Allá por el año 2003, Javier Fesser estrenó La gran aventura de Mortadelo y Filemón, con la que el director de El milagro de P. Tinto llevó a la gran pantalla el universo del genial Francisco Ibáñez. Más de una década después, Fesser vuelve a este maravilloso mundo de cómic que lleva alimentando la imaginación de lectores de muy diferentes generaciones, pero lo hace de una forma diferente. Si aquella era una película de acción real, Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo es de animación en 3D. Si aquella era una fusión entre el humor de Ibáñez y el del propio Fesser, esta pretende reproducir las sensaciones que deja cualquier tebeo de estos míticos personajes de la historieta española de una forma pura. Como parte de la promoción de la película, que llega a los cines este viernes 28 de noviembre, hemos tenido la ocasión junto a otros medios de conversar con el director sobre esta adaptación y sobre su referente en las viñetas, empezando, por supuesto, por la relación que mantiene con el padre artístico de las criaturas.
«Ibáñez es una persona que lo hace todo muy fácil. Yo creo que es un genio que no sabe que lo es, y es muy generoso. Esa generosidad incluye el entender que él maneja magistralmente el lenguaje del cómic y que el del cine es distinto. ¿Cuál ha sido su mayor aportación? Dejarme a mí la libertad y la confianza para que me sienta cómodo haciendo con sus personajes lo que estime oportuno. Siempre desde el convencimiento, porque así se lo he demostrado con el tiempo, de que manejo a unos personajes a los que adoro, a los que respeto muchísimo y sobre todo que me los creo. Y me lo paso tan bien en este mundo y en este universo que él ha creado y que ha diseñado, que es difícil defraudarle cuando parto de un cariño tan enorme por estos dos calvos irrepetibles», explicó. Fesser se mostró encantado de que Ibáñez haya adaptado el guión de la película en un álbum, que saldrá a la venta en unos días. «Yo me doy cuenta, a través de su lenguaje, que es el del cómic, cuáles son los personajes que más le interesan, de qué aspectos quiere sacar partido, cómo rehace un gag sobre otro gag, sobre otro gag que a lo mejor en el guión está solamente sugerido y me permite tener una visión global sobre lo que para él supone esa historia», dice, feliz por haber trabajado así con el autor: «quién me podía decir a mí hace unos años que Ibáñez iba a dibujar una cosa que yo le medio he sugerido y que por otra parte viene de lo que él ha creado».
Fesser dejó muy claro que los personajes de cómic que siempre quiso llevar al cine eran Mortadelo y Filemón. «Hay algo que yo reconozco, se montan en vehículos en los que yo he montado y pululan por calles por las que yo he pasado, y eso es lo que mas me apetece a la hora de retratarlo», razona. Además, se mostró convencido de que lo que Ibáñez «explora de una forma magistral es el gag viasual, pero toda esa parte cinematográfica de historia, de narrativa, hay que añadírsela porque no la tiene especificada en el tebeo», como sí sucede, en Tintín, «historias que no puedo separar de mi infancia», o Astérix y Obélix, cuya traducción del cómic al cine «es más literal, es menos apasionante». En ese sentido, para hacer Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo ha querido «partir de cero», sin tener en cuenta La gran aventura de Mortadelo y Filemón. «Lo otro fue una experiencia que me hizo muy feliz y con la que aprendí un montón. Y era otra cosa, era traducir el tebeo a la imagen real, con actores de carne y hueso, y casi unía el universo de Ibáñez al mío y quedaba otra cosa nueva. Pero en este caso es utilizar la animación para acercarnos al tebeo a tope, para hacer que la experiencia de ver esta película sea parecida en la medida de lo posible a la experiencia de leer un cómic de Mortadelo y Filemón. Y además, con eso cumplo el sueño de hacer una película de animación, que me perseguía desde hace tiempo, porque intuía, como así ha sido, que esto iba a ser un juego, un juguete impagable para calquier director en donde parece que estás metido en un laboratorio de narrativa, donde la cámara la mueves con un ratón y los personajes los colocas donde tú deseas sin que nadie se queje», aseveró.
Una de las sorpresas que se llevó Fesser al trabajar en animación era que pensaba que, al ser personajes dibujados, el proceso de diseño sería más sencillo. «Si yo quiero que en una película de animación en 3D estos personajes sean los del tebeo, los tengo que hacer completamente distintos, porque si los hago iguales no se van a parecer en nada. Es otro mundo, tiene volumen, se mueven, aparecen en perspectivas en las que nunca aparecen nunca en el tebeo, porque es prácticamente imposible encontrar a Filemón de frente o visto desde arriba en ninguna de las viñetas, y porque aparece otra cosa aparte de la perspectiva, que es la cámara y la lente, aparece la deformación, y más en este caso, que a mí me gusta utilizar angulares y estar cerca de la acción. Y con esos angulares, pues un tipo que tiene la nariz así de larga cuando pasa por delante de la cámara es una cosa monstruosa que nada tiene que ver con lo que aparece en el tebeo. Partiendo de una referencia muy exacta, ha habido que reinventarlo todo para que en tres dimensiones y en una pantalla de cine sea y nos remita al tebeo», resumió. A partir de ahí fue capaz de recrear el ritmo del tebeo («parece que Ibáñez tiene vértigo a una viñeta en la que no venga un tanque y se lleve por delante tu casa», bromeó) y el universo que hay de fondo.
«Hay un mundo en segundo término lleno de detalles y de riqueza, con la araña que cuelga del techo, la anciana a la que están atropellando por detrás, o con el ratón que sale de la alcantarilla. Eso está en la película. Como tienes que adjudicarle y administrarle un tiempo a cada plano, es imposible leer todo eso, pero sí te crea esa sensación cuando yo estoy leyendo el tebeo de que me estoy perdiendo muchas cosas pero por otro lado quiero leerlo muy rápido y necesito ver ya cómo termina este gag, y no he terminado este y ya quiero ver el siguiente, y ya volveré después cuando termine a disfrutar esos detalles. Para convertir la experiencia de la película en una parecida a la de leer el tebeo, tiene que estar todo ese exceso de información», explicó, «esa cosa abrumadora de cosas que están ocurriendo que no soy capaz de procesarlas, pero que es verdad que al volver a la película una vez, dos veces o cuatro creo que nunca vas a dejar de descubrir algún otro detalle». Incluso él mismo, «que para bien o para mal la película me la sé de memoria», sigue encontrando nuevos aspectos. «El otro día, en el preestreno de la película, en la sala 25 de Kinépolis, en esa pantalla tan enorme, yo vi detalles de los que no me acordaba e incluso que no conocía, porque todo el proceso de fabricación de la película no se ha hecho en una pantalla tan grande. Y de pronto ves un plano de Jimmy el Cachondo cuando acciona el botón del panel de mandos de su helicóptero y me dio tiempo a leer las chorradas que viene en cada uno de los botones y yo creo que no lo había leído en mi vida. Eso salió del departamento de arte como una cosa que está ahí de fondo», sentenció.
A Fesser no le preocupa dar saltos tan enormes en el espectro dramático de películas como Camino a Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo («el lenguaje del cine es tan generoso, tan enorme, tan potente, que te permite adentrarte en mundos distintos desde sitios diferentes», dijo, convencido de que uno de sus motores es «tratar de no repetirme», hasta el punto de que su siguiente película sera una de imagen real, «dramática e histórica y encima rodada en chino»). A lo que le dio una importancia enorme fue al trabajo de sus actores, admitiendo que el casting fue más complejo de lo que esperaba. «De forma injusta, cuando yo estoy buscando a Mortadelo, cierro los ojos, escucho a una persona interpretar un fragmento del guión y estoy demandándole que ya me dé ese personaje, cuando el personaje es la voz, el cuerpo, la animación, el gesto, la luz, el decorado, lo es todo. También lo complica el hecho de que no estamos buscando voces que luego fueran a ser caricaturizadas ni forzadas ni filtradas digitalmente en un proceso de postproducción de sonido, sino que son voces de los actores. Yo estaba buscando a Mortadelo, a Filemón, a R0ompetechos, al Súper, a Ofeelia, a todos estos», dijo. Y destacó especialmente al Mortadelo que hace Karra Elejalde, «que le da esa cosa de marciano imprevisible», y al Filemón de Janfri Topera, «que para mí es de Premio Nobel de la interpretación, porque mezcla esa chulería, con ternura, con fracaso disfrazo de éxito y con un quiero y no puedo, pero a la vez tan divertido, con esa capacidad de reírse y llorar casi en tiempo real cambiando en un fotograma». «Creo que si tú ves Mortadelo y Filemón y cierras la ojos no dirías que es una película de animación, dirías que es una película rodada y que estás escuchando a los actores y actrices que están en ese momento trabajando», sentenció.
En ese sentido, afirmó que, de cara al mercado internacional, «doblar la película es un reto», pero «por otro lado creo que tiene que ser muy interesante fuera precisamente por lo auténtica que es y por lo española que es». «Yo desde luego soy español, conozco mi situación, los personajes que conozco hablan español, y cuando hablas de lo que conoces es cuando le sacas partido y cuando cuentas cosas interesantes sobre cualquier asunto. Creo que desde aquí se pueden hacer películas, de animación y de no aminación, que rebosen absolutamente de lo que somos, y que eso sea lo que las haga atractivas fuera», añadió. Eso sí, alabó con entusiasmo la animación que se hace en España: «la capacidad técnica y artística que hay en este país para hacer animación es, sin ninguna duda, de primera división y de primer nivel. Otra cosa es que la industria sea capaz de poner en marcha productos que son muy costosos, que son muy largos en el tiempo». Y eso incluye todo el trabajo previo de diseño, «cuadros que deberían estar en el MOMA, en Nueva York». Cuando se le pregunta por la atención que presta en la película a la crítica al mundo de la televisión responde con ironía: «¿Te refieres a que cuando el audímetro está a tope suenan unas ovejitas…?». Sí, a eso y a muchos más detalles. «Son todas cosas muy actuales, pero no creo que especialmente coyunturales. Estoy convencido de que dentro de quince años todas esas referencias televisivas sean casi igual de actuales, porque casi todo son clásicos. Qué triste me parece ahora decir que Gran Fulano, Gran Hermano, es un clásico, pero es así y no vamos a luchar contra la realidad», dijo, convencido de que eso le permitió explorar «una parte más limpia de la historia». «El mundo de Mortadelo y Filemón está lleno de arañazos, de golpes, de sobaos, está lleno de mugre, como la vida misma, y el mundo de la tele de repente es como mucho más pulcro, mucho más limpio en su aspecto superficial», añadió.
Al despedirnos, ya con las grabadoras apagadas, le preguntamos a Fesser si pensamos ya en una secuela. «Vamos a esperar una semana», nos dice. La taquilla manda, pero la diversión ya está en la pantalla.