Guión: Charles Soule.
Dibujo: Javier Pulido.
Páginas: 144.
Precio: 13,50 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2015.
Si el arranque de Hulka (aquí, reseña del primer volumen) dejaba algunas dudas sobre la calidad de una serie que sí lograba con creces el nivel de entretenimiento requerido, este segundo supone una mejora en toda regla. No es sólo Charles Soule parezca reconducir aquello que en el anterior volumen no terminaba de funcionar, sino que incluso escribe aquí una de esas historias que está llamada a convertirse en un pequeño clásico, Los viejos tiempos, en la que Steve Rogers es juzgado, es Jennifer Walters quien tiene que defenderle y otro conocido abogado del universo Marvel es quien lleva las riendas de la acusación. Esa historia vale por toda una serie, y es el mejor argumento para lamentar que con este segundo volumen se ponga punto final momentáneo a la serie de Hulka. Dice Soule en este mismo volumen que esta era la historia que quería contar, que de momento no hay más, que este era el final que había imaginado para este periplo de un año de duración. Y ahora, también gracias al enorme acierto de un inspirado Javier Pulido al dibujo, se puede decir con claridad que es una pena que Hulka no vaya a seguir adelante, porque el camino que había marcado era uno sobresaliente en muchos aspectos, y más teniendo en cuenta que la prima de Hulk no es un personaje fácil de escribir o que haya cosechado éxito con facilidad desde que John Byrne la colocara en la primera línea de Marvel.
Soule demuestra que maneja a Hulka igualmente bien en su entorno más superheroico, en un primer número en el que con la ayuda del Hombre Hormiga y Gata Infernal la heroína verdosa afronta una amenaza en miniatura o con los dos últimos, el enfrentamiento con Titania (algo que, de una forma hilarante, se ha convertido en algo recuerrente) o con Vigilante Nocturno, que en la vida de Jen como abogada. Pero, claro, si en este segundo elemento es cuando se escribe la mejor historia de la serie, y una de las mejores del personaje, la balanza se decanta claramente hacia ese lado. Los viejos tiempos es una maravilla que Soule escribe con una precisión milimétrica, en la que no sólo describe a su protagonista a la perfección, sino también lo que supone ser el Capitán América. No es fácil a estas alturas seguir descubriendo historias que hablen de la esencia más pura de personajes con tantas versiones y reinterpretaciones, pero lo que hace el autor con Steve Rogers es formidable. Y logrando además que la historia tenga a Hulka como auténtico eje, midiendo su capacidad como abogada frente a un rival de enorme nivel y probando su propia autoestima cuando sus poderes no le sirven para salir de problemas, lo que supone una dificultad añadida para el autor. Humor, drama y aventura se mezclan en las dosis perfectas.
Y eso mismo es lo que hace Javier Pulido en el dibujo, aportar las dosis necesarias de cada uno de esos elementos. Y lo hace desde un tipo de dibujo sencillo, casi tendente a la caricatura y a una simplificación de formas que, de alguna manera, le sienta francamente a una serie de fachada desenfadada como esta. Pulido, que ya era el responsable de los mejores números del primer volumen, se ocupa aquí de la totalidad de las páginas, aportando eso que ahora parece tan infravalorado por las grandes editoriales norteamericanas: identidad propia. Hulka, esta Hulka al menos, es tal y como la dibuja Pulido. Lo que parece increíble es que, sacando tanto de su forma de dibujar, Pulido fuera reemplazado por un autor tan distinto a él como es Ron Wimberly, porque de golpe sus números se olvidan por completo y la sensación de que es Pulido quien ha dibujado toda la serie se impone por lo bien que resuelve todas las situaciones. Su forma de divertir con las peleas y la acción es fantástica, pero no lo es menos la forma en la que consigue que las escenas de juicio tengan la tensión necesaria. Pulido es otra de las razones por las que, ahora sí, da pena que Hulka se haya terminado. Qué lástima que el viaje haya sido tan corto, pero al menos la despedida es con un sabor de boca casi inmejorable. No es poco en los tiempos que corren, y sirve para perdonar la irregularidad de su primera mitad.
El volumen incluye los números 7 a 12 del sexto volumen de She-Hulk, publicados originalmente por Marvel Comics entre octubre de 2014 y abril de 2015. El contenido extra lo forman una introducción de Raimón Fonseca, una despedida de J9 y Charles Soule, unas notas de cada episodio de la serie del propio Soule, y las portadas originales de Kevin Wanda y las alternativas de Mike McKone y Kris Anka.