Guión: Garth Ennis.
Dibujo: Will Simpson, Mike Hoffman, Steve Dillon y Sean Phillips.
Páginas: 392.
Precio: 35 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Enero 2015.
John Constantine, el personaje que Alan Moore se sacó de la manga para conducir por mil y una aventuras a la Cosa del Pantano, logró su propia serie en 1998. Tras una larga etapa de 40 números conducida por Jaime Delano, Hellblazer cayó en manos de Garth Ennis. Era su primer trabajo en la industria norteamericana. Y, al menos en lo que a su primer relato se refiere, Hábitos peligrosos, sigue estando entre lo mejor que ha escrito nunca. ¿Por qué? Muy sencillo. Cogió a un personaje que se dedicaba a luchar contra amenazas sobrenaturales y le colocó en la situación más humanamente aterradora que se puede plantear en un cómic mainstream: el diagnóstico de un cáncer. En cinco números absolutamente descomunales, Ennis fusiona de una forma apabullante dos mundos que aparentemente no podían tocarse, haciendo que las cualidades que habían hecho de Constantine un personaje querido se moldearan para hacer frente de la forma más verosímil posible a una amenaza nada fantástica. De hecho, si no fuera por la brillante resolución del relato, uno de esos giros argumenales llamados a perdurar durante años en la mitología de un personaje, podría haber encajado en cualquier otro tipo de tebeo que no necesitara de fantasía para sus propósitos. Ennis también comprende la naturaleza mágica de este mundo, pero con lo que conquista es con la realista.
Lo que se recoge en este primero de los tres volúmenes que recopilarán la larga etapa de Ennis en Hellblazer le muestra como un escritor valiente. Ese «me muero» que Constantine suelta en la primera páginas es el preludio de un viaje humano inmenso que entronca con la propia naturaleza del personaje y con una historia mucho más trascendente. Es verdad que lo que sigue, siendo bueno, no está a la misma altura de genialidad, pero sigue siendo muy bueno. Es fácil destacar el número 50 de la serie, un magnífico cara a cara entre Constantine y el Rey de los Vampiros, o la historia que cierra el libro, Sangre real, que permite a Ennis introducir un cinismo radical a un entorno político y al mismo tiempo recuperar la figura de Jack el Destripador que tanto juego dio al cómic en aquella época, Alan Moore mediante. Ennis funde con mucha habilidad relatos largos y otros cortos, buscando trazar un retrato formidable de Constantine y su mundo, actualizándole a partir del drama del cáncer con el que arranca su andadura. No hay más secundarios fijos que una presencia esencial, la de Kit, un espléndido personaje femenino que no necesita una presencia masiva en las historias para convertirse en un personaje fascinante y perfecto para expandir las emociones de Constantine. Ese es otro de los grandes aciertos de esta etapa.
Que no dé tampoco la impresión de que lo sobrenatural está aparcado en este volumen porque no es verdad. Es, simplemente, que en los guiones de Ennis no se siente una diferencia entre lo verosímil y lo imposible. Por eso el trabajo de Will Simpson, dibujante principal de la serie, resulta siempre tan adecuado. No necesita apoyarse en la espectacularidad de demonios, fantasmas y demás criaturas malévolas para hacer que el drama funcione, pero cuando le llegan las oportunidades de dibujar a esas criaturas lo hace con un enorme acierto, como se ve en el episodio final de Habitos peligrosos, historia que finaliza con una icónica y divertidísima splash page, perfecta descripción del personaje, o con el tenebroso número 50. Mike Hoffman, Steve Dillon y Sean Phillips completan el libro con fill-ins espléndidos y reconocibles en el estilo de cada uno de ellos, pero la unidad de la serie se mantiene con la apagada y muy acertada paleta de coloes de Tom Ziuko. El Hellblazer de Garth Ennis mantiene su valor intacto más de dos décadas después. Su relectura lo confirma, su descubrimiento ahora lo refuerza. Como puerta de entrada al personaje es impresionante, precisamente porque Ennis y Simpson parte de llevar al personaje a su situación más extrema, la que otros autores se habrían reservado para el final, como sublime despedida. Pero siempre es mejor, como en este caso, comenzar con un terremoto.
El volumen incluye los números 41 a 55 de Hellblazer, publicados originalmente por DC Comics entre mayo de 1991 a julio de 1992.