Guión: Pascal Rabaté.
Dibujo: Simon Hureau.
Páginas: 80.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2014.
Si algo demuestran Pascal Rabaté y Simon Hureau en Revienta, cerdo, es que la mezcla de contrarios puede desembocar en una lectura sorprendente. La novela gráfica arranca como un relato costumbrista, pasa a ser después la historia de una infidelidad y después se transforma en una despiadada venganza, antes de desembocar en un sorprendente final. Es como si Alfred Hitchcock presenta, la mítica serie de televisión apadrinada por el maestro del suspense, se asomara al cómic más europeo. La fusión es total y el resultado está cargado de cinismo y diversión, que se va construyendo a partir de los pequeños detalles y que contiene además un pequeño gran homenaje al mismo mundo de las viñetas, al que reconoce un gran poder inspirador. Bajo el envoltorio de una historia aparentemente pequeña, está un divertidísimo retrato de cómo la vida más apacible y mundana, la de un carnicero felizmente casado, puede transformarse en un momento. Puede que durante muchas páginas tenga un halo de intrascendencia, pero justo eso es lo que al final hace que esta lectura pretendidamente pasajera encuentre nuevas lecturas.
La mezcla de Rabaté funciona porque va introduciendo los elementos necesarios para anticipar hacia dónde se van a producir los giros temáticos. Ya en la tercera página, el carnicero descarga su ira sobre una pieza de carne que, además de dar sentido al título de la novela gráfica, deja bien claro que esto no va a ser del todo un relato costumbrista o realista. Que lo es, porque esa es la gracia que tiene toda la historia, que parte de una de las situaciones más cotidianas que se pueden producir en la vida real. Rabaté no pretende moralizar ni crear una historia de buenos y malos, sino encontrar una salvaje vía de escape a una situación de tensión emocional. Esto es un divertimento, y dentro de ese terreno uno muy inteligente porque se apoya con astucia en los personajes. No sólo en el carnicero, sino también sobre todo en su mujer. Rabaté no necesita una exploración muy intensa de los antecedentes ni tampoco un análisis de su vida. Muestra, retuerce y hace que la historia avance, y con eso tiene más que suficiente para montar una astuta y divertida historia de suspense y realidad que tiene en su portada el mejor avance del cinismo que además esconde.
La táctica del despiste que hay en Revienta, cerdo (y que hay que aplaudir porque no es fácil ver por dónde lleva la historia) tiene un aliado fundamental en el dibujo de Simon Hureau. Caricaturesco, casi juvenil, con personajes inofensivos y simpáticos… pero que al mismo tiempo esconden muchísimo detrás de sus expresiones y, sobre todo, de su lenguaje corporal. Si hay alguna duda sobre el formidable efecto que causan las ilustraciones de Hureau, no hay más que detenerse en las páginas que no tienen diálogo, espléndidas descripciones de la situación emocional de los personajes. La mezcla, esta mezcla también, sale estupendamente, porque Hureau sabe sacar partido a lo que cuenta Rabaté pero también a lo que decide no contar. Y así, Revienta, cerdo, acaba siendo una muy agradable sorpresa, que puede tener su principal punto negativo precisamente en su carácter episódico, en que no desea tener una trascendencia mayor que la que el tiempo que tarde el lector en recorrer sus 80 páginas, pero que al menos tiempo deja un regusto delirante después de su formidable clímax y, sobre todo, de su inclasificable (para no desvelar nada) epílogo.
Futuropolis publicó originalmente Crève saucisse en enero de 2013. El libro no tiene contenido extra.