Guión: Joshua y Jonathan Luna.
Dibujo: Joshua y Jonathan Luna.
Páginas: 144.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Enero 2015.
Es difícil no reconocerle a los hermanos Luna, Joshua y Jonathan, la habilidad que tienen para hacer que una historia funcione. Las constantes más reconocibles del primer volumen de La espada (aquí, su reseña) se mantienen en este segundo precisamente por ese motivo. Los autores comprenden las flaquezas de su planteamiento, que las tiene, y se limitan a impedir que su presencia perturbe una lectura trepidante y, sobre todo marcada por una violencia tan descarnada y brutal como asumible y realista, si es que ese término se puede aplicar a esta historia, que precisamente quiere llevar una ficción épica a un entorno verosímil. La historia de Dara Brighton y la espada mágica que blande ante unos seres de enormes poderes que asesinaron a su familia en la búsqueda de ese arma busca una empatía absoluta, algo tramposa si se quiere por los resortes que va tocando de forma clara y directa a lo largo del relato, pero que, como se apuntaba al principio, sirve con muchísima eficacia a los propósitos de la historia. Y esos pasan por implicar al lector en todos los niveles a golpe de shock, sea físico o emocional, que de los dos hay en abundancia a lo largo de este segundo volumen de la narración, uno que emplea más de la mitad de sus páginas en una batalla climática (convenientemente interrumpida por los flashbacks) muy espectacular.
El reparto del trabajo sigue siendo el mismo que desde el comienzo de la serie, con ambos hermanos encargándose de la historia, con Joshua manejando el guión y los bocetos y con Jonathan encargándose de los diseños y del dibujo. En lo que se refiere a la historia, los hermanos Luna saben que quieren contar dos tramas muy evidentes. Por un lado esta Dara, su sufrimiento personal y su búsqueda de venganza. Por otro, los tres hermanos, Zakros, Knossos y Malia, su difícil relación personal (en la que se profundiza abiertamente en esta parte de la historia). Lo normal sería decir que los hermanos Luna consiguen el interés del lector en la confluencia de ambas partes, pero en realidad cada una de ellas se sostiene bastante bien antes de que eso llegue. Ellos mismos siguen siendo conscientes de los elementos menos logrados, como la excesiva casualidad que hay en algunos momentos, y rebajan su efecto negativo haciendo que eso forme parte de la misma historia (como el ingenuo y casi inverosímil disparo a ciegas de Dara y sus amigos yendo a Nassau en busca de Zakros), y saben al mismo tiempo llevando la historia a su cúspide emocional y física. Por eso es tan importante que el enfrentamiento entre Dara y Zakros ocupe tanto espacio en ese volumen. Nunca llega a cansar porque los Luna saben introducir elementos del pasado que ofrecen al relato la conexión emocional que necesita para que no sea una simple salvajada.
Porque salvajada es, pero no simple. La violencia es un aspecto fundamental del relato, base fundamental de sus cliffhangers, algo lógico teniendo en cuenta que una de las subtramas que se introduce es precisamente lo irrelevante que es para un dios hacer daño a un mortal. En ese sentido, el dibujo de los hermanos Luna siempre ha sido llamativo. No ha perdido ese toque levemente amateur que, paradójicamente, es parte esencial de su atractivo. Las expresiones son, a simple vista, básicas, y los efectos realizados en el ordenador tanto para el movimiento como para algunos de los aspectos más fantásticos de la historia contribuyen a esa sensación casi contradictoria. Es difícil decir que Jonathan Luna es un dibujante extraordinario, pero al mismo tiempo es casi imposible no entrar de lleno en su juego. A eso ayuda el espléndido manejo que demuestra de los límites de lo tolerable, porque pensado en frío es un tebeo que roza el sadismo en más de una ocasión pero a la vez consigue llevar esa característica hasta el ansia de seguir leyendo, evitando la posibilidad de que el lector aparte la vista ante lo que está contemplando. La espada sigue siendo así, en este segundo volumen, una historia sumamente entretenida, con una estructura clara, unos personajes bien definidos (quizá Justin sea la excepción, una vía de escape fácil que probablemente aún espera su mejor momento) y una mitología muy conseguida.
El volumen contiene los números 7 a 12 de The Sword, publicados originalmente por Image entre abril y octubre de 2008. El único contenido extra son las cubiertas originales de los hermanos Luna.