Editorial: Penguin Random House / Lumen.
Guión: Sara Fratini.
Dibujo: Sara Fratini.
Páginas: 120.
Precio: 14,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2015.
De un tiempo a esta parte han venido surgiendo una serie de autoras que se dedican a la viñeta desde aproximaciones muy diferentes. Está el humor de Moderna de Pueblo, el cinismo de Maitena o el encanto de Julieta Arroquy, autoras que apuestan por personajes femeninos que muestran su visión de la realidad. La buena vida, de Sara Fratini, puede encajar en ese grupo de autoras y de libros, pero sería un error encasillar su trabajo tan fácilmente, porque en realidad encuentra un rinconcito muy personal, íntimo, pequeño si se quiere, pero no por ello menos inteligente. Fratini, de hecho, encuentra el atractivo casi de la nada. O de un todo cotidiano, si se prefiere. Y no un atractivo físico, que también y desde figuras alejadas de los cánones (es enriquecedor su mensaje de que «para la sensualidad no existe peso ni edad»), sino uno espiritual. La buena vida es un precioso reflejo de la lucha cotidiana que cada mujer, cada persona, emprende en el día a día. Y Fratini lo afronta siempre con una sonrisa. No con una únicamente soñadora o positiva, sino con una que ayude a mitigar los problemas diarios, las dudas que todos tenemos. La mirada del libro es femenina, y hay muchas páginas en las que se puede llegar a entender que su mensaje es de y para mujeres, pero es especialmente gozoso cuando lo que escribe, lo que dice y lo que dibuja es completamente universal, algo que, afortunadamente, sucede muy a menudo.
Todo abraza una cotidianidad tan agradecida aunque los mensajes de Fratini no sean nuevos. Lo que engancha, no obstante, es su particular visión de la vida. No es un mundo de azúcar, pero sí es uno que busca edulcorar con optimismo. Y por eso sus figuras son vitales. A simple vista, se podrían incluso pensar que las mujeres de Fratini tienen unos kilos de más, pero justo eso, la carnalidad de sus figuras, es uno de los síntomas de rebeldía de La buena vida. No hay una mujer con kilos de más, «a veces somos nuestro peor crítico», y la belleza, desde su punto de vista, es algo que se puede encontrar en el aspecto y en el ánimo, en la sonrisa e incluso en las preocupaciones. Por eso sus dibujos son tan hermosos, tan atractivos, tan vivos, desde ese sencillo blanco y negro salpicado únicamente con ligerísimas pinceladas de color rosa en el rostro. Puede que a simple vista el peor enemigo de La buena vida sea su sencillez, pero eso es justamente lo que enamora, el poder reconocer en sus viñetas a alguien a quien poder admirar, con quien poder reírse, de quien poder enamorarse, alguien real, tangible y hermosa, que proteste ante las convenciones sociales que nos empujan hacia la infelicidad. Y sí, es un libro sencillo, cuya lectura se completa casi enseguida, porque su centenar de viñetas no requieren más que un vistazo para ser comprendidas. Pero eso, la facilidad con la que Fratini comunica, es el gran triunfo de esta obra.
El libro no tiene contenido extra.