Guión: Brian Azzarello.
Dibujo: Eduardo Risso.
Páginas: 240.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Octubre 2014.
Brian Azarello y Eduardo Risso consiguieron que 100 balas enganchase desde el primer número, desde sus pequeñas historias cortas, las que invitaban a seguir a algún don nadie en la lucha contra sus demonios personales y el uso de esa maleta con una pistola y cien balas imposibles de rastrear para asesinar a quien arruinó su vida, hasta su gran historia de fondo. Pero este sexto volumen lo que confirma es que la historia de fondo se impone. No porque sea mejor que los relatos más breves, sino porque Azzarello ha puesto un mimo especial en esa construcción más general, que ahora afronta un capítulo trascendente y que se extiende incluso al relato corto que sigue a su historia central. Y no es casualidad que buena parte de la excitación que produce llegar a este punto tenga que ver con el regreso de Dizzy, el primer personaje que se presentó en la serie y uno de los más sobresalientes en toda la serie. Tampoco es casual que la historia se desarrolle en Nueva Orleans, con una trama eminentemente noir, con su femme fatale de fondo, con el jazz sonando entre las viñetas, y con un Eduardo Risso capaz de captar todos esos matices sin salirse del estilo habitual de 100 balas. Puestos a poner una pega, como la edición recoge diez números americanos y no relatos cerrados, este es el primer volumen que deja uno a medias. Un precio liviano ante una nueva entrega de una serie fascinante.
Milicianos y el Trust, Dizzy y el señor Shepherd, Willy Times, el agente Graves, Nueva Orleans y el jazz. Todo eso está presente en este sexto volumen de 100 balas, que es una confirmación más de la brutal habilidad de Azzarello para desplegar un mundo violento, fundamentalmente de hombres pero con personajes femeninos fascinantes (no sólo Dizzy, sino también April, una joven que se sitúa en el centro de la trama local de Nueva Orleans como motor emocional de muchos de sus actores). Así, Wylie en la ciudad del vudú es una de las historias más largas de 100 balas, siete partes más un epílogo, en la que Azzarello mezcla con su habitual maestría una trama episódica dentro de la gran guerra que ha desatado. Los muchos personajes que desfilan por sus páginas lo hacen con elegancia, sin que nada parezca forzado, e incluso las casualidades más inverosímiles que se producen a lo largo del relato adquieren un dramático aire de verosimilitud. Esa es una de las grandes virtudes de la serie en su conjunto, que todo parece creíble dentro de esa atmósfera deprimente y criminal que se va desgranando poco a poco. Y en ese sentido hay que detenerse de nuevo en la elección de Nueva Orleans como escenario, porque no es que haga funcionar esta parte de la historia sino que se convierte en parte integral de la misma sin necesidad de recurrir a tópicos argumentales o visuales.
Esa segunda parte, la visual, es la enésima demostración en las páginas de esa serie de que Risso es un genio. Muy lejos del estilo realista que tan bien funciona en el noir, 100 balas es gracias a él un título diferente, singular y puntero del género, toda una referencia que trasciende su propia época (ya han pasado diez años desde la publicación original de estos números). Es difícil decir si tiene un dominio más absoluto de sus muy características figuras en sombra o de la magnífica elección del punto de vista desde el que golpea una y otra vez al lector para hacerle partícipe de los momentos más violentos y sorprendentes de la historia, pero lo que sí destaca por encima de todo es que sus magníficos personajes, carismáticos y reconocibles en cualquier situación, están a la altura de la prodigiosa atmósfera que crea en cada escena, con la inestimable ayuda del trabajo de color de Patricia Mulvihill. Los diálogos de Azzarello son magníficos, pero Risso incluso reta al lector a que pase por las páginas sin prestarles atención, haciendo que cada viñeta hable por sí sola. La mezcla entre ambas cosas es sencillamente sobresaliente. Y por eso 100 balas es tan irresistible. Porque pasando ya el ecuador de la serie, que llegó a los cien números y que en esta edición tendrá diez volúmenes, sigue pareciendo tan fresca, nueva, original y contundente como al principio.
El volumen incluye los números 51 a 60 de 100 Bullets, editados originalmente por DC Comics a través de su sello Vertigo entre septiembre de 2004 y junio de 2005. El único contenido extra son las cubiertas originales de Dave Johnson.