CÓMIC PARA TODOS

‘El corazón de las tinieblas’, de Stéphane Miquel y Loïc Godart

01203451801_gEditorial: Norma.

Guión: Stéphane Miquel.

Dibujo: Loïc Godart.

Páginas: 104.

Precio: 21 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2015.

Es difícil cuestionar el poder sugestivo y magnético que tiene una obra como El corazón de las tinieblas. Joseph Conrad escribió una novela que mucha gente descubrió a través de la singular y extraordinaria adaptación cinematográfica que hizo Francis Ford Coppola en Apocalypse Now, y por eso sigue habiendo tanta gente que, sin leer a Conrad, se sorprende al comprobar que la acción, las búsqueda de Kurtz, no se produce en Vietnam sino en el corazón de África. Esa es la riqueza de la obra, que permite encontrar siempre caminos nuevos en su interior. Eso es lo que hacen Stéphane Miquel y Loïc Godart en esta adaptación que ya se proclama libre desde su propia cubierta y que si despunta por algo es precisamente por mostrar el lado más pesadillesco del viaje de Marlow al continente negro es busca en realidad de su propia alma. De alguna manera, Miquel y Godart han creado un complemento a la extraordinaria Kongo. El tenebroso viaje de Józef Teodor Konrad Korzeniowski (aquí, su reseña), de Christian Perrisin y Tom Tirabosco, porque supone una aproximación a este asombroso periplo desde los dos puntos de vista posibles, el del autor y el del personaje, el del escritor en la vida real y el que hizo el trasunto que Conrad creó de sí mismo para contraponerle a la inmensa figura de Kurtz, que Miquel y Godart convierten en una presencia ominosa más que en un personaje.

Quizá la gran sorpresa de esta versión, para bien y para mal, radica en el propio Kurtz. Nunca fue el protagonista del relato de Conrad, a pesar de que pueda indicar lo contrario la inabarcable presencia de Marlon Brando en la mencionada Apocalypse Now (y a la que el cerebro lleva de forma instantánea cuando resuenan el impresionante momento en que se dice aquello de «¡El horror! ¡El horror!»), pero probablemente nunca tuvo menos presencia que en este salto de la novela al cómic. Sí tiene influencia, constante sobre el personaje de Marlow, hasta el punto de que el mayor hallazgo del guión de Miquel está en el establecimiento final de una fusión de hecho entre ambos, no sólo intelectual sino también de apariencia. Y por eso tiene tanta importancia ese aspecto de sueño turbio que tiene la novela gráfica, algo que se siente y mucho en su aspecto, pero sobre todo en su narración. Miquel hace que haya un sufrimiento constante, inagotable. El de Marlow es un viaje angustioso, y no le hacen falta escenas demasiado largas para que esa sea la sensación fundamental de esta versión de El corazón de las tinieblas. No hay aventura, al menos no en un sentido clásico y a pesar de que el escenario es perfecto para ello. Hay, y es ahí donde esta historia atrapa al lector con tanta facilidad, una brillante introspección. No importan el lugar o el momento, sino el alma de Marlow.

Godart refleja esas pretensiones con un dibujo tan inquietante como la misma historia que narra. Si el relato tenía que ser el de una pesadilla, un dibujo acorde se antojaba fundamental. Sin llegar a desdeñarlo del todo y gracias a eso anclando la historia en un escenario verosímil, Godart no busca realismo, sino precisamente todo lo contrario, una tergiversación onírica que apele a las sensaciones más siniestras que el cuadro real le permita. Y África para eso es tan perfecta como el bitono con el que se suceden las páginas, sólo roto por un cambio de tonalidad cuando la narración salta al presente, en otro artificio brillante que contribuye a que el viaje de Marlow sea todavía más oscuro. La riqueza de El corazón de las tinieblas es inmensa, y Miquel y Godart han encontrado una vía para conseguir que la historia, aún siendo conocida, ofrezca al lector retos suficientes como para que el interés no decaiga. No es una lectura fácil, precisamente porque el texto de Conrad que le sirve de referencia no lo es, pero eso mismo es lo que hace que llegar al final sea tan satisfactorio, aunque en realidad no es un final sino, como dicen sus autores, una incitación a seguir leyendo. El propio Conrad y la mencionada Kongo son dos caminos espléndidos para seguir esa vía.

Soleil publicó originalmente Au coeur des ténèbres en marzo de 2014. El único contenido extra es un pequeño portafolio de cinco páginas con notas e ilustraciones de los autores.

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