Guión: Josep Busquet.
Dibujo: Jorfe.
Páginas: 88.
Precio: 15 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2015.
Para entender plenamente Bienvenidos a Krpkruett, primero hay que conocer Krpkruett (aquí, su reseña). Aquel primer libro es una guía de viaje ilustrada sobre un país que no existe, con unas costumbres de las que nadie ha oído hablar, con unos logros que otros países se han atribuido por supuesto sin razón histórica alguna y con unos paisajes incomparablemente hermosos aunque nadie los haya visto. Un chiste en sí mismo, una broma divertidísima e hilarante que a ratos dan ganas hasta de creérsela, una perpetrada por Klaus Goldkey con un sentido del humor sorprendente. Pues bien, Bienvenidos a Krpkruett es la historia de cómo y por qué se hizo esa guía de ese pequeño país. Si el libro original era tan divertido como arriesgado, esta especie de prolongación que han orquestado Josep Busquet al guión y Jorfe al dibujo, que ya es un cómic propiamente dicho, no es menos que el libro original en ningún aspecto. Ni en lo divertido, ni en lo osado. Leído así, sin más, es un tebeo tremendamente simpático, marcado por las rocambolescas personalidades de los habitantes de Krpkruett y los desternillantes escenarios que se va encontrando el casual escritor escogido para la guía, el mismo Goldkey convertido ya en personaje. Pero es que relacionado con la guía se convierte en una propuesta exótica, bizarra y diferente, en la creación de una especie de franquicia que, por impensable, es aún más atractiva.
Tan detallada y detallista es su narración que Busquet consigue que quien haya pasado por los dos libros, por Krpkruett y por Bienvenidos a Krpkruett, se haga la pregunta de qué se escribió antes, porque la fusión entre ambos volúmenes es total. Y, de paso, provoca un ejercicio divertidísimo, que es el de ir a consultar la guía cada vez que en el presidente de esta imaginaria nación da a Goldkey alguna explicación sobre su historia, sus lugares o sus costumbres, porque lo que hay en uno está en el otro, y es tan divertida la lectura por separado de cada uno de los dos libros como la conjunta y complementaria. Aún más, Busquet consigue que en más de una ocasión el lector se vea a sí mismo con muecas de asombro bastante parecidas a las del protagonista ante las peripecias que vive en este país tan extraño. Y justo ahí está la clave de Bienvenidos a Krpkruett: como todo tiene que ser extraño y chocante, sin límite de ningún tipo, el surrealismo tiene vía libre para adueñarse de cada una de las escenas, sean las que hablan de la gastronomía, las de las costumbres o las de la historia de tan singular nación. Tiene mérito hacer un libro que, en realidad, es una pieza creativa y divertidísima de un engranaje de márketing, en el que incluso se reproduce la imagen del libro original dentro de las viñetas de esta alocada y por eso mismo brillante continuación.
Con los dibujos de Goldkey en la guía original ya habíamos podido echar un primer vistazo a Krpkruett, pero eso no condiciona a Jorfe, que mantiene su estilo personal para ilustrar este tebeo. Es más, más que en los lugares, el foco se pone aquí en los personajes, ahondando así de una forma indirecta en la complementariedad de los dos libros. Jorfe maneja con mucho acierto el gag visual, y destaca especialmente cuando sus personajes, sobre todo el propio Goldkey, se ven asombrados por la situación. La sencillez de su trazo no merma en absoluto el acierto a la hora de componer las expresiones faciales. A Goldkey se le ve con y sin boca, con y sin cejas, con y sin ojos marcados, y Jorfe siempre consigue transmitir lo que exige cada secuencia. Eso, y la enorme habilidad que demuestra para dar rasgos identificativos a cada uno de los personajes, es lo más logrado de su trabajo. Y si queda alguna duda de la delirante propuesta Bienvenidos a Krpkruett, además de esos chistes editoriales que terminan de redondear la historia («tiene el tamaño ideal para calzar una mesa») no hay que más que ver el cinematográfico epílogo que proponen Busquet y Jorfe, una broma final que no hace más que redondear una de esas lecturas divertidísimas que funcionan casi sin querer.
El volumen no tiene contenido extra, salvo un anuncio de la propia Krpkrutett que se integra de forma excepcional dentro de la enorme broma que es este cómic.