Guión: Geoff Johns.
Dibujo: Gary Frank, Joe Prado y Jesús Merino.
Páginas: 176.
Precio: 17,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2014.
No es que sean historias especialmente antiguas, pero sigue siendo una delicia releer las aventuras de Superman que escribió Geoff Johns a finales de la década pasada. Cuanto más épicas, más logradas. Cuanto más bucean en el corazón de los mitos del Hombre de Acero, mejor aún suenan durante su lectura y en el recuerdo que al final dejarán en la mente del aficionado, algo que quizá sigue siendo el talón de aquiles del cómic de superhéroes en las últimas décadas. Pero Brainiac es una de esas historias que, ocultas durante la publicación mensual de una serie, pueden quedar algo infravaloradas, pero que si adquieren el formato de la novela gráfica de repente se convierten en títulos a valorar en su justa medida. O cuando, como es el caso, legan a adaptarse para el cine (como es el caso, en Superman. Desatado). Johns maneja la situación y los pesonajes con una enorme habilidad y el dibujo de Gary Frank, que persiste en un muy logrado homenaje a la figura de Christopher Reeve, basta para comprender la enorme trascendencia que tiene la historia y lo bien que encaja con la idiosincrasia del personaje. Nunca Brainiac pareció tan temible y, aunque esto en el fondo es una exageración, pocas veces Superman abrazó con tanta fuerza su lado humano.
Siguiendo lo que había venido planteando en Último hijo y Superman y la Legión de Superhéroes (aquí y aquí, sus reseñas), Johns profundiza en un Superman espléndido, fiel a su tradición pero con características identificables. El libro, de hecho, arranca con la resaca del volumen anterior y la presencia de Batman, y continúa con una historia que actualiza, moderniza y, por qué no decirlo, mejora a uno de los villanos de Superman, el Juguetero. Pero es en Brainiac donde el genio de Johns explota con más claridad. Su versión del personaje y su historia es magnífica, pero también lo es la forma en que consigue relacionar ambas cosas con la humanidad de Superman, con la inestabilidad de la entonces nueva Supergirl en el universo DC e incluso con los valores que los Kent transmitieron al pequeño Clark para que acabara convirtiéndose en el campeón que es el Hombre de Acero. No hay nada suelto al azar. Ni siquiera la importancia que va cobrando la redacción del Daily Planet, Lois Lane o el regreso de Cat Grant en un relato en el que está en juego el destino del planeta. Esa es la genialidad de Johns, que domina con enorme facilidad mezclas de lo épico y lo sencillo para hacer auténtico cómic de superhéroes, el de siempre, el que pueden leer públicos de todas las edades, el que respeta a los símbolos.
Siendo Brainiac lo mejor de esta entrega, es lógico que los elogios en la parte visual se los lleve Gary Frank. Tiene un estilo clásico espléndido (no con todos los dibujantes da la impresión de que el traje de Superman encajaría en tebeos de hace décadas, y eso ha de ser un elogio porque no siempre es necesario innovar cuando lo que se maneja es un icono), y destaca también en la enorme expresividad de sus personajes. Su versión de Supergirl es una buena muestra de ello, pero también los Kent, incluso el terror que hay en Braniac cuando protagoniza un magnífico homenaje de Johns a La guerra de los mundos de H. G. Wells. Y el espectáculo está más que garantizado (sus contrapicados son fantásticos y sus escenas de pelea están francamente bien coreografiadas). Jesús Merino, que se encarga de la historia del Juguetero, está a muy buen nivel y el punto más débil del volumen, sin merecer grandes reproches, está en las páginas de Joe Prado para el número que lo abre. Pero Brainiac basta y sobra para que la lectura sea muy satisfactoria y espléndida muestra de todo lo que ha de contener un buen cómic de superhéroes: acción, peleas espectaculares, dramas humanos que afecten a los héroes y no les hagan cuadriculados, buenos diálogos y un dibujo magnífico.
El volumen incluye los números 864 a 870 de Action Comics, publicados originalmente por DC entre junio y diciembre de 2008. Además de dos artículos de Javier Olivares Tolosa, el único contenido extra son las cubiertas originales, obra de Kevin Maguire, Gary Frank y Andy Kubert.