CÓMIC PARA TODOS

‘No debí enrollarme con una moderna’, de Sebas Martín

portada-modernaEditorial: La Cúpula.

Guión: Sebas Martín.

Dibujo: Sebas Martín.

Páginas: 108.

Precio: 12 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Marzo 2015.

No hay mejor manera de empezar a hablar de No debí enrollarme con una moderna que hablar de su protagonista, Peluche. El nombre ya lo dice todo, el título del tebeo y las insinuaciones visuales completan el cuadro. Pero aún queda todo más claro si se indica que Peluche es un guionista de cómics gay que entra en un bache personal que atribuye a la crisis de los 50, a pesar de no haber llegado todavía a esa edad. Peluche ya había aparecido en Kedada, y Sebas Martín recupera el personaje para realizar un curiosísimo análisis no sólo de las costumbres del ambiente homosexual, sino que además lo mezcla con una modernidad hipster que confluye en un divertido choque social que hace más que lógico el título de la obra. Martín no escatima escenas sexuales explícitas, con cuerpos probablemente tan inverosímiles como algunas partes de su historia, pero todo eso, en realidad, forma parte de un conjunto que se asume con naturalidad. Si la sexualidad es parte integral de los protagonistas y si el atractivo sexual es precisamente uno de los temas que hay en el relato, ¿por qué no mostrarla de la manera más gráfica? Ese es el planteamiento de un Martín que consigue divertir y hacerlo, además, trascendiendo las fronteras de esa sexualidad. Asombra que todavía haya que decirlo, pero No debí enrollarme con una moderna no es sólo un tebeo para gays.

La historia es, de hecho, una continua sensación de que todo le va saliendo mal al protagonista, que su crisis está más que justificada, que se tiene que adentrar en mundos que no comprende para encontrar el remanso de paz que le niega su realidad cotidiana. Y esa historia fluye con o sin sexualidad. Lo que pasa es que Martín disfruta introduciéndola a todos los niveles, tanto en la forma de expresarse de los protagonistas, en sus conversaciones y también, por supuesto, en las escenas de cama. Pero lo que triunfa en este tebeo es la sencillez del día a día, en la relación de Peluche con sus parejas ocasionales, con su padre, con sus amigos. Esa sencillez es, precisamente, lo más divertido y lo más interesante del tebeo, porque Martín asume la cotidianidad para contar situaciones que, en realidad, parecen rocambolescas. ¿Lo son? Y lo sean o no, ¿hay algo de autobiográfico? El autor lo sabrá, desde luego, pero lo que en todo caso se ve a este lado de la página es que es un relato muy divertido. Si funciona es precisamente porque Peluche evoluciona. Se asume en crisis y busca soluciones, y en el camino va afrontando los problemas de una forma diferente, hasta que explota y encuentra nuevos caminos de la forma más casual. Esa evolución es tan natural como todo lo que va mostrando Martín a lo largo de las páginas.

Y esa naturalidad, como complemento a las sensaciones que deja su guión, es la misma que preside su dibujo. Martín se mueve entre lo más esquemático, lo que permite reconocer a los personajes y a los arquetipos que utiliza de un primer vistazo, además de una sensación de continua fantasía homosexual que se plasma en la perfección de casi todos los cuerpos que aparecen en el tebeo. Pero quizá lo mejor de las ilustraciones de Martín esté en la expresión corporal de los protagonistas, que dice de ellos tanto como los diálogos y permite situar las emociones de cada escena incluso sin leerlos. Si Peluche está enfadado, angustiado o ilusionado se nota con mucha facilidad, no sólo por su rostro, sino también por eso mismo, por su cuerpo. Puestos a encontrarle alguna pega al dibujo de Martín, hubiera sido divertido ver No debí enrollarme con una moderna en color. Una vez vista la cubierta del volumen, habría sido divertido ver cómo interpretaba Martín en páginas interiores la contraposición entre el mundo bear de Peluche y la moda hipster al que se apunta, o también cómo habría coloreado los acertados flashbacks que incluye. Las mismas referencias al mundo del cómic que hay dentro de sus páginas son otro motivo más para la diversión. Y es que No debí enrollarme con una moderna busca sobre todo eso, diversión. Con toques amargos y con pinceladas más alegres, como sucede en la vida real.

El contenido extra es la portada del cómic de ficción que se incluye la historia y una página con varios diseños.

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Esta entrada fue publicada en 12 mayo, 2015 por en Cómic, La Cúpula, Sebas Martín y etiquetada con , , .

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