Guión: Vincent Zabus
Dibujo: Thomas Campi.
Páginas: 84.
Precio: 17,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2014.
El mosaico que crean Vincent Zabus y Thomas Campi encuentra su mejor razón de ser en la frase que la editorial entresaca del guión, pronunciada por una de sus protagonistas, para colocarla en la contraportada del libro: «Basta con llevar una vida discreta para que la gente se comporte como si uno no estuviera ahí. ¡Pero existimos, maldita sea!». Gente corriente es justo eso, el retrato de un grupo de personas que conviven en la misma calle y hasta ese momento apenas habían reparado las unas en las otras. Es, de esa manera, un canto a la trascendencia que tiene cualquier vida, por insignificante que pueda parecer a los ojos de los demás. Y es, al mismo tiempo, un alegato contra la indiferencia con la que casi todo el mundo transita por su día a día. Quizá su problema esté en que no todas las historias y en todos los momentos tienen la misma carga emocional, poética o sensible, y eso se nota ligeramente en el ritmo, pero el conjunto es esperanzador y humano, uno de esos tebeos que uno termina con una sonrisa en la boca por pequeña que pueda parecer la historia que está contando.
El riesgo de que Zabus recolecte en su guión vidas excesivamente intrascendentes se pierde pronto. Ninguna de las que retrata lo son. En realidad, ninguna debería serlo, y esa viene a ser la moraleja de la historia, pero la misma estructura que escoge el escritor, iniciando su narración con las campanadas que marcan las ocho de la mañana y condensando la acción en poco más de un día, ya es un aviso de que va a haber mucho más escondido detrás de ese aire de cotidianidad que se intuye en las seis viñetas que abren Gente corriente. A partir de ahí, Zabus maneja las vidas de sus protagonistas en puntos mucho más culminantes de lo que parece y eso es lo que termina por despertar la empatía del lector con una gran facilidad. Hay aspectos más realistas y los hay más propios de la fábula que del relato costumbrista. Hay una naturalidad diaria, pero también una casualidad excepcional. Pero lo que destaca es la mezcla. Eso es también origen de la leve irregularidad que hay en la historia, pero no es en absoluto una molestia para entender y disfrutar del mensaje esencial de este álbum, que tiene en la sensibilidad su baza primordial.
De esta forma, es esencial que Campi genere la empatía ya desde el mismo diseño de los personajes, y eso lo logra con bastante facilidad. Se mueve muy a gusto en una composición clásica de la página para encontrar ángulos muy significativos para narrar, sabiendo utilizar con mucha habilidad los silencios para comunicar tanto como los diálogos más elaborados del guión. Es ahí cuando los personajes dibujados por Campi cobran más vida, cuando no hay letras a su alrededor, cuando dominan por completo la viñeta y cuando, en realidad, están desnudando su alma para mostrar sus sentimientos. Gente corriente alcanza con su dibujo la parte de naturalidad que el guión por sí solo no puede lograr y contribuye a que esa sonrisa que provoca la lectura de este cómic sea todavía más sincera. Zabus y Campi salen más que airosos de la tarea de mostrar temas muy diferentes, desde la soledad a la muerte, pasando por el amor o la rutina, y hacen que la historia sea sincera y auténtica, incluso haciendo de su entorno una reducido una virtud más que potencia la identificación que puede sentir cualquier lector en algún momento del relato.
Lombard publicó Les Petites Gens en octubre de 2012. El libro no tiene contenido extra.