CÓMIC PARA TODOS

‘DOS. Buscando respuestas en Vigo’, de David Braña y Anel Montoro

PortadaDOS_VigoEditorial: Drakul.

Guión: David Braña.

Dibujo: Anel Montoro.

Páginas: 88.

Precio: 11,95 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Marzo 2015.

La forma en la que David Braña cerró DOS. Primeros síntomas (aquí, su reseña) hacía evidente la necesidad de una secuela, que culminara el interés que despertaba la historia y que paliara las carencias que sí podían encontrarse en ella, incluso desde un disfrute más que notable. Teniendo en cuenta las peculiaridades del mercado editorial español, mucho más en lo que se refiere al cómic, que esa secuela sea una realidad es un éxito que casi hay que celebrar por lo que supone en sí mismo, antes incluso de leer el tebeo. Pero viendo DOS. Buscando respuestas en Vigo hay que alegrarse un poco más. Con algún detalle mejorable en cuanto al uso de los teléfonos móviles, esos instrumentos que amenazan con destruir todo el misterio de las historias de intriga y misterio de toda la vida, esta continuación no sólo es coherente con la historia original sino que además brinda exactamente lo que anuncia el título, las respuestas que faltaban en la primera parte. Y lo hace, además, manteniendo el carisma de los personajes protagonistas, la esencia del thriller más auténtico y construyendo un relato que engancha con bastante facilidad. Braña, en esta ocasión con el dibujo de José Manuel Montoro, con color de Álex Segura, sustituyendo al blanco y negro de Hernan Fino, consigue cuadrar todas las subtramas, y lo hace sin necesidad de dejar agotadas las posibilidades de continuar el relato.

Puede pensarse que la protagonista de DOS, Sonia, es un personaje algo tópico, pero en realidad lo es sólo porque se ajusta a las modas que colocan mujeres jóvenes como las protagonistas ideales de estos relatos de ficción a medio camino entre el thriller y el terror, un terreno que Braña explora bastante bien. Si se superan esos prejuicios, en realidad algo excesivos, Sonia es un vehículo estupendo para conocer el mundo en el que tiene que vivir, el de unas visiones que se hacen realidad como manifestación de una enfermedad bautizada como DOS. Todos los personajes que incorpora Braña funcionan igual de bien, y quizá la pega haya que encontrarla en la forma en la que el guionista intenta quitarse de en medio a Alex cada vez que no le necesita junto a Sonia. Esa excesiva casualidad que le persigue, no obstante, no empaña los aspectos más positivos de la historia, que encadena con facilidad la narración en off más propia del noir, el toque hitchcockiano más característico del thriller y los toques fantásticos que ayudan a darle una personalidad propia muy definida. Ni siquiera necesita una excesiva complejidad argumental (si se mira con atención, todas las pistas necesarias están en las viñetas antes de llegar al clímax de esta segunda parte de la historia) para proporcionar el entretenimiento que promete.

El dibujo de Anel Montoro en esta secuela cumple con el doble objetivo de recordar al lector el estilo de la primera entrega de DOS y, al mismo tiempo, marcar distancia con respecto a él con más elementos que el color que se añade para continuar el relato. Esta paradoja ayuda a que Montoro complete un trabajo más que apreciable. Dice El Torres en la introducción del libro que los personajes de Montoro «hacen cosas». Y eso, que parece tan sencillo de decir, es muy complicado de hacer. Así, el ilustrador consigue que en cada viñeta haya movimiento, a veces físico y a veces emocional, pero sus personajes nunca están por estar. Esa sensación es lo mejor de su trabajo en Buscando respuestas en Vigo, junto con el retrato de Sonia, un personaje con el que es muy fácil empatizar con la expresividad que le da Montoro. Quizá en las escenas de acción es donde no sea tan completo el trabajo, pero nada chirría como para sacar al lector de una historia que cumple de sobra con lo que promete. El de DOS, con Primeros síntomas hace ya algunos años y ahora con Buscando respuestas en Vigo, es un universo fascinante, por el fondo psicológico que contiene y que Braña manifiesta con la ayuda de personajes cotidianos con los se conecta admirablemente bien. ¿Y si hubiera una tercera parte? Pues tiene pinta de que el entretenimiento que ofrecería sería, como poco, del mismo nivel que hay en esta segunda entrega.

El contenido extra del volumen lo forman la mencionada introducción de El Torres y una página ubicando los lugares reales de Vigo en los que acontece la historia.

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Esta entrada fue publicada en 1 abril, 2015 por en Anel Montoro, Cómic, David Braña, Drakul y etiquetada con , , , .

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