más trepidantes de lo que son en el guión. Y Tartakovsky muestra un gran conocimiento de la saga con esos pequeños detalles que no dejan de ser más que sueños de aficionado hechos realidad. Ver la ceremonia de proclamación de Anakin, a Yoda repeliendo parte de la ofensiva droide sobre Coruscant con su uso de la Fuerza, a Mace Windu cabalgando sobre una nave droide, a Grievous y sus guardaespaldas luchando contra un grupo de Jedi o incluso la visión de Anakin que anticipa su futuro son pequeños momentos que no sólo hacen crecer la historia concreta de Clone Wars, sino la mitología general de Star Wars. Es verdad que la necesidad de hilar estos acontecimientos con los el Episodio III limita las posibilidades que se habían explorado con más variedad en el primer volumen de Clone Wars, pero el resultado es igual de satisfactorio, sobre todo por el endiablado ritmo que cobra la historia en la parte final, con ese montaje paralelo tan característico de la saga entre los dos escenarios principales.
Tan bien entiende Tartakovsky Star Wars que en este segundo volumen de Clone Wars, sin perder un ápice de sus virtudes originales, se permite incluir dos elementos más que faltaban en el primero y que siempre han formado parte de la saga. Por un lado, el humor (la forma en la que Obi-Wan sufre en el asedio que lidera junto a Anakin). Por otro, el gusto por las culturas tribales nuevas (la del planeta Nelvaan, que lleva a Anakin a luchar con las marcas de sus habitantes), ya que hasta ahora había mostrado especialmente razas y planetas ya conocidos en la mitología de Star Wars. Viendo el extraordinario resultado también de esta segunda parte, el único pero que se le puede encontrar a esta versión de Star Wars, y más que un pero es un pesar, es su escasa duración final. Que tanta genialidad como se despliega en la pantalla no haya dado más que para algo más de dos horas de animación es lo que más se puede lamentar de esta visión, que sigue siendo la mejor que se ha hecho para la pequeña pantalla y que, como se dijo con el primer volumen, ha recibido menos crédito del que merece y sigue siendo la joya desconocida de este universo. El hecho de enlazar directamente con el último filme dirigido por Lucas lo convierte en algo todavía más imprescindible. Una auténtica maravilla.