Editorial: Penguin Random House / Lumen.
Guión: Raquel Córcoles y Marta Rabadán.
Dibujo: Raquel Córcoles y Marta Rabadán.
Páginas: 128.
Precio: 12,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Marzo 2015.
En muy poco tiempo, Moderna de Pueblo se ha convertido en un icono para mucha gente. Raquel Córcoles, con la colaboración de Marta Rabadán, creó al personaje aquí, en Soy de pueblo, una divertida sátira sobre clichés terriblemente realistas, un divertido análisis social de la juventud moderna que procede de la experiencia propia de sus autoras, que es seguramente lo que da un toque verosímil a muchas de las anécdotas que relatan. Porque, en realidad, Soy de pueblo es eso, un compendio de anécdotas y, como dice su subtítulo, un manual de supervivencia en la gran ciudad para los recién llegados, para comprender modas y costumbres y también a esos urbanitas que la pueblan y que, al final, son los que marcan las tendencias que se describen en sus viñetas. Aunque el libro está dividido en ocho capítulos, siendo el último de ellos un divertido test para que el lector compruebe si es un moderno de pueblo o un hipster, casi se puede leer de forma casual, abriendo el volumen por cualquiera de sus páginas y aterrizando en cualquier momento de la experiencia que proponen Córcoles y Rabadán, gracias a que todo es muy concreto y directo, a que el humor pretende ser instantáneo y a que los golpes de efecto tienen que funcionar de un primer vistazo. Por eso la sencillez en el dibujo y en el planteamiento de cada secuencia.
La propuesta de Soy de pueblo no deja de ser un viaje iniciático, el de la protagonista desde su pueblo a la ciudad y las experiencias que vive allí en sus primeros meses, en cómo se ve transformada por todo lo que le sucede y un retrato de cómo sus expectativas previas se van enfrentando con la realidad, a veces cruda, a veces agradable pero siempre divertida. Cuando se crea un personaje tan específico, la única duda es si está pensado para gentes afines o si es una lectura tan confinada que gente que se salga de los patrones expuestos no va a entender su humor, pero Córcoles y Rabadán se anclan tanto en una realidad tan divertida que ese temor se disipa casi desde las primeras viñetas. El humor funciona porque es auténtico, porque esta Moderna de Pueblo, sea o no comprendida por el lector, genera una empatía inmediata. Y como en el fondo no es parte de ninguna tribu urbana inaccesible, muchas de las situaciones que describe, o al menos unas pocas, pueden provocar una identificación inmediata en lectores de muy diferente condición. Pero eso mismo también provoca que sí pueda haber cierta distancia entre el lector y el libro en los momentos en los que Moderna de pueblo deja de ser el centro de la narración para pasar este a la misma cultura hipster de la que habla. No mucha, porque Moderna no se va demasiado, pero sí son las páginas en las que sí se necesita una identificación mayor con este contexto.
En todo caso, el principal acierto de Soy de pueblo está en su parte gráfica. No es fácil decirlo, porque al final una buena historia tiene la capacidad de adaptarse a diferentes estilos de dibujo, y seguramente influye el hecho de que se trata de unos diseños ya establecidos para reconocer a la marca de Moderna de Pueblo, pero parece difícil que el libro hubiera funcionado con otro trazo. Las figuras de Córcoles y Rabadán son sencillas, icónicas, con la simpatía desbordante que provoca el hecho de no ver nunca sus ojos, ocultos siempre tras unas gafas o un corte de pelo moderno. Y lo que parece más curioso, con una atención al detalle, necesario puesto que al fin y al cabo lo que está mostrando Soy de pueblo es el análisis de una cultura social, que casi parece impropio de un trazo tan sencillo, muchas veces dado a una mayor esquematización. Pero aquí los aspectos más pequeños son reseñables y hablan en cada una de las secuencias, por lo que era necesario ese esfuerzo de las dos autoras a la hora de crear cada viñeta. Soy de pueblo es uno de esos libros de lectura ligera y desenfadada que se ganan casi al instante la simpatía del lector, hombre o mujer, joven o de más edad, siempre eso sí que se entiendan sus normas. Eso es tan sencillo como recorrer las nueve primeras páginas, las que componen el primer capítulo. Si ahí hay risas, el libro se lee en un divertido suspiro.
Glénat publicó originalmente Soy de pueblo en junio de 2011.