Guión: Grace Randolph.
Dibujo: Russell Dauterman.
Páginas: 192.
Precio: 17,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2014.
Si el primer volumen de Supurbia (aquí, su reseña) mostraba una aproximación valiente y arriesgada al género de los superhéroes, su segunda y última entrega desinfla bastante el planteamiento original. Lo que Grace Randolph proponía era una mirada a héroes con superpoderes a través de sus parejas, de su vida familiar, de lo más íntimo. Pero lo que muestra este segundo número es una historia más de superhéroes, una en la que la fantasía y los elementos de género se colocan claramente por encima de lo que debía centrar la serie, y que en estas páginas queda relegado a un segundo plano. Lo curioso es que esas pocas escenas en las que vuelve la cotidianidad son las que sostienen lo mejor de este final, que no deja de ser otra propuesta de batalla definitiva entre los buenos y los malos. Y no es que lo que se cuenta sea deficiente, sí demasiado apresurado cuando lo que pedía a gritos la serie era un desarrollo mucho más sosegado aunque fuera para llegar al mismo instante climático, pero sí se aleja de lo que se presuponía en la serie y de lo que parecía suponer el principal interés de Randolph. No es un mal relato, entre otras cosas porque Russell Dauterman se muestra cada vez más cómodo en el universo que propone Supurbia, pero la serie acaba dejando una leve sensación de intrascendencia. Suficientemente entretenida, pero una intrascendencia al fin y al cabo.
La sensación es extraña. La serie arrancó siendo una mezcla entre un cómic como La Liga de la Justicia y una serie de televisión como Mujeres desesperadas, y con ese objetivo Randolph buscaba toques de humor, retazos de comedia de situación. Pero en este segundo volumen, a pesar de que aterriza en mitad de la primera serie de Supurbia y ofrece la segunda completa, lo que parece es que se deja de lado ese planteamiento por una apuesta más clásica dentro del género. Con ese cambio de rumbo, no es fácil valorar Supurbia como algo diferente a tantas otras propuestas, por mucho que la mezcla original fuera lo suficientemente llamativa. El caso es que Randolph maneja conceptos atractivos, eso no se pierde en absoluto y además afectan a los dos lados de la historia, el que acontece en las casas, en los dormitorios y en los cuartos de baño, y el que se mueve alrededor de los superpoderes, pero la puesta en escena no mantiene el nivel del arranque de la serie. Todo acaba resultando algo atropellado, menos claro de lo que debería ser entre otras cosas porque no ha habido tiempo material como para que los personajes se ganen el carisma que tendrían que mostrar, y desde luego escasamente desarrollado para el potencial que atesoraba. Randolph no naufraga, pero sí se queda lejos de los objetivos que se propuso al principio.
Supurbia, en todo caso, sigue siendo una lectura amena, pero lo es sobre todo gracias al trabajo de Dauterman. Es verdad que también afecta a su trabajo el hecho de que los personajes no sean tan carismáticos como habría sido necesario en la historia, pero su manejo de la mezcla entre la realidad y la fantasía, entre los civiles y los superhéroes, mantiene un nivel bastante notable. Por eso el clímax final, bien llevado y con buenas y violentas propuestas, acaba dejando un buen sabor de boca que implica a la serie como conjunto, porque Dauterman crea una escena bastante atractiva, en la que juega con acierto con las propuestas turbias y violentas que hay en el guión de Randolph. Quizá el ilustrador, con el color de Gabriel Cassata, abusa ligeramente de los efectos lumínicos, algo que lleva necesariamente a recursos más fáciles que la narrativa generada por el movimiento y la colocación de los personajes, pero en todo caso es un buen divertimento de acción. Supurbia se queda lejos de lo que podría haber sido y se conforma con ser una serie entretenida. Queda la duda de qué podría haber sucedido sin tanta prisa o sin tantos personajes, con el foco puesto de una forma más evidente en algún protagonista principal o con más números para desarrollar las tramas. Quizá la próxima serie de Randolph nos saque de dudas.
El volumen incluye los números 5 a 12 del segundo volumen de Supurbia, publicados originalmente por Boom! Studios entre marzo y octubre de 2013. El contenido extra lo forman las portadas originales de Russell Dauterman y Stephane Roux y un portafolio de bocetos del propio Dauterman.