Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Tony Harris y Chris Sprouse.
Páginas: 144.
Precio: 13,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Enero 2015.
No es que Ex Machina pudiera esconder sus verdaderos propósitos teniendo en cuenta que la historia de Brian K. Vaughan sigue los pasos del alcalde de Nueva York que cambió sus andanzas como superhéroe por los despachos oficiales, pero este cuarto volumen es la viva expresión del verdadero alcance de la serie. Y una auténtica gozada, valiente y arriesgada, un acercamiento sensible e inteligente a las sensaciones en las que se vio sumida la sociedad norteamericana (y en muchos sentidos la mundial) tras los atentados del 11-S. Hay tiempo para la acción, para los retos superheroicos, para el misterio y la investigación, pero el sentido eminentemente político queda al descubierto de una forma salvaje aquí, cuando Mitchell Hundred tiene que hacer frente a un atentado, a manifestaciones contra la guerra de Irak, a debates sobre la pena de muerte. Y todo ello sin esquivar nombres reales como el de Bin Laden o imágenes, brillante de nuevo Tony Harris, de un poder visual descomunal como la recreación en este universo alternativo del instante en el que el segundo de los aviones enfiló las Torres Gemelas de Nueva York. Vaughan, quizá más conocido por otras series y ahora en alza con Saga (aquí, reseña del primer volumen), dio en el clavo con Ex Machina, una obra que nació en el momento adecuado pero que sigue teniendo una vigencia y un poder descomunal.
Lo que realmente impresiona de A la guerra, el arco argumental que centra el cuarto volumen de esta edición de Ex Machina, es lo certero que es Vaughan a la hora de interpretar los miedos, las inquietudes, las razones y las realidades sociales que hay detrás del terrorismo. Es una radiografía brutal de lo que piensan los políticos, los policías, los medios y los ciudadanos ante una situación de excepción y las medidas que provoca, las líneas rojas que obliga a cruzar. Mitchell Hundred es un personaje espléndido y el punto de partida de Ex Machina es formidable, pero Vaughan se enfrentaba a retos enormes en la serie. La entrevista radiofónica en la que el alcalde se enfrenta a las preguntas de un periodista sobre la pena de muerte en la segunda de las historias de este volumen, Vida y muerte, es la mejor muestra de lo complicado que es este escenario y de lo brillante que es la forma en la que el escritor esquiva los peligros y construye una historia formidable. Puede que, en ese escenario tan contundente, no todo el mundo asuma con la misma facilidad la acción que hay en ese segundo relato (el primero es irreprochable y, hasta este punto, lo mejor que se ha visto en Ex Machina), una en el fondo divertida desviación hacia el mundo animal de los poderes de Hundred, pero hay tantos aciertos que incluso lo más discutible acaba funcionando francamente bien.
Tony Harris, además, ha supo dar a la serie un aspecto muy acertado. No se puede restar mérito al trabajo de color de J. D. Mettler, porque la ambientación de Ex Machina es clave, pero Harris logra que cada persona desprenda el carisma necesario, que cada momento trascendente tenga una puesta en escena espectacular, cada escenario sea especial. Consigue que el lector sienta la amenaza que hay en la primera escena, en un despacho de Bagdad, que se sienta la diferencia de pareceres políticos entre Hundred y su equipo, que se palpe el miedo en la escena de la manifestación o en el control policial a las puertas del Metro, o que los flashbacks tengan esa clara distinción. Y a pesar de que Harris ha sabido imponer un estilo único para la serie, Chris Sprouse, que se ocupa de los dos números finales, sabe mantener la unidad de la historia, incluso más volcado en la acción porque así es la historia que le escribe Vaughan. Ex Machina comenzó muy bien pero, llegando a este cuarto volumen, es evidente que la serie no ha parado de crecer, hasta convertirse es una de las mezclas más fascinantes que se ha visto en el cómic norteamericano entre el cómic de superhéroes y el análisis político y social. Es mejor entrar en la serie desde el primer número, pero asumiendo algunas relaciones personales que se ven en esta entrega, no es mal momento para descubrir esta maravilla.
El volumen incluye los números 17 a 20 de Ex Machina, publicados originalmente por DC Comics a través de su sello Vertigo entre marzo y julio de 2006, y los números 1 y 2 de Ex Machina Special, de junio y agosto de 2006. El único contenido extra son las cubiertas originales de Tony Harris.