Tras Españistán. Este país se va a la mierda, Simiocracia. Crónica de la gran resaca económica y Europesadilla. Alguien se ha comido a la clase media, Aleix Saló vuelve al primer plano de la actualidad con la nueva edición en castellano de su primera obra, Hijos de los 80. La generación burbuja (aquí, su reseña), que hasta ahora sólo se había publicado en catalán y que Penguin Random House recupera para su catálogo. Con esa excusa, charlamos con el autor un poco de todo, de su trayectoria, de la crisis que hay en el medio, de sus referentes y de sus opiniones sobre esa generación burbuja y sobre muchos más temas. Y uno siente que sólo haya sido una charla de media hora, que haya sido una entrevista y no una conversación más profunda, porque Aleix Saló es uno de esos tipos que siempre tiene algo interesante que decir, formado e informado. Aquí está lo que nos contó, un discurso que invita claramente a lanzarse a sus libros para devorarlos.
Este es un libro publicado en 2009, hace cinco años. ¿Considera vigente la definición de «generación burbuja» para los hijos de los 80?
Sí, porque digamos que los años que nos moldearon como generación ya ocurrieron, eso no va a cambiar. Yo hago mucho hincapié en la importancia de la infancia en nuestra generación y cómo parece ser la etapa que más nos ha marcado para bien. Cuando intentas describir una generación, lo que sueles hacer es compararla con generaciones anteriores y la sensación que me da es que la generación de nuestros padres, los baby-boomers, aunque tuvieran una infancia no excesivamente acomodada, en un entorno quizá un poco asfixiante, con padres muy estrictos que son nuestros abuelos, no suelen hablar mucho de su infancia, no suele haber una nostalgia tampoco excesiva. En general yo creo que su vida siguió una línea ascendente, de menos a más, en libertad, en poder adquisitivo… En contraposición, nuestra generación, digo en general, es todo lo contrario. Parte de ser la generación que en ese momento ha tenido la infancia más acomodada, incluso hijos de la clase trabajadora podían contar con todo tipo de comodidades, de viajar, tener juguetes, libertad para salir y estar con amigos. Pero al llegar a la edad adulta nosotros asumíamos que, si nuestros padres habían ido de menos a más, nosotros también. Todos nuestros planes de futuro iban sujetos a esas aspiraciones, a esas expectativas. En el momento que eso no se cumple, primero por la burbuja, que ya es jodida, y luego por la crisis, eso para mí es lo que genera el trauma generacional. Primero, una desconfianza total en el futuro. Y segundo, un constante mirar hacia atrás, un recrearse en esa arcadia pasada que era la infancia. Fíjate tú por ejemplo en todo el movimiento hipster, el volver al vinilo, las fotos de Instagram con los filtros como si fueran fotos antiguas, que para ser el más moderno tienes que ser el que escucha el rock de los 70 o el garage. Es como que todo lo más cool ya pasó, no está por venir. Es una pena porque da la sensación de que no hemos sido una generación especialmente preocupada en aportar cosas nuevas, nos hemos limitado a hacer refritos del pasado. Para nosotros el pasado es un remanso de paz y de descanso.
Es verdad que sí es una generación muy friki, y que eso viene de la cultura de masas que hemos bebido siendo niños…
Seguramente somos la generación con una presencia más importante de coleccionistas, y eso yo lo ligo mucho a la infancia. No lo critico como si fuera hoy infantil, ¿eh?, pero sí que hay un punto del niño que no quiere crecer, del juguete para persona mayor e hilando ahora un poco más fino lo que he hablado de volver siempre hacia atrás, volver a la cultura del entretenimiento que vivimos, no a la política de esa época. Es un pasado desideologizado, es un pasado de entretenimiento.
Y sin embargo es la política lo que ha acabado marcando a esa generación.
Sí, algo político-económico, sí, es verdad, todo va relacionado.
Esta es tu descripción de la generación de los 80, pero la de los 90 está viviendo ya las consecuencias de esta misma situación. ¿Cómo definiríamos a esa generación?
A la de los 90 si algo les puede diferenciar, me atrevería decir aunque quizá es muy reciente, es que sus expectativas ya no son tan altas. Ellos, evidentemente, van a encontrarse con un mercado laboral muy duro, pero ya no parten como partíamos nosotros. Yo tenía compañeros y amigos, o incluso yo, que dábamos un poco por sentado que con hacer la carrera ibas a salir, se iban a pelear por ti y te pagaban un sueldazo. Estos chavales nacidos de los 90 hacia aquí ya hace muchos años que oyen hablar de crisis en casa, no van a tener esas expectativas. Esa es para mí una de las diferencias. La otra es que los de los 90 ya son la primera generación que nace en globalización, que ya no conocen los aranceles y las fronteras por lo menos en Europa, que no conocen los sube y bajas de la inflación de la moneda.
