Guión: Max.
Dibujo: Max.
Páginas: 88.
Precio: 14,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Diciembre 2014.
Se podría ventilar una crítica sobre Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín el surrealista simplemente recordando que fue la obra que ganó el Premio Nacional de Cómic en el año 2007, el primero en el que se concedió dicho galardón. Eso ya da a este libro una dimensión histórica que ningún otro podrá compartir en el futuro y sirve, por muy parcial y subjetivo que pueda ser siempre un galardón, para hablar de su categoría en este medio. Pero dejarlo ahí sería injusto con Max, un autor que en estas páginas se muestra como un genio de desbordante imaginación, capaz de hacer que un tebeo plagado de referencias intelectuales, filosóficas y artísticas (ya desde su simple título, que recuerda lo que tendría que haber sido la traducción literal del francés surréalisme que acabo en español como surrealismo) se pueda leer con la misma facilidad por un lector erudito y formado que por otro que simplemente quiera admirar la extrañeza que desprenden sus páginas, contenedores de historias de diferentes formatos y extensiones con Bardín como protagonista, un tipo que un buen día hereda los poderes superrealistas que le permiten transitar ese mundo. Lo onírico, lo fantasioso, lo extraño y lo artístico se dan así la mano de una forma accesible y tremendamente original.
Dado que el introductor de la primera historia de Bardín y de su acceso a este mundo pintoresco es el perro andaluz como el primero de los varios homenajes que hay en la obra hacia Luis Buñuel, queda clara la pretensión de Max de transportar al lector al superrealismo, donde los límites no son los que dictan ni la física ni la lógica. Y precisamente por el espléndido uso que hay de lo absurdo a lo largo de estas páginas, no es necesario conocer las referencias artísticas y vanguardistas que maneja Max para disfrutar de sus hallazgos en las viñetas. Y es que Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Badín el superrealista se presta con enorme facilidad a esos dos niveles de lectura, lo que habla de su enorme riqueza. Dentro de esa genialidad encajan desde la íntima proclama personal de amor por el medio (ese «dibujar es un acto de amor gratuito, anónimo y automático!!» suena como algo que en realidad Max nos está diciendo a través de su personaje) hasta las escenas oníricas, pasando por el aparente realismo de algunas escenas (destaca el maravilloso plano fijo en ocho viñetas de En el parque), los profusos diálogos que marcan bastante de las historias o la ausencia total de diálogos en otros, incluso la ruptura absoluta de la cuarta pared pero no para dirigirse al lector sino para hacer del propio Max un personaje al que se menciona pero nunca llegamos a ver.
La sencillez del trazo de Max como dibujante esconde una brutal complejidad narrativa que, de nuevo y como sucede con los relatos, se puede disfrutar como la imaginativa locura que se ve a simple vista o también buscando la gran cantidad de referencias culturales y artificios narrativos que esconde. Sus figuras son simples, su simbología y su poder metafórico no. Y eso contribuye de tal manera a hacer de la lectura de Bardín el superrealista una experiencia única que casi resulta imprescindible volver a recorrer el camino y deleitarse con cada pequeña viñeta, obras de arte en sí mismas incluso desgajadas del conjunto del libro o de la historia de diferente extensión a la que pertenezca. Max no necesita un dibujo realista para superarlo, sino que su propia forma de ver la vida, el mundo y los sueños le sirve como base para dar ese salto a un mundo superior, el superrealista y poblarlo de imágenes fascinantes y potentes. Eso se ve con mucha claridad en El ruido y la furia, la portentosa y desatada historia muda que cierra el volumen, pero en realidad forma parte del conjunto desde el principio. Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Badín el superrealista no es un tebeo al uso y precisamente por eso tiene un valor especial. Uno que no necesita de la erudición para ser disfrutado, aunque ayude en algunos momentos a encontrar nuevos niveles de disfrute. Qué fantástica es la rareza en el mundo del cómic.
El libro contiene historias publicadas originalmente en diferentes cabeceras entre 1997 y 2006. Esta edición, primera en rústica, es la tercera que publica La Cúpula tras las que editó en los años 2006 y 2007.