Director: Mark Steven Johson.
Reparto: Ben Affleck, Jennifer Garner, Michael Clarke Duncan, Colin Farrel, Jon Favreau, Joe Pantoliano.
Guión: Mark Steven Johnson.
Música: Graeme Revell.
Duración: 100 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 14 de febrero de 2003 (Estados Unidos), 7 de marzo de 2003 (España).
Una de las primeras muestras del éxito entonces recientes descubierto del cine de superhéroes fue Daredevil. Con X-Men y Spider-Man triunfando entre los aficionados, la crítica y la taquilla, era evidente que los estudios iban a buscar filones en cualquier lado. Fox buscó el suyo en Daredevil, aunque la apuesta salió relativamente mal. No en la vertiente económica, puesto que el dinero que ganó sobrepasó con creces el doble de lo invertido en el filme, pero sí en el resultado final de una película que pecó de ambición a la hora de introducir elementos para darles tan poca profundidad y que fracasó incluso después de haber logrado lo más difícil: que el aspecto de Daredevil fuera creíble. Los superhéroes de fantásticos poderes o los que visten armaduras de diferente clase son más fáciles de adaptar que un personaje que, en el cómic, simplemente viste un traje llamativo. Y el diseño del héroe en el filme es espléndido. En foto fija, insuperable, con un tono de rojo acertado para ser realista y a la vez deudor de su procedencia de las viñetas. Algún exceso digital hace que el personaje pierda algo de credibilidad, pero en líneas generales cada vez que el justiciero aparece en la pantalla la película crece bastante. ¿Qué falla entonces? Probablemente, todo lo demás, partiendo del punto más endeble de la película, el guión del también director Mark Steven Johson, que unos años después se encargaría también de Ghost Rider.
Es loable que, en el fondo, el guión quiera ser un continuo homenaje a los grandes tebeos de Daredevil (algo que se manifiesta además dando nombre de guionista o ilustrador de los tebeos del Hombre sin Miedo a incontables personajes o con el ya clásico cameo de Stan Lee o el de Kevin Smith), pero es igualmente evidente que es demasiado para una película que, además se queda en cien minutos. No hay tiempo real para desarrollar nada y, al haber tanto, todo queda infrautilizado. Se quiere contar la historia del origen de Daredevil, su drama personal al convertirse en vigilante, su historia de amor con Elektra, el enfrentamiento definitivo de ambos con Bullseye y por supuesto la guerra contra Kingpin, el jefe criminal de Nueva York. Absolutamente imposible que nada llegue a una situación satisfactoria, porque cada una de esas historias habría merecido una película para ser desarrolladas en condiciones. Por eso, lo que sobre el papel es ambicioso en el resultado final acaba pareciendo simple. Aunque Daredevil y su alter ego, Matt Murdock, sí están llevados con algo de acierto, no se puede decir lo mismo del resto de personajes. Elektra está lejos del personaje que debería ser, y sobre todo fallan los villanos de la función, un histriónico y absurdo Bullseye y un Kingpin carente de garra, que no falla en lo más polémico en su momento, el cambio de raza por la elección de un acertado Michael Clarke Duncan.
En realidad, ninguno de los actores es capaz de hacerse con el personaje. Ben Affleck, correcto como Daredevil, no convence como Matt Murdock. Jennifer Garner es la más perjudicada por el estilo videoclipero de Johnson, muy marcado en la peor escena de la película, la ¿pelea? en el parque con Matt a la que es difícil encontrarle el sentido (y que tristemente se emparenta con la escena de la cancha de baloncesto de la horrenda Catwoman, aquí su crítica) pero también en los planos de su entrenamiento con los sai. El personaje de Colin Farrel es el menos fiel a su referente del cómic, dejando muchas más dudas incluso que la polémica frontera del asesinato que sí está dispuesto a traspasar el propio Daredevil. Y aunque Duncan convence como Kingpin, pero no se ve de verdad ese gran jefe criminal que tendría que ser, ya que tiene muy poco protagonismo más allá de contratar a un asesino a sueldo y pelear contra Daredevil en el clímax final. A todos, en realidad, les falta peso. Al propio Daredevil le falta definición. Johnson quiere llevar al personaje a otro terreno distinto del habitual y del más logrado en el cómic, pero se olvida de que lo que mejor funciona con él es su deseo de justicia, no la venganza. Por eso, aún con un aspecto definitivo (y con una manifestación de sus poderes bien trasladada a la pantalla), a veces cuesta reconocer al personaje.
Daredevil no es, en todo caso, un fiasco, ya que supera a otras películas de corte similar, pero todo parece demasiado escaso como para ser una versión apreciable de un personaje que la película construye con demasiados parecidos a Batman (aquí, su crítica), con demasiados riesgos cercanos a Catwoman y lejos de la conexión que seguramente habría agradecido más, que habría sido la de Spider-Man (aquí, su crítica). Lo que cuenta el filme es entretenido para formar parte de estos primeros años del superhéroe como fenómeno cinematográfico, aunque se quede en una anécdota son la trascendencia que quiere adquirir con sus giros más dramáticos, y a pesar de los evidentes defectos que se aprecian ya en un primer visionado y que con los años parecen haber aumentado. Se intuyen elementos complejos, pero nada pasa de la superficie. Hay además fallos de continuidad tan evidentes o detalles que no se tienen en cuenta (por ejemplo, la herida de Daredevil en la primera parte del clímax que forman hasta cuatro peleas diferentes) que la película sufre más de lo debido. Es un quiero y no puedo, un sí pero no, un filme que tiene cosas que pueden gustar mucho y otras que, directamente, suponen errores claros en una adaptación de Daredevil. Por eso, no es una película a adorar, pero tampoco una a despreciar del todo. Es peor de lo que parece, pero ofrece un mínimamente correcto entretenimiento.