Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Roger Petersen, Cliff Chiang, Rick Magyar, Steve Lieber, Guy Davis y Paul Pope.
Páginas: 128.
Precio: 12,50 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Octubre 2014.
El arranque de esta etapa de La Cosa del Pantano ya dejó claro que quería marcar diferencias con el paso de Alan Moore por la serie, y no sólo por el radical cambio de protagonista, de Alec Holland a su hija, Tefé, sino también y sobre todo por el tono. En realidad, llegando a este segundo volumen, La jungla de asfalto, queda bastante claro el objetivo de Brian K. Vaughan, precisamente por una de las apariciones de la Cosa del Pantano en un flashback junto a su hija. Es ahí donde quedan meridianamente claras las diferencias entre ambos personajes y, por tanto, entre sus historias. Y es en ese mismo número cuando Vaughan sienta las bases del personaje que quiere trazar. Lo que le interesa no es la hija de Alec Holland, ni siquiera que sea su sucesora, tampoco convertirla en uno de los habituales personajes con una misión que suele utilizar el autor en sus series, desde Y, el último hombre a Saga, sino que se trata de una adolescente perdida, en pleno aprendizaje vital, que pretende saber cuál es su objetivo pero en realidad no lo sabe. Eso es lo que hace atractiva esta visión del universo de la Cosa del Pantano, mezcla entre los temas y las formas más recurrentes en la trayectoria de Vaughan y los del personaje. Esa mezcla hace que no sea una serie fácil, ni para los lectores habituales de la Cosa ni para los seguidores de Vaughan, pero al mismo tiempo deja espacios para su disfrute.
De hecho, eso que también es su fortaleza se convierte también en la mayor debilidad de La Cosa del Pantano. Si se entiende el primer volumen, Seres queridos (aquí, su reseña), como la presentación, no es fácil de asimilar que ya en el segundo se cambie tan fácilmente el pretendido objetivo de la serie para encontrar nuevos escenarios. Es verdad que hay suficientes elementos interesantes como para que la historia mantenga el gancho, pero sorprende la facilidad con la que Vaughan se deja llevar. Da la impresión de que tiene mucho más interés en el quién que en el qué, y eso hace que lo mejor de La jungla de asfalto se concentra en Tefé, en su protagonista. El personaje es intrigante y atractivo, y Vaughan combina muy bien sus características mitológicas, las que le dan sus poderes y el hecho de no ser humana más que en parte, con las cotidianas. Así, hay rasgos muy humanos en su comportamiento (y la venganza es el más claro de todos), pero otros que rompen completamente las convenciones sociales más asentadas. Ahí es donde Vaughan convence por completo, porque además sabe construir alrededor de Tefé un buen grupo de personajes. En eso, como ha demostrado en tantas otras series, es un maestro. Pero es verdad que falta algo de rumbo en la historia central, que de momento no está a la misma altura de lo bien que está construyendo a la protagonista.
Aunque en este segundo volumen acaban desfilando hasta seis dibujantes, el principal sigue siendo Roger Petersen. Lo que ocurre es que, además de las dos historias cortas que cierran el volumen, en un número de la serie regular se suman tres, Steve Lieber, Guy Davis y Paul Pope, encargándose cada uno de ellos de uno de los flashbacks con los que se añade algo más de información sobre los tres protagonistas. Pope, que se ocupa de esa mencionada escena entre la Cosa del Pantano y Tefé, es claramente el que más destaca. Petersen hace un trabajo bastante asesado, apenas con un problema. Siendo una serie que está bastante anclada en un mundo realista, en conversaciones y entornos humanos, lo que más destaca está en las pocas secuencias fantásticas que hay en el relato, sobre todo el sueño de Tefé, que es lo que le permite moverse en una narrativa distinta, colorista y original. Siendo pocas y sobresaliendo de las demás, esas páginas hacen que el resto luzca algo menos de lo que en realidad merece, porque el trabajo es bueno. Tanto el guión como el dibujo muestran que La Cosa del Pantano es una serie bastante interesante pero que aún no ha llegado tan lejos como pretende. O quizá es simplemente que está un peldaño por debajo en las comparaciones, sea con el periodo que Alan Moore pasó en la serie o con respecto a otros títulos mucho más populares del propio Vaughan. Pero interés tiene bastante.
El volumen incluye los números 6 a 9 de Swamp Thing y material de Secret Files and Origins: Swamp Thing, publicados originalmente por DC a través de su sello Vertigo entre octubre de 2000 y enero de 2001, y el número 3 de Vertigo’s Winter Edge, de enero de 2000. El único contenido extra son las cubiertas originales de Rick Berry, Simon Bisley y Phil Hale.