Guión: Zidrou.
Dibujo: Benoît Springer.
Páginas: 56.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2014.
En la dedicatoria de Léo, Léa, Zidrou habla de lágrimas, pidiendo perdón por hacer llorar a una persona muy específica. Pero en realidad es una disculpa que podría extender a cualquier lector. Léo, Léa es una historia que hace llorar, que atrapa a quien se asome a sus páginas con una fuerza emocional descomunal, brutal e intensa, que hace de su perfecta estructura la mejor herramienta para que sea imposible no ceder en algún momento. Zidrou empuja y empuja hasta que el nudo en la garganta que provoca su historia se rompe y las lágrimas brotan. Es así de potente y, a la vez, así de real. Es una maravilla narrativa que Benoït Springer interpreta a la perfección, no sólo por su excepcional forma de tratar el tiempo narrativo, esos saltos adelante y atrás, esa información dosificada hasta el extremo para que cada puñetazo al estómago llegue en el momento adecuado, sino también por la forma en la que captura cada momento. Y es realmente admirable que un retrato tan contundente de la vida, de las dificultades dramáticas y cotidianas que se asoman en el camino de la protagonista, tenga un final tan hermoso. Por eso, la historia sigue resonando en la cabeza y en el corazón mucho tiempo después de haber cerrado el libro.
Léa es una joven presentadora de televisión que recibe una noticia dramática sobre su familia. A partir de ese momento comienza a revivir su vida, sus errores, sus sentimientos. Todo lo que ha ido forjando su personalidad a lo largo de los años, lo que ha recibido de sus padres, lo que nunca consiguió de ellos, el pesado bagaje emocional con el que carga. Y en ese camino encontrará razones que desconocía y que le permitirán comprender mejor a esos padres a los que creía conocer tan bien. Zidrou maneja las emociones con una maestría que quita el aliento, hasta el punto de que la inmersión en el personaje protagonista es total. Cuando un autor consigue que un lector sienta semejante empatía por un personaje, haya vivido o no cualquiera de las circunstancias que forman parte de la historia, no queda más remedio que aplaudir. Eso es lo que provoca Léo, Léa casi desde la primera página, el aplauso más sincero, porque precisamente sinceridad es lo que desprende el relato. Zidrou hace que Léa no sea un personaje, sino una persona. Que su dolor, sus frustraciones, sus ilusiones y sus recuerdos vivan más allá de cada página.
Zidrou crea una estructura compleja que es un caramelo en manos de Benoît Springer y que este aprovecha hasta sus últimas consecuencias, con una narrativa espléndida y dotando a cada persona y a cada secuencia de un carisma remarcable. Teniendo un estilo tan personal, es brillante que consiga un nivel de realismo y emoción tan intenso, que alcanza un punto culminante, como la misma historia, en la escena en la que Léa descubre los dibujos que tiene guardados su padre, un momento que justifica por sí solo todas las decisiones que van tomando tanto Zidrou como Springer y que da al relato un poso emocional sobrecogedor. Léo, Léa es una de esas excepcionales combinaciones perfectas de fondo y forma. El guión crece tanto por lo que cuenta como por su estructura y el dibujo entiende a la perfección los rincones que el relato debe explorar para lograr la máxima emoción. Zidrou muestra una sensibilidad extrema, una constante en su trayectoria pero que aquí alcanza unos niveles difíciles de superar, y Springer emociona tanto en las escenas más crudas y realistas como en las más rebeldes o incluso en la secuencia onírica. Cuando se siente que no sobra ni falta nada, como es el caso, es que estamos ante un cómic como poco digno de leer y de sentir.
Dargaud publicó originalmente Le beau voyage en enero de 2013. El libro no tiene contenido extra.