Guión: Bastien Vivès, Mickaël Sanlaville y Balak.
Dibujo: Bastien Vivès, Mickaël Sanlaville y Balak.
Páginas: 216.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecbierta.
Publicación: Octubre 2014.
Bastien Vivès, Balak y Mickaël Sanlaville habían construido en los dos primeros números de Last Man (sus reseñas, aquí y aquí) una fascinante historia sobre un torneo de lucha en un universo fantástico con un hombre de misterioso origen y un niño como actores principales. Pues bien, el tercer número es un cambio radical en las normas del juego y Last Man pasa a ser una road movie con protagonista femenina que, como primer efecto, aumenta el ansia por pasar páginas y descubrir las particularidades de esta fascinante historia. Si bien en el arranque de este tercer volumen se puede apreciar una notoria influencia de Mad Max, Last Man invita a olvidarse de todo y disfrutar de un viaje singular, en el que casi nada es lo que parece y todo funciona de una forma diferente pero rápidamente entendible. Y si el dibujo de los dos primeros números era ya carismático y brillante, lo que Vivès, Balak y Sanlaville consiguen en esta nueva entrega sobrepasa lo visto hasta ahora, con un formidable trabajo de ambientación y, sobre todo, con la forma en que hacen evolucionar visual y argumentalmente a Marianne Velba, heroína escondida hasta ahora y destapada con brillantez.
Si en algún momento pareció que Last Man dependía del misterio que desprendía su primer protagonista evidente, Richard Aldana, el tercer volumen evidencia que la serie es mucho más grande que su presencia. ¿El motivo? Apenas aparece, y lo hace al final. Vivès, Sanlaville y Balak le quitan el papel de estrella, también al pequeño Adrian y le dan esa condición a Marianne. El acierto es inmenso, haciendo de éste el mejor de los tres volúmenes hasta ahora publicados. Y no sólo por el gran retrato de la protagonista, todo un manual en sí mismo de cómo hacer crecer y evolucionar a un personaje, sino porque cada nuevo escenario, personaje y situación contribuyen con una enorme facilidad a que el universo de Last Man deje de ser una historia de combates, algo que podría percibirse como simplista, y se transforme en algo mucho más ambicioso, emocionante y, de momento, inabarcable. El misterio de Richard Aldana sigue vivo, y a ello contribuye el final abierto de este volumen, pero ahora también hay misterio en Marianne, en su mundo, en la imaginativa frontera que se ha dibujado entre dos mundos que coexisten como mitos el uno para el otro y con incontables elementos más.
Gracias a la mencionada evolución de Marianne, cuyos detalles es mejor descubrir en las páginas de Last Man y no en una crítica o en una sinopsis, Vivès, Sanlaville y Balak hacen de ella el gran reclamo y el mejor acierto de este tercer volumen de la serie. Marianne está en el centro de todo lo que excede el notable. Convence el retrato tanto como la acción, lo más cotidiano con lo más fantástico, la belleza (esencialmente femenina, y no sólo por la exuberante Marianne, sino también por Flore, cuya mirada es hipnótica). Es verdad que los grises que sirven de único color ajeno al blanco y negro (más allá de las coloreadas primeras páginas) no permiten en alguna ocasión la claridad que habría agradecido la historia, y hace echar de menos un color completo que, además, habría añadido una espectacularidad mayor al conjunto. Pero como la pretensión de Last Man es también honrar al manga, uno de sus notorios referentes, se acepta la elección con relativa facilidad. Last Man no deja de crecer, de ampliar su universo y, al mismo tiempo, de aumentar la diversión que produce este camaleónico entretenimiento de corte fantástico, que sabe utilizar las sorpresas, la espectacularidad y la crítica social, oculta entre los pliegues de esa misma fantasía-
Casterman publicó originalmente el tercer número de Last Man en noviembre de 2013. Como en los anteriores números, el contenido extra lo forman dos páginas de pegatinas y un diario de producción realizado en clave humorística y en formato de cómic.