En ese contexto que me describes, de crisis, de expectativas, ¿cómo te da por hacer cómics en un país como España, teniendo en cuenta que es un sector aún minoritario y muy precario?
Buena pregunta, je, je… Darme me dio como entretenimiento. Yo empecé a hacer dibujitos desde niño. Aquello te gusta, tu entorno te halaga y te dice que lo haces muy bien y eso te anima a continuar. Yo nunca me lo tomé en serio. Mis planes de vida, muy ligado a lo que te contaba de la generación, eran acabar el instituto, hacer Arquitectura y querer un buen sueldo y un buen trabajo. ¿Yo dedicarme a muñequitos y a ser un pelele y un pringado? No, no… ¿Qué ocurrió? Que me dio por independizarme con 22 años, a compartir piso, que era una cosa muy novedosa en ese momento. No tenía necesidad, no era aquello de que mi universidad estuviera en otra provincia, realmente lo hice porque quise. Y eso me obligó a sacar dinero de alguna forma para pagar mis facturas, y ahí el dibujo fue un trabajo para ir haciéndolo. Es muy curioso, porque precisamente este libro lo cambió todo. Lo pude publicar a raíz de que gané un concurso organizado por el Carné Joven de la Generalitat de Cataluña y el premio en este caso era poder publicar un cómic. Nunca me lo hubiera planteado, mi línea era la viñeta de los periódicos, que era lo me daba de comer cada semana, y acabar la carrera. Hice el cómic, funcionó, estábamos en crisis, Arquitectura empezó a ir a menos y a dispararse el paro, y ahora realmente es una de las carreras menos recomendables. Un poco todo, sin preverlo, pero aquí estoy.
Has hablado de la viñeta del periódico. ¿Está en crisis también ese género?
Absolutamente. A ver, está en crisis su monetización. Es una de las paradojas del mundo de Internet, que por una parte ha multiplicado como nunca el público que consume viñetas, cualquiera puede hacer viñetas, compartirlas en su Twitter y conseguir 10.000 retweets, pero por otra parte también ha devaluado el valor de la misma. En el momento en que cualquiera puede hacerla y consumirla, ¿quién va a pagar por ella? Eso pone en crisis el modelo. Es un formato que no va a morir, porque el formato de la viñeta es perfecto para la era de Internet, de la imagen y de la brevedad, pero por la otra yo me pregunto si en el futuro va a poder haber profesionales que se especialicen en ello, no sólo que lo hagan en sus ratos libres. En mi caso me vi obligado a abandonar periódicos porque estaban muriendo. En los que yo entré, que eran muy humildes, iban cerrando, y los más grandes no tienen ningún interés en coger gente joven. Esa es otra, la guerra entre generaciones al menos en mi sector, con el viñetista que entró en el periódico durante la Transición y que no se ha movido de allí. Ese periódico ha cambiado de redactores, de fotógrafos, de director, pero el viñetista sigue siendo el mismo. He conocido a muchos de ellos, les tengo una estima altísima y me parecen grandes profesionales, pero hubo un momento de mi carrera profesional en el que estaba enfadísimo con esa generación, la consideraba un tapón, y consideraba que era parte del establishment. Yo he hecho el salto al libro y estoy muy contento porque para mí ha sido un oasis. Primero porque me ha permitido extenderme mucho más y llegar a desarrollar temas más complejos, y segundo porque creo que el libro, con toda la crisis que se está viviendo, es mucho más permanente a largo plazo. Dentro de unos años si alguien quiere recurrir a mi trabajo no va a tener que buscar tiras sueltas por Internet, sino que lo tendrá todo en un libro.
Pero esto que comentas tiene otra vertiente, y es que cuando desaparezcan los nombres míticos, los Forges, Ricardo y Nacho, El Roto, etc, la prensa se va a quedar sin viñetistas.
No, es probable que coja a otros. También es triste que se tenga que esperar a que se muera alguien para sustituirlo. Generalizando mucho, aquí ha habido tres generaciones bastante definidas: la que entró en Transición en un momento de expansión del sector, que continúa