Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Giuseppe Camuncoli.
Páginas: 144.
Precio: 13,95.
Presentación: Rústica.
Publicación: Febrero 2015.
Con este volumen, que cierra la andadura de Brian K. Vaughan hace algo más de una década en La Cosa del Pantano, se puede decir con claridad que el escritor se guardó lo mejor para el final. El esperado encuentro entre Tefé y su padre y el maravilloso epílogo en África, que incluso podría haber dado para una serie de al menos la misma duración que tuvo esta en su conjunto, son un colofón espléndido a un relato con algunos altibajos. No siempre pareció claro hacia dónde quería ir, aunque deslizara detalles muy atractivos en cada número, aprovechando el personaje que manejaba pero, de alguna manera, no llegando tan lejos como podría con el universo que esbozaba para ella. Y ahora, al final, es cuando todo se ve mucho más claro. O, al menos, de una forma más redonda. Solventada la trama que centró el tercer cuarto del relato en los primeros números de esta entrega final, Vaughan encuentra el mejor de los escenarios para Tefé, el de la rebeldía ante la figura paterna, el de la mutua incomprensión aunque estén condenados a entenderse, y el del futuro como muestra de lo que es capaz de hacer esta singular joven con sus poderes y con su vida. Viendo lo bien que cierra la serie, queda un ligero pesar, y es que lo anterior no estuvo a la misma altura, a la que suele demostrar Vaughan en sus series. Pero también una cierta satisfacción porque la despedida es francamente buena.
Siempre dio la sensación de que Vaughan estaba mucho más cómodo con Tefé que con el resto de personajes que tenía entre manos, y el final de la serie hace que se note con mucha más fuerza. La forma en que cierra la trama que tenía entre manos al final del tercer volumen (aquí, su reseña) se mueve entre lo espectacular y casi lo displicente, como si fuera un estorbo antes de llegar hasta donde verdaderamente quería ir el escritor. Y no es que no sea interesante la forma en la que un samurái con miedo a morir se ha manifestado como aparente inmortal, pero no es vital para la odisea de Tefé. Lo que sí lo es es el enfrentamiento personal entre padre e hija, entre la Cosa del Pantano y la joven llamada no sólo a tomar su relevo como defensora del Verde sino a hacerlo con un poder mucho mayor. Vaughan maneja la conversación entre ambos de una forma exquisita, delicada, muy viva y realista. Y las conclusiones que se pueden extraer sobre ambos personajes, pero sobre todo de Tefé, son fascinantes. Por esa razón, y aunque es un claro final en la serie, se entiende que todavía hay una prolongación más, una que podría haber dado para un nuevo volumen pero que, concentrada, se sostiene francamente bien como el epílogo en un viaje que aún no hay finalizado. Todo suena un poco paradójico, pero estas dos partes finales sí son auténticas obras del Vaughan más intenso.
Ya en el anterior volumen, Cosecha roja, quedó claro que Giuseppe Camuncoli, el último de los ilustradores en sumarse a la serie, había sido el que mejor había entendido sus posibilidades, y este cierre del relato corrobora también esas impresiones. Camuncoli sigue mostrando un perfecto entendimiento de Tefé, lo que no es fácil porque en esta parte de la historia es en la que más cambiante se muestra, tan firme como hasta ahora pero también derrotada, intensa hablando con su padre y con dudas cuando afronta una nueva búsqueda de conocimiento. Pero el ilustrador no sólo destaca en eso, sino también en el entorno. Lo más fantástico y lo más realista se dan la mano en sus lápices de una forma bastante sorprendente. La espectacularidad de su versión de la Cosa del Pantano y la espectacularidad y mágica forma en la que recrea África son sus puntos fuertes, pero en realidad su dibujo es bastante regular y consistente. Una vez asimilado su estilo, y eso es algo que ya viene del volumen anterior, el disfrute es completo. Eso también añade calidad al cierre de esta etapa de La Cosa del Pantano, que acaba dejando un mejor sabor de boca que sus tres primeras entregas porque es sobre todo al final cuando de verdad encuentra su auténtica razón de ser. Vaughan tardó en encontrar el tono, dando algún que otro palo de ciego, pero al final dio con la tecla para una espléndida despedida.
El volumen incluye los números 15 a 20 de Swamp Thing, publicados originalmente por DC Comics, a través de su sello Vertigo, entre julio y diciembre de 2001. El único contenido extra son las cubiertas originales de David Mack, Greg Staples y John Totleben.