Título original: Teenage Mutant Ninja Turtles.
Director: Jonathan Liebesman.
Reparto: Megan Fox, Will Arnett, Alan Ritchson, Noel Fisher, Johnny Knoxville, Jeremy Howard, Tony Shalhoub, William Fitchner, Tohoru Masamune, Woopi Goldberg.
Guión: Josh Appelbaum, André Nemec y Evan Daugherty.
Música: Brian Tyler.
Duración: 101 minutos.
Distribuidora: Paramount.
Estreno: 8 de agosto 2014 (Estados Unidos), 17 de octubre de 2014 (España).
Hay un problema a la hora de valorar la verdadera eficacia de Ninja Turtles, que para el estreno en España no encuentra traducción a nuestro idioma y al mismo tiempo pierde la mitad de las palabras del título original (con lo que estas tortugas ya no se venden como adolescentes ni como mutantes), y es la duda sobre su público objetivo. Si ésta es una película para niños, pasa el corte. Es lo suficientemente entretenida y tiene cuatro héroes lo suficientemente logrados como para que entretenga lo suficiente. Si es para un público algo más adulto, siquiera adolescente, la película empieza a hacer aguas por todas partes, con un argumento tan soso como cabía esperar, una acción generalmente mal planteada y sobre todo unos personajes alrededor de las tortugas que no funcionan, especialmente la nueva versión de April O’Neil con la imagen de una Megan Fox cada vez más prescindible. Y si quiere ser un guiño a los aficionados de Leonardo, Raphael, Michelangelo y Donatello desde que hicieron su aparición en las historietas de Kevin Eastman y Peter Laird, estamos cerca de perder el tiempo, por mucho que haya elementos con los que se busca un lazo emocional.
La primera conclusión que se puede extraer de lo anterior es que la película es mala. Podría haber sido peor, sin duda, pero es mala. Y si lo es, se debe a un claro error de planificación. Da la impresión de que Jonathan Liebesman, siguiendo los designios del Michael Bay productor, se ha limitado a buscar una serie de planos que quería rodar y los ha ido encajando como buenamente podía en una película que prescinde de cualquier intento de contar una historia verosímil. Es una pena porque lo más difícil, conseguir que las tortugas funcionen, es algo de lo que sí se puede sentir satisfecho. Los protagonistas funcionan relativamente bien, incluso a pesar de ese tono de banda de rap afroamericana que se les ha querido dar y que no encaja necesariamente con lo que uno puede esperar de las Tortugas Ninja. Su humor es atractivo, las referencias culturales que manejan son las adecuadas (lo mejor en ese sentido, sin duda, el chiste sobre Batman), e incluso logran convencer en las escenas más dramáticas (la batalla en las alcantarillas y su resultado). ¿Qué falla entonces? Por duro que pueda sonar, todo lo demás.
Quiere calcar parte de la primera cinta que se hizo de las Tortugas Ninja allá por 1990, así que el protagonismo absoluto del filme recae en April O’Neil, hasta el punto de vincular de una forma tan torpe como innecesaria la historia de la reportera con el origen de los cuatro héroes verdes. Megan Fox tiene que estar presente siempre y su presencia no es en absoluto estimulante, ni siquiera como gancho sexual para adolescentes, algo nada nuevo para el público que recuerde Transformers. Que a estas alturas su mejor momento en una película siga siendo un plano teóricamente gracioso sobre su trasero dice demasiado de su trabajo. Ahí los defectos. Dando como algo a aceptar de forma obligatoria (¿por qué?) que la trama sea insultantemente sencilla e intrascendente, lo que es difícil de asimilar es que la película pierda por completo a su villano. Shredder es un personaje mal construido desde el guión y que encuentra una plasmación en la pantalla imposible de comprender. Es un error visual que ya cometió Lobezno inmortal con el Samurái de Plata y que aquí se multiplica, porque arrasa por completo la personalidad del antagonista, aquí inexistente.
Ninja Turtles no quiere ser más de lo que es, el arranque de una franquicia que dé dinero. Si por el camino se cae la posibilidad de que la película sea algo más es algo que no preocupa ni a sus productores ni a su director. Es tan claro ese propósito que incluso se deslizan frases en el guión que aluden a las críticas que el proyecto recibió antes incluso de comenzarse a rodar (la alusión al origen alienígena de las tortugas, algo que se llegó a dar por hecho al anunciarse la película). Y aunque se quiera capturar al lector con un aspecto más adulto (también eso fue polémico, y funciona bastante bien aún con los cambios) y con una presentación dibujada de la película, lo cierto es que todo cae a unos niveles de tontería tan grandes que el castillo se desmonta, incluso haciendo más estúpidos elementos que ya eran discutibles en las encarnaciones originales (la forma en la que Splinter aprende ninjitsu). Vale la pena una de las tres grandes piezas de acción de la cinta, la primera, la segunda es directamente infumable e incomprensible (la de la nieve) y la última es un clímax solamente correcto. Eso, algún chiste y la escena del ascensor. Para críos vale, pero poco más.