Guión: Daniel Clowes.
Dibujo: Daniel Clowes.
Páginas: 148.
Precio: 15,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Diciembre 2014.
Daniel Clowes intimida. Esa es una primera sensación difícil de eliminar del pensamiento del lector, porque su trayectoria, los temas que trata y la presentación de sus cómics así invitan a comportarse. David Boring, como buena obra de Clowes, efectivamente intimida. Es de esos tebeos que se empiezan a leer con la sensación de que hay que pasar por sus páginas con un cuidado especial, con una atención más intensa y con todos los sentidos bien despiertos. Y sí, esa exigencia forma parte de la forma en la que Clowes entiende el medio, pero todo esto acaba derivando en una experiencia placentera y menos exigente de lo que puede parece a priori. ¿Por qué? Porque David Boring es una novela gráfica muy buena. Su construcción es tan delicada y meditada que todos los temas y personajes que van asomando en y entre las viñetas se van asimilando con facilidad. Es, como cabe esperar antes de zambullirse en sus páginas, una historia densa, compleja, truculenta incluso, cambiante entre los tres segmentos que la conforman pero siempre sugerente a muchos niveles, en el desarrollo del género noir que propone desde el principio con una continua narración en off, en la detallada explicación sobre el personaje protagonista, su personalidad y sus obsesiones, y en el peculiar grupo de secundarios que rodean al actor principal. Y así todo acaba siendo tan extraño y atípico como atractivo y fascinante.
Lo primero que se ve en David Boring es la portada de un tebeo ficticio de la Edad de Plata del cómic norteamericano y, a continuación, sin más ruptura que el salto del color al blanco y negro, una fría escena de sexo. Eso es David Boring, una descripción de un personaje tan singular que resulta casi imposible de definir si no es a través de sus obsesiones, que de alguna manera son las que Clowes vuelca en esta obra. Y es que la clave está en las obsesiones. El sexo, las formas femeninas, la muerte, la guerra, la familia, la soledad… Todo en David Boring, como personaje y como novela gráfica, acaba convertido en una obsesión, y por eso es tan adictiva la espiral que va trazando Clowes en una huida hacia adelante, sin un propósito que el lector pueda anticipar y sin una sinopsis que pueda contener todo lo que ocurre en sus páginas. El hecho de que hasta su final sea desconcertante parece formar parte del juego que propone esta novela gráfica. No es empatía lo que busca, sino un asombro continuo, quiere un lector descolocado, incluso perplejo, para que la experiencia sea toda una sorpresa continua. Y eso lo consigue con maestría, porque cuando esos son los objetivos es muy fácil caer en lo inverosímil. David Boring, incluso en sus escenas más descabelladas o en sus obsesiones más incómodas, no pierde nunca una sensación realista tan contradictoria como apasionante.
Otro de los méritos de Clowes es dar vida a sus historias a pesar de que su estilo de dibujo se presenta a priori como un obstáculo. Un lector acostumbrado a Clowes sabe que, pese a su trazo frío y pretendidamente desapasionado, sus tebeos son capaces de provocar sensaciones muy fuertes. Daniel Boring no sólo no es una excepción sino la quintaesencia de su técnica como ilustrador. De nuevo el salto entre el cómic de la Edad de Plata y la primera secuencia de sexo resulta clave para calibrar sus posibilidades, sobre todo por parte de un lector que haya buceado en la obra de Clowes o que viva aquí un primer contacto. Una de las armas que mejor emplea el autor para eliminar esa frialdad en la foto fija es precisamente su narrativa. Espléndida con y sin diálogos (¿hay un mejor retrato de la obsesión de David que la escena muda en la que se abre camino finalmente hasta el trasero de Wanda?), también con las maravillosas ilustraciones a color que dividen la obra en sus tres episodios. Hay en David Boring muchas lecturas, y eso es lo que hace grande este cómic. Se puede interpretar como un retrato social que, de hecho, abarca varias épocas y varios miedos sociales que han ido cambiando. Es también un libro sobre la juventud más apática y obsesionada. Incluso un relato de amor, de un amor cambiante, obsesivo e incluso enfermizo. Y es un tebeo puro de Daniel Clowes. Tan elitista desde sus cimientos como genial.
David Boring se publicó originalmente en los números 19, 20 y 21 de la revista Eightball, de Fantagraphics, de mayo de 1998, febrero de 1999 y el mismo mes de 2000, y posteriormente recopilado en un volumen de Random House en el año 2002. Esta es la sexta edición que publica La Cúpula, siendo las anteriores de 2002, 2003, 2005, 2007 y 2009.