Guión: Yuki Urushibara.
Dibujo: Yuki Urushibara.
Páginas: 250.
Precio: 8 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Octubre 2014.
Hay una fusión formidable en el planteamiento de Suiiki entre realidad y fantasía, pero también entre presente y pasado. Yuki Urushibara arranca su historia como la de una joven que visita en sueños un lugar que no conoce, y acaba siendo un ejercicio extraordinario de inmersión en la historia del pueblo en el que vive y de su propia familia. Y no es el cambio lo que engrandece el relato, sino la facilidad con la que Urushibara logra la inmersión del lector en el escenario. Usar el término «inmersión» es casi un mal chiste para destacar la fascinante importancia que el autor da al agua en su universo. Es el motor de la historia en todos los sentidos, el eje en torno al cual se aglutinan todas las vertiente de su creación. El agua centra la diversión juvenil del pueblo en el que acontece la historia, las protestas de los adultos por la construcción de una presa que les puede obligar a abandonar sus hogares, y es el eje en torno al cual se articula el lado más fantástico del relato, uno que Urushibara introduce con mimo y delicadeza para que su historia sea un espléndido drama que habla del amor, de la familia, de los recuerdos y de la muerte.
No es fácil que una historia que tiene mucho de costumbrista tenga al lector siempre con el ansia de pasar páginas para saber qué va a suceder a continuación, pero esa es la sensación que deja Suiiki en su primer volumen prácticamente desde que concluye la primera escena, que se extiende durante diez páginas. A partir de ahí, no hay nada que tenga la capacidad de intrigar. El gran acierto de Urushibara es integrar en una historia tan aparentemente local (por el pueblo en el que acontece la historia y por los personajes que la protagonizan) elementos que hacen que el resultado sea universal. La identificación con los protagonistas es absoluta en cada momento del relato gracias a la claridad expositiva de Urushibara y lo bien que detalla la personalidad de cada uno de los protagonistas. Hay muchos vínculos posibles a los que aferrarse y, de esa manera parece imposible transitar con indiferencia por las páginas de este manga. Puede que el ritmo sea algo lento para algunos lectores, pero la historia necesita esa pausa, que sirve para reproducir sensaciones que efectivamente están vinculadas al agua que marca el relato de formas tan diferentes.
Como dibujante, Urushibara complementa sus muchos aciertos en el guión a través de dos vías fundamentales. Por un lado, es un ilustrador que se maneja a la perfección creando escenarios, y la presencia del agua al igual que la de lugares oníricos y de fantasía le permiten un lucimiento extraordinaria. Ahí es donde están las mejores páginas de este primer volumen de Suiiki. Y aunque a veces, muy pocas, hay alguna dificultad para diferenciar a algunos personajes, el otro punto de brillantez está en la forma en la que transmite sensaciones y emociones a través de los rostros. La melancolía, la tristeza, la curiosidad, la alegría, el cariño… Todo se puede ver en las expresiones faciales de la joven protagonista, Chinami, y de todos los que están a su alrededor. Urushibara, que juguetea con las onomatopeyas en caracteres japoneses para contribuir a la atmósfera que desea crear, firma un espléndido trabajo en Suiiki. Es inevitable sentir la misma fascinación durante la lectura que la que tendría la misma Chinami al ir descubriendo la historia que se mueve a su alrededor. Y es que la primera mitad de Suiiki deja una impronta casi inmejorable, a expensas de que Urushibara sea capaz de cerrar el relato con la misma brillantez.
Suiiki se publicó originalmente en la revista Afternoon a partir de 2009. Kodanasha recopiló los seis primeros capítulos en este primer volumen en junio de 2010. El volumen no tiene contenido extra.