Editorial: Penguin Random House / DeBolsillo.
Guión: Carlos Giménez.
Dibujo: Carlos Giménez.
Páginas: 488.
Precio: 17,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Enero 2015.
Dice Carlos Giménez en la introducción de este volumen que Historias de sexo y chapuza, que ese es su título original, es el patito feo de sus trabajos, uno que normalmente no gusta a los editores. Puede ser verdad, teniendo en cuenta la fama, trascendencia y repercusión que han tenido otras de sus series como Paracuellos o Barrio (aquí, su reseña), pero al mismo tiempo es difícil rendirse a esa forma de definirla. Lo que hay en Todo sexo y chapuza es un variopinto elenco de malas personas o de tipos desafortunados. Comportamientos innobles, adulterios, mentiras e incluso crueles venganzas, malestares psicológicos de todo tipo, complejos, agresiones y burlas. Es difícil encontrar buena gente en las páginas del libro. Y, sin embargo, recogiendo de nuevo una expresión de la introducción de Giménez, el volumen pone un espejo delante de «los demás hombres y mujeres que, como yo, buscan, encuentran y consumen el sexo a escondidas, cogido al vuelo, con riesgo, entre mentiras, disimulos y grandes dosis de chapuza». Con esa definición se resume bastante bien el contenido de este volumen, puro Carlos Giménez por su estructura de historias cortas por el escenario de triste realismo en el que se mueve y por su reconocible y siempre acertado estilo como dibujante. No será la obra más reconocida de su autor, pero es una para leer, disfrutar y pensar.
A lo largo de los seis álbumes que forman esta obra, es evidente que tiene que ver historias mejores y peores, relatos que sean más y menos divertidos. Toda antología presenta una irregularidad que, además, se agradece, porque supone al mismo tiempo un cambio de tono, de temas o de protagonistas. Quizá el mayor defecto que pueda esconder Sexo y chapuza en su conjunto es precisamente un cierto aire de repetición en algunas historias y temas. A Giménez, sobre todo en los álbumes intermedios, le obsesiona el sida, y le sirve de tema para muchas de las historias, cambiando los personajes que desfilan por sus viñetas pero con tratamientos muy parecidos. Pero quitando ese aspecto, Giménez destaca en lo de siempre, en la facilidad con la que crea personas más que personajes con una verosimilitud espectacular, muy variados entre sí, aprovechando todas las ventajas que le da el hecho de no tener un protagonista fijo y cubriendo un espectro de población inmenso dentro del patetismo en el que se mueven sus relatos. Sexo y chapuza, pese a la inevitable facilidad con la que la primera palabra de su título dispara la imaginación, no es una fantasía erótica, ni tampoco habla de sueños realizables o irrealizables. Así no es la obra de Carlos Giménez, que bucea con enorme acierto en terrenos mucho más sucios, inciertos, incluso desagradables.
Eso no quiere decir que no haya sexo, por supuesto, que satisfaga a quien busque escenas de ese tipo. Y Giménez las dibuja con acierto, con un tono que mezcla el erotismo, la caricatura más cómica y ese dramatismo que preside la parte más chapucera de los relatos que está contando. A pesar de que su estilo es más que reconocible, una de las características esenciales de su obra es la versatilidad. No utiliza un mismo tipo de hombre o de mujer, sus personajes tienen personalidad no sólo por lo que hacen, sino también por cómo son físicamente, por sus curvas o sus peinados, por su vestuario y por su lenguaje. En realidad, cualquier obra de Carlos Giménez tiene algo ganado ya desde el primer vistazo, porque sus figuras son atractivas e incitan a leer lo que sucede en sus páginas. Eso sucede en sus obras más populares y también en este volumen, en Todo sexo y chapuza. No es un mundo alegre y optimista el que describe, no es la lectura amena y dicharachera que su título quizá pueda sugerir a algunos, pero eso es algo muy presente en la trayectoria de Giménez. Lo que se ofrece aquí es humor negro, cinismo y bajas pasiones en cantidades industriales. Y en eso el autor se maneja francamente bien, completando mundos complejos en pocas páginas para que cada historia sea un todo que oscila, con muy pocas excepciones, entre lo notable y lo brillante.
El volumen incluye los seis álbumes de Historias de sexo y chapuza, con historias realizadas entre 1989 y 1997. Además de las cubiertas originales, el único contenido extra es una introducción del propio Carlos Giménez.