Guión: Sergi Puertas.
Dibujo: Pier Brito.
Páginas: 120.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2014.
La tecnología siempre ha sido el elemento perfecto para que la ciencia ficción consiguiera alcanzar los territorios de lo inquietante. Esa es la raíz de Logout, la primera novela gráfica en la que trabajan juntos Sergi Puertas (que, de hecho, debuta en el mundo del cómic con este título) y Pier Brito, pero no la única reflexión que introducen sus autores en este tan pesimista como cercano relato de género. La historia que crean bucea en fuentes muy reconocibles, como Matrix, Minority Report o Desafío total para reflexionar sobre la posición del individuo en una sociedad marcada por el uso de esa tecnología que permite transportar a un individuo a un escenario de realidad virtual. El enorme acierto de la historia es el de no quedarse ahí, el de dotar a esa idea tantas veces explorada de un contexto único en el que su protagonista, Ronan, es un probador de entornos digitales que sufre las consecuencias de jugar con la mente a todos los niveles, el personal, el familiar o incluso el corporativo. En Logout no se trata sólo de conseguir un universo de ciencia ficción visualmente creíble y accesible, sino de incorporar humanidad para analizar hasta dónde queda esta desvirtuada con una sociedad como la que muestra.
Puertas divide el relato en tres actos y las denomina fases como técnica para realizar la inmersión del lector en la historia de la forma más absoluta posible. Una vez superada la presentación del mundo que imagina de la forma más clara posible (explicando en qué consiste el trabajo de Ronan), el interés es humano. Logout deja de ser simplemente un entorno de ciencia ficción para convertirse en una lucha por comprender qué está sucediendo, la del protagonista pero al mismo tiempo la del lector, embarcados ambos de la mano en un thriller que potencia los lados más oscuros de la sociedad (las adicciones, en el sentido más amplio del término, incluyendo las de las grandes empresas sin escrúpulos). Puertas se muestra muy hábil para conseguir que incluso los escenarios más comunes de una historia de este tipo le sirvan para desarrollarla desmarcándose de otras historias para conseguir ese contraste entre realidad y ficción que ya aventura la historia desde su cubierta. Eso, que se convierte casi desde el principio en la base del relato, es lo que también convierte la lectura en una experiencia tensa y agobiante, porque esa es la sensación que tiene siempre el protagonista.
Uno de los elementos mejor tratados en Logout es el paso del tiempo. Puertas maneja con mucho acierto las elipsis gracias al buen trabajo en ese sentido de Pier Brito, que juega con sus personajes para que vayan cambiando y, al mismo tiempo, sean reconocibles, una tarea que no es nada fácil, y menos en una historia de ciencia ficción, un género que tantas veces se queda en la superficie de mostrar un universo futurista atractivo. Eso lo consigue también Brito, cuyos diseños están a medio camino entre lo que ya podemos intuir en la sociedad de nuestros días y lo que puede estar cerca de llegar, dando al relato una sensación de cercanía tan inquietante como lo que escribe Puertas, y eso mismo es lo que le permite centrarse en los personajes. Según avanza la historia, el retrato es cada vez más implacable, resultado del pesimismo que flota siempre en el ambiente. El dibujo es intencionadamente sucio y realista, casi equiparando ambas sensaciones. Así, Logout no es una historia de héroes, como sí lo pueden ser sus referentes más cercanos. Es, en cambio, una historia de víctimas donde el enemigo no es la tecnología sino la forma en que el ser humano la utiliza. Ahí está su principal interés.
Como contenido extra, el libro ofrece un portafolio comentado por los autores de diseños, bocetos y storyboards.