Guión: Miguelanxo Prado.
Dibujo: Miguelanxo Prado.
Páginas: 256.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2012 (2ª edición, enero 2014).
Pocas veces se da una conjunción tan asombrosa entre lo que se cuenta y cómo se cuenta. Por eso no es tan fácil como a veces parece hacer un cómic sensacional, que permanezca en la memoria, que se merezca todos los elogios, que triunfe en tantos ámbitos. Ardalén es uno de esos porque Migueanxo Prado consigue por un lado tratar un enorme espectro de cuestiones emocionales y por otro lo reviste con una estructura magnífica, imaginativa no sólo a la hora de plasmar en sus magníficos dibujos lo que está sucediendo, sino complementando la información con diferentes formas de narrar y un manejo del tiempo excepcional. Ardalén es la historia de Sabela, una mujer que busca información sobre su abuelo, que se marchó a Cuba y nunca regresó, y de Fidel, un anciano que podría tener en sus recuerdos la clave para encontrarle. Así, es una obra sobre la memoria, ese es su tema fundamental, pero habla de ilusiones, de envidias, de sueños y frustraciones. Habla, en definitiva, de la vida, y lo hace con una voz enormemente sincero y por, eso mismo, tremendamente valiosa. Que ganara el Premio Nacional de Cómic en 2013 es un enorme y apreciable reconocimiento. Decir que se queda en la mente del lector es un elogio todavía más justo y adecuado.
Prado firma una obra de impresionante madurez pero, al mismo tiempo, llena de travesuras e ideas valientes, incluso alocadas, las propias de un autor probablemente más joven que éste. Sus personajes son sencillamente exquisitos y es difícil imaginar cómo podría mejorarse el tempo de la historia, que va desvelando información de una forma que impresiona por su perfección. Cada capítulo tiene una razón de ser, cada flashback también, y cada documento que aparece es la pieza que falta para que el conjunto sea deslumbrante. Prado muestra en Ardalén un dominio absoluto no sólo de lo que va mostrando sino de lo que hay en la cabeza de todos y cada uno de los personajes. Es tremendamente fácil conectar con la búsqueda de Sabela, con las inquietudes de Fidel, pero también con la historia de quienes rodean al anciano en su mundo imaginado (aunque es mucho más que eso), con el papel de Celia como desengañada observadora de lo que acontece en el bar o con la ruindad de Tomás, que acaba asumiendo el papel de avaricioso villano con una naturalidad excelsa. Todo cuenta y nada sobra, como tendría que ser en cualquier obra de ficción, pero Ardalén da un paso más, y es que invita a rellenar los huecos, los que hay durante la historia, los que hay antes y los que hay después. No hay límites.
A esa sensación contribuye poderosa y decisivamente brutal trabajo de Prado como ilustrador. No hay elogios suficientes para explicar la forma en la que captura las sensaciones en los rostros, en las miradas y en los cuerpos (ojo a este detalle especialmente en las mujeres) de sus personajes, cómo consigue que cada vez que toma una posición con respecto a la escena sirva para expresar algo. Tampoco sirven las palabras para expresar la completa inmersión del lector en el mundo de Fidel, que se manifiesta casi como un espejismo para el lector y que va cobrando sentido con una naturalidad deliciosa. Todo lo que hace de Ardalén una especial obra maestra acaba confluyendo en un noveno capítulo que, prácticamente sin palabras, es la excelente y perfecta muestra de la hermosura que esconden tanto la historia como el portentoso dibujo de Prado. Todo el capítulo pero de forma singular el instante anterior a la mejor splash page doble que hay en el libro, un instante de silencio, de complicidad, de imaginación y de ternura. No importa lo elevadas que sean las expectativas a la hora de coger Ardalén, sea por las fantásticas críticas que cosechó o por la concesión del Premio Nacional del Cómic, cuando se van pasando sus páginas esas expectativas no sólo se van confirmando sino que se quedan atrás.
Precioso cómic, ya me deslumbró la primera vez que lo leí, y ahora coincido en todas tus sensibles apreciaciones. Un abrazo.