Guión: Judith Vanistendael.
Dibujo: Judith Vanistendael.
Páginas: 280.
Precio: 26 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2014.
Cáncer. La palabra más tabú de cualquier idioma. Y aplicada a la ficción narrativa una seria advertencia. Por un lado, es obvio que la historia que gira en torno a esta devastadora enfermedad va a ser dura, intensa y emocional. Pero por otro lado, y al mismo tiempo, es un aviso de que hay muchas trampas que sortear. Es muy fácil caer en sensiblerías, transitar lugares comunes e incluso manipular al lector para distraer su atención de los defectos que pueda tener un relato. Pero Los silencios de David el lector puede abrirse sin miedo, puede sentir y emocionarse, vivir la experiencia de la familia protagonista sin necesidad de revestirse de corazas. Es una novela gráfica extraordinaria que, efectivamente, trata sobre el cáncer. Pero es mucho más que eso, es un retrato humano brillante que descubre una inmensa gama de tonalidades entre el dolor por la enfermedad y la imaginación de una niña, hablando de la soledad, del miedo, de la responsabilidad, de la eterna y perpetua relación entre la vida y la muerte. Incluso siendo un cómic holandés, que Los silencios de David fuera nominada a tres premios Eisner (mejor autora completa, mejor dibujante y mejor edición americana de material internacional) no es ninguna sorpresa.
La clave de la obra está en la forma sencilla, sutil y delicada con la que Vanistendael une el momento en el que David recibe la terrible noticia de que padece un cáncer con el nacimiento de su primera nieta, Louise. La autora divide la obra en tres partes, narradas a través de los ojos de tres de los protagonistas. Tras el prólogo, arranca con Miriam, hija de David y madre primeriza. Continúa con Tamar, la segunda hija de David, fruto de su segundo matrimonio y dieciséis años más joven que Mirian. Y finaliza con el propio David. Fascina de principio a fin la mirada de cada uno de los personajes hacia la situación familiar en la que viven, sus afectos, sus necesidades, sus ideas sobre la nueva vida que ha llegado a su mundo y la que puede desvanecerse. Juventud, infancia y madurez. Tres formas diferentes de ver el mundo que se complementan de forma exquisita. Vanistendael esquiva todos los problemas emocionales que puede provocar una historia de este tipo para firmar un relato tierno y emocionalmente complejo. No hace falta saber si el relato surge de una experiencia personal o cercana, porque el realismo desborda cada página con una fuerza terrible.
A esa sensación contribuye la extraordinaria habilidad que tiene para narrar todas las situaciones como ilustradora. Las distorsiones que hay en la mirada enferma, el acceso a los mundos oníricos, la imaginación de la niña, la magia del alumbramiento de una nueva vida, la forma en que se siente la soledad o el amor. Todo es delicado, todo es bello, incluso sabiendo que la tragedia es el motor de una historia conmovedora por lo que sucede y por lo que se intuye. Alejarse del realismo en el dibujo y ofrecer un relato maravillosamente realista es algo que no está al alcance de todo el mundo y es exactamente lo que sucede en Los silencios de David. Sin su maestría como ilustradora, Vanistendael no habría generado el mismo impacto que produce, por mucho que su guión hubiera sido el mismo. El manejo de las luces y las sombras, de la realidad y de la imaginación, de la risa y de las lágrimas, es sencillamente soberbio. Y así, sin dejar de tenerlo presente, es como se olvida por completo que este es un tebeo sobre el cáncer para darse cuenta de que, en realidad, es por encima de todas las cosas un tebeo excepcional. El cáncer no es el reclamo fácil. Es lo que lleva a una reflexión espectacular sobre el ciclo vital en el que todos estamos inmersos. Sobresaliente.
Oog & Blik publicó originalmente Toen David zijn stem verloor en enero de 2012. El libro no tiene contenido extra.