CÓMIC PARA TODOS

‘Alas negras’, de José Antonio Bravo

551559_336875623096591_408970757_nEditorial: Nonémesis.

Guión: José Antonio Bravo.

Dibujo: José Antonio Bravo.

Páginas: 68.

Precio: 7 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Diciembre de 2011, marzo 2014 (segunda edición).

La fantasía es probablemente el género más agradecido a la hora de relatar historias de puro escapismo, casilla en la que se puede colocar sin problemas a Alas negras. José Antonio Bravo sabe de su capacidad para llevar a buen puerto una historia de estas características y hace de este tebeo un gozoso ejercicio de entretenimiento con el uso de algunos arquetipos clásicos, un entorno mágico reconocible y sacado de otras muchas historias previas y personajes que se entienden sin demasiadas complicaciones. Hay que reconocer que el relato se hace todavía más simpático con el ingenioso epílogo que el autor incluye en la segunda edición del tebeo, que le da una nueva dimensión al relato y un original homenaje al mismo medio en el que se cuenta, el cómic, pero en todo caso el camino para llegar hasta ahí es una buena muestra de género que convence precisamente porque no tiene excesivas pretensiones. Y aunque Alas negras sea un clásico enfrentamiento entre un bien y un mal superiores al hombre pero que se despliega en un entorno urbano, se agradece mucho que haya sorpresas a lo largo de sus páginas. Sin entrar en más detalles para no arruinar los giros del guión, sí se puede decir que algunos son más previsibles, pero otros no tanto, y su presencia da una idea de la habilidad que se puede reconocer a Bravo como narrador, aunque a priori destaque más su estilo como dibujante.

Lo mejor de Alas negras está en que sabe aprovechar los dos mundos que plantea, el de fantasía y el realista, sacando partido a las escenas que se desarrollan por separado en cada uno de ellos (más espectaculares las del primero, más reflexivas y atmosféricas las del segundo) hasta llegar a la lógica confluencia de ambos. Sin nada que resulte especialmente rompedor en el tratamiento de la mitología a la que se acerca, ángeles y demonios, cielo e infierno, la utiliza de una forma hábil para que la historia quede bien contenida en las páginas que forman el el volumen, sin alargarla en exceso y sin resumirla demasiado. Bravo apuesta por un camino sencillo, de fácil lectura y que aprovecha con solvencia el papel de cada uno de los personajes. El chaval protagonista, el viejo mentor, el policía que busca justicia o la atractiva fiscal, hasta el perro que acompaña al chico son estereotipos más o menos trillados, pero funcionan bastante bien en este contexto. No hay vocación real de crear un universo a expandir posteriormente y el final abierto es más una consecuencia del fluir natural de esa misma historia antes que un cálculo sobre un posible futuro editorial de la serie, lo que en el fondo se agradece. Además, por esa razón tiene tan buen encaje ese epílogo ya mencionado, en realidad un simpático añadido que habla del cariño del autor hacia la fantasía por un lado y, por otro, hacia la narración en viñetas de historias de género.

Se nota que Bravo tiene experiencia en el mundo de la animación. Se ve en las líneas claras, en el intento de no recargar ninguna viñeta, ni siquiera las panorámicas de los escenarios, y especialmente en el limpio diseño de todos los personajes (el agente Koven, con las líneas que definen su barba, es el ejemplo más evidente). Ser animador también ayuda a otro factor fundamental para que el dibujo sea satisfactorio, y es que el movimiento se aprecia con mucha facilidad. Bravo consigue que las viñetas más trepidantes adquieran la espectacularidad que necesitan, como la batalla entre Gabriel y Samael, y que las transformaciones de algunos personajes sean bastante naturales. También en lo visual se aprecia el intento de jugar con los estereotipos, pero lo cierto es que los personajes convencen con facilidad y adquieren el carisma necesario para sostener la historia. El blanco y negro, bien ejecutado, no resta espectacularidad al resultado final, aunque sí queda la sensación de que algunas escenas, sobre todo el clímax, podrían haber logrado así un efecto mucho más poderoso. En todo caso, y gracias igualmente a homenajes como el de dotar al comisario de esta historia del aspecto de James Gordon, el policía más conocido del universo de Batman, Alas negras termina como una lectura simpática, recomendable para entrar en una porción distinta del mercado del cómic en España.

El volumen tiene como contenido extra un sencillo portafolio de bocetos de José Antonio Bravo.

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Esta entrada fue publicada en 10 marzo, 2015 por en Cómic, José Antonio Bravo, Nonémesis y etiquetada con , , .

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