Guión: Scott McCloud.
Dibujo: Scott McCloud.
Páginas: 496.
Precio: 35 euros.
Presentación: Cartoné con sobrecubierta.
Publicación: Abril 2015.
Hay tanto y tan bueno que decir de El escultor que el único temor es que estas líneas no basten para explicar lo extraordinario que es el trabajo de Scott McCloud en esta portentosa novela gráfica, mucho más extensa de lo que suele ser habitual en el medio y, sin embargo, tan intensa y absorbente que no se puede abandonar hasta consumir las cerca de 500 páginas que ha empleado en contar esta historia. Es la de David, un escultor de 26 años que se siente fracasado y que descubre lo que está dispuesto a dar a cambio de que su obre pase a la posteridad. Lo que en principio puede parecer una derivación contemporánea del Fausto de Goethe acaba siendo un relato propio y personal, cargado de vitalidad y realismo, un inagotable torrente de sensaciones que casi parece imposible asimilar por completo en una primera lectura de esto que no deja de ser un excelso cuento urbano, una fábula que habla del amor, de los sueños, de los sacrificios, de los obstáculos y de las casualidades. McCloud ha creado una maravilla en la que cualquiera puede sentirse identificado en algún momento con enorme facilidad con alguno de los protagonistas, esencialmente David pero también Meg, un personaje soberbio, una chica a la que da cualidades tan angelicales como terrenales y a la que convierte en «la chica del sombrero» de la que todos nos hemos enamorado.
La historia de El escultor acontece a lo largo de 200 días y en ellos condensa toda una vida de una manera tan compleja como sencilla. Compleja porque la vida es compleja. McCloud no se limita a entresacar lo que es esencialmente necesario a su historia, sino que retrata algo mucho más hermoso y redondo, algo que se resume de una manera magistral en la última escena de la novela gráfica, clave esencial de todo lo que se ha leído, desde la brillante exposición de la primera parte al drama, los sentimientos y la aventura que impregna el resto. El escultor sirve, efectivamente, como un cuento de hadas urbano, pero no se ve definido sólo por sus elementos fantásticos. Es, de hecho, la mezcla perfecta entre realidad y ficción, porque suma un escenario real, cargado de problemas reales (las dudas de David y Meg, la vida que hay en sus conversaciones, la hemos sentido todos de una u otra forma), de sensaciones cotidianas que, al mismo tiempo, tienen un componente de extraordinarias. Por eso siempre se tiene de estar leyendo algo especial y único, porque tiene un manejo del tiempo, del espacio y de las emociones que asombra en cada página, en cada escena, con cada personaje, porque es una formidable historia humana en la que hace que cada diálogo, cada mirada y cada silencio cuente para construir la vida de David. Una vida resumida de una forma excepcional en menos de 500 páginas y en 200 días.
La magia del cómic obliga a pensar en cualquier historia narrada en este medio como una conjunción entre palabras y dibujos, pero hay novelas gráficas como El escultor que hacen de esa fusión una razón de ser artísticamente ejemplar. McCloud tiene un dominio de la narrativa absolutamente descomunal y brillante, y su dominio de todo lo que cuenta es impresionante. La sencillez de sus figuras no oculta un portentoso trabajo narrativo desde el dibujo que es la perfecta expresión de sus objetivos como escritor. Todo lo que ha escrito se siente en cada página. El formidable uso de los espacios, de la imaginación, de la fantasía y de la realidad es apabullante por su genialidad. Los flashbacks, el diario de David, la forma en la que se introducen en la historia sus pensamientos y sensaciones, la forma en la que un bitono acaba encontrando la forma de comunicar con la misma fuerza que el diálogo o el dibujo, dando el tono adecuado mediante el brillo o la oscuridad a cada una de sus escenas. Estamos ante un tebeo excepcional, no tendría sentido calificarlo con menos entusiasmo, porque lo que propone es algo único, por su formato, por su narrativa, por sus personajes y por la brutal identificación que enlaza directamente lo que sucede dentro de la página con lo que hay a este otro lado. El escultor es uno de los tebeos más hermosos, emocionantes y reflexivos que se han publicado en muchos años. Que maravilla de lectura.
Macmillan editó originalmente The Sculptor en febrero de 2015. El único contenido extra son unas notas finales de Scott McCloud.