Guión: Ricardo Esteban.
Dibujo: Sergio Bleda.
Páginas: 48.
Precio: 14 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2015.
A veces la sencillez es el camino más directo para conseguir cualquier objetivo. En Una tarde de pasión ese axioma se cumple con enorme facilidad. Es un relato corto de Ricardo Esteban, a la sazón editor de Dibbuks, que cuenta exactamente lo que promete en su título, un encuentro sexual entre dos jóvenes que arranca ya en la cama, con el desenfreno animal ya desatado con sus cuerpos semidesnudos, y concluye con una tierna despedida impregnada por el anhelo de repetir vivencia, dejando en el misterio de la ignorancia las circunstancias que han conducido a ese momento. Y junto a la palabras de Estaban, una veintena de ilustraciones de Sergio Bleda que acompañan al lector por los momentos más tórridos pero también por los más sensibles, que recorren con precisión cada milímetro de los cuerpos de unos protagonistas sin nombre y que vuelcan en cada página un erotismo magnífico. Sencillo, efectivamente. Pero gozoso, sensual y sugerente. Una tarde de pasión es exactamente lo que quiere ser, un pequeño libro ilustrado que se acerca de modo furtivo a unas horas de placer y las condensa en palabras e imágenes para satisfacer al voyeur que casi todos llevamos dentro con un enorme poder de seducción y de sugerencia, base esencial de cualquier relato erótico.
Como el hombre y la mujer que protagonizan el relato, Esteban va directamente al grano. Adorna cada momento, pero se estrega a esa pasión que anuncia en el título sin freno pero al mismo tiempo con la delicadeza que invita a detener el tiempo y disfrutar. Entregado el autor al relato más erótico, las ilustraciones de Bleda no podían quedarse atrás, y de hecho no lo hacen. Son trabajos preciosos, no sólo por las emociones sexuales que puedan despertar en su contemplación o por las completas y afortunadamente nada reprimidas manifestaciones eróticas que contienen, sino porque los detalles hacen que la inmersión en la experiencia de pasión de los protagonistas sea total. Desde las pecas de la chica en su cara y en sus hombres al miembro viril del chico, desde el sudor de los cuerpos en plena acción sexual al agua resbalando por su piel en la escena de la ducha, y concluyendo con una hermosísima ilustración final, la menos sexual y la más emocional de las veinte que acompañan el relato de Esteban. Siendo el punto de vista masculino el único desequilibrio, y es lógico por la autoría, todo parece tan hermoso y perfecto como esa tarde de pasión que ha descrito el escritor y que da título a este pequeño libro. ¿Modesto? Puede ser, si la modestia se refiere a la extensión. Pero a la vez es una historia repleta de sentimientos y sensaciones que amenazan con saltar de la página con cada palabra de Esteban y con cada trazo de Bleda.
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nada mal¡¡