Guión: Kenny Ruiz.
Dibujo: Kenny Ruiz.
Páginas: 192.
Precio: 8 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Diciembre 2014.
En una serie tan corta como es Dos Espadas, apenas cuatro volúmenes, y después de la espectacular impresión que dejó el primer número (aquí, su reseña), parece casi una obviedad decir que el número más difícil es el segundo. Es el que tiene que confirmar la gran carta de presentación que fue el anterior y encarrilar el relato hacia el final que el autor ya tiene en la cabeza, pero también el que tiene que ofrecer una historia más o menos cerrada, que desemboque en una especie de final que no deje una sensación de desazón o de falta de concreción, pero sin agotar las posibilidades de la historia. En sus primeras páginas da la impresión de que, aunque se vaya a acercar a esos objetivos, el segundo volumen de Dos Espadas no va a llegar tan lejos, y no precisamente porque su nivel sea bajo, sino porque la tarea es la más compleja para cualquier autor. Pero cuando Kenny Ruiz aprieta el acelerador, este pretendido pasaje intermedio, esta cuarta parte del relato, adquiere unos espectaculares tintes de clímax sin dejar de ofrecer el desarrollo que uno espera de un segundo capítulo de una historia de cuatro. En otras palabras, que es lo que tiene que ser pero sorprende en la forma en que consigue todos sus objetivos hasta un punto muy cercano al del número inicial, porque las necesarias explicaciones no ralentizan el ritmo frenético del relato, que imita el mismo ritmo vital que tiene su protagonista, Cira.
La riqueza del universo de Dos Espadas estaba sobre la mesa desde el primer volumen, pero la forma en la que Kenny Ruiz explica y desarrolla lo que en el primer volumen tenía como objetivo primordial el deleite visual es lo que hace que la historia siga creciendo. Crece por la parte más mitológica, la del enfrentamiento interminable entre Deimos, el Terror, y Fenris, el Lobo; también lo hace en la más mágica dentro de un espectro más cercano, la que atañe a Naga y a Dago; y por supuesto que lo hace en la esencia visual del relato, en la esgrima, en los combates, en el adiestramiento de Cira y en la forma en que hace frente a sus rivales. Probablemente sería injusto decir que este segundo volumen es mejor que el primero, pero también lo sería menospreciar el alcance que tienen algunos de sus mejores momentos, logros como la formidable fusión entre lo mágico y lo físico que hay en el duelo final o la sensacional forma que tiene el autor de colar referencias culturales deliciosas (es imposible no aplaudir lo bien que queda integrado un tema de Camarón de la Isla o cómo se introducen en el entrenamiento de Cira ejercicios tan bonitos como el de pisar uva o el de la estrategia ajedrecística). Y como los personajes sieguen siendo tan extraordinarios como en los primeros episodios, el entretenimiento sigue siendo notable.
Merece la pena destacar todos estos aspectos porque otro de los peligros a la hora de evaluar Dos Espadas es que toda la atención se la lleve su dibujo. La razón es obvia, y es que Kenny Ruiz es un sensacional ilustrador. Y más que eso, un gran narrador. Si no lo fuera, sus combates no serían tan apasionantes como son, no se sentiría el movimiento, el tiempo, el espacio y hasta las emociones de la forma en que se desbordan en cada una de esas escenas. Eso último es la clave para que se aprecie todo el conjunto, y no sólo las escenas más espectaculares, y es que Dos Espadas se siente más allá de la página. El poder se siente como algo apabullante cuando Cira se acerca a la espada maldita o cuando Dago intensifica sus habilidades en las peleas con la propia Cira o Esthel, pero también se palpa la crudeza que hay en el flashback que protagoniza el propio Dago o la enorme simpatía que despierta Cira en las escenas de su entrenamiento, que concentran las dosis de humor, también gráfico, que Kenny Ruiz usa con acierto y sin abusar de ese recurso. El segundo volumen de Dos Espadas confirma efectivamente que la serie es una auténtica delicia para quien busque no sólo una buena historia de fantasía sino una buena historia en general y, aquí está la sorpresa, tiene la misma personalidad que el primero sin alejarse lo más mínimo de su esencia. Un gustazo de lectura.
El segundo volumen de Dos Espadas lo publicó originalmente Glénat en noviembre de 2011, y ahora lo reedita Norma. El contenido extra del volumen lo forman una historia corta titulada El requiem de la espada que debía dar algo más de información tras la cancelación de Dos Espadas en Francia, el entreacto en el que se explica en clave de humor algunos detalles de la obra y un portafolio de ilustraciones a cargo de Noiry, Pere P. Pérez, Toni Reyna, Man, Verónica Álvarez, Irene Roga, Rubén Candel, David Lafuente, Mateo Guerrero y Belén Ortega.