Guión: Grant Morrison.
Dibujo: J. H. Williams III, Tony S. Daniel y Ryan Benjamin.
Páginas: 176.
Precio: 17,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2014.
Siendo éste el segundo tomo de la etapa de Grant Morrison en Batman, tras Batman e hijo (aquí, su reseña) y antes de Batman R.I.P. (aquí, su reseña), y conociendo las pretensiones del británico de hacer que todas las aventuras del Caballero Oscuro que se habían publicado hasta ese momento se condensaran en una única línea temporal, no es de extrañar que eche mano de todos esos personajes, imitadores de Batman, que durante décadas han servido para alimentar el folclore local de las historias. Batman y el Guante Negro se plantea como la respuesta a una pregunta con la que Morrison parece referirse a sí mismo: «¿qué hacen los excéntricos que lo tienen todo cuando se aburren?». En su caso, algo que nadie había intentado en Batman. ¿Revolucionario? Muchas piensan que sí. Llamativo desde luego, porque Morrison disfruta traspasando fronteras complejas de asimilar. Lo que no se le puede negar en ningún caso es la ambición y la ausencia de límites. Y como todo forma parte de un cuadro mucho más grande, es verdad que cada capítulo por separado puede provocar cierta perplejidad en el lector. Pero siempre es una perplejidad fascinante.
Dado que la segunda parte de este volumen entronca con los acontecimientos de Batman R.I.P., y destacando de esas páginas la importancia de Jezabel Jet como interés romántico de Bruce Wayne, el deseo de llevar al límite la personalidad de Batman (incluso con dobles paseando por Gotham) y el siempre atractivo papel de los pupilos de Batman, Robin y Nightwing, tiene más interés centrarse en la primera historia de Morrison de este libro. Con una evidente influencia de Un cadáver a los postres, película de Robert Moore de 1976 en la que los mejores detectives de la literatura popular se reúnen en una mansión para encontrar a un asesino, Batman se rodea de nuevo de los integrantes del Club Internacional de Héroes con una misión similar. Es, en realidad, un germen de Batman Inc., y una prueba para ver hasta dónde es capaz de llegar el lector clásico en la apuesta a la que le reta Morrison. El misterio está bien construido e incluso personajes de dudosa eficacia en una historia contemporánea funcionan francamente bien en manos de este autor. Todo dentro de una historia realista pero con un delicioso toque de ingenuidad del pasado.
Cuando se publicaron estos tebeos de Batman, J. H. Williams III aún no se había consagrado de una forma sensacional con su trabajo para Batwoman, primero en Detective Comics y después en la serie de la heroína de Gotham, pero en estos números ya evidencia su talento. Sus atractivas composiciones de página son el mejor de sus argumentos, pero en absoluto el único, brillando también notablemente en los flashbacks, creados como si fueran cómics de hace unas cuantas décadas. Todo ello mejora gracias al formidable trabajo de color de Dave Stewart. Terminada la historia inicial, coge el relevo Tony S. Daniel, sobradamente conocido por su espectacularidad en la puesta en escena, en las batallas y en las grandes viñetas. Su Batman sigue siendo uno de los mejores que se han dibujado en los últimos años gracias a esas cualidades. Y finaliza el volumen el número que ilustra Ryan Benjamin, que convence buscando influencias a medio camino entre Jim Lee y Scott McDaniel. Morrison y sus excentricidades se benefician siempre del alto nivel gráfico de sus ilustradores. Batman y el Guante Negro no sólo no es una excepción, sino que se trata de un ejemplo perfecto.
El volumen incluye los números 667 a 669 y 672 a 675 de Batman, publicados originalmente por DC Comics entre agosto de 2007 y mayo de 2008. Además de un artículo firmad por David Fernández, el único contenido extra son las cubiertas de J. H. Williams III y Tony S. Daniel.