Guión: Garth Ennis.
Dibujo: Steve Dillon.
Páginas: 264.
Precio: 17,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2014.
El primer volumen de Predicador (aquí, su reseña) ya dejó meridianamente claro que la serie arrancaba con un nivel de bestialidad e irreverencia pocas veces visto, mucho menos por parte de una de las grandes editoriales (por mucho que el sello Vertigo marque una diferencia). Pero el segundo aumenta exponencialmente la apuesta. Predicador es una locura desbocada desde el principio, pero en este segundo volumen, estableciendo de dónde viene los dos personajes principales, Jesse Custer y Tulip O’Hare, queda ya aniquilada cualquier barrera que pudiera quedar en pie. Hay, sobre todo en el origen de Jesse, tantos elementos turbios, crueles e incluso indecentes, que no queda más remedio que admirar la habilidad de Garth Ennis y Steve Dillon para que el lector no cierre de golpe el volumen, asombrado por la ausencia total de contención. Es así de salvaje, sin medias tintas, sin subterfugios, descarnado y brutal. Pero que nadie se engañe: Predicador es una serie provocadora pero que no hace de la provocación su elemento esencial. No hay nada gratuito en su planteamiento o en su desarrollo y todo forma parte de un deliciosamente cruel y sádico plan.
Con los adjetivos que se pueden aplicar a los guiones de Ennis, habrá quien tenga la duda de si se trata de elogios o críticas. Sin duda, elogios. No es nada fácil hacer legible una historia cargada de tantos elementos despreciables. Y ésta es más que legible. Engancha. Es difícil explicar por qué, porque todo es desagradable, pero es imposible dejar de pasar páginas. Esa fascinación es más acentuada en la primera parte de este segundo volumen, la que explica los motivos por los que Jesse y Tulip separaron sus caminos años atrás y qué han estado haciendo desde entonces, además de conocer cómo se hizo sacerdote el primero como resultado de una infancia traumática y sumamente desagradable. Pero la segunda, que es más ambiciosa en cuanto a su planteamiento (que no en el trasfondo, no hay que olvidar el papel que Dios juega en esa primera mitad), es igualmente atractiva y el cliffhanger en el que concluyen estas más de 250 páginas no hace sino acrecentar esa sensación de que hay que seguir leyendo. Ennis sabe cómo bucear en lo peor del ser humano, de forma individual y social y crea a partir de esa premisa un mundo incomparable.
Puede que la barbarie moral que va planteando Ennis tenga un aliado imprescindible en el dibujo de Steve Dillon. Sin llegar a evitar nada de forma radical (ni violencia ni sexo), Dillon consigue que todo sea digerible. No rebaja el contenido, ni mucho menos, sino que lo interpreta. El carisma de los personajes se mantiene intacto desde la primera a la última página y eso le permite entrar de lleno en las más bárbaras acciones con sinceridad. No importa que sea un momento de intimidad sexual, uno de descarnada violencia, otro de divertida camaradería o incluso situaciones sencillamente sádicas, que de todo eso hay en Predicador, Dillon encuentra la forma de retratarlo para que encaje en el estilo de la serie. Sería fácil escandalizarse ante un cómic como éste, y más probablemente por lo que hay en este segundo volumen que por lo que se vio en el primero, pero sería absurdo. Lo importante es entenderlo como lo que es, una transgresora historia de ficción que tiene, no hay que olvidarlo, una excepcional historia de fondo para desarrollar a sus personajes. Con sexo, violencia, asesinatos, sodomizaciones, peleas, sangre y lenguaje malsonante, sí. ¿Pero no está ahí la base de su irreverencia?
El volumen incluye los números 8 a 17 de Preacher, publicados originalmente por DC a través de su sello Vertigo entre noviembre de 1995 y septiembre de 1996. El único contenido extras son las portadas originales, obra de Glenn Fabry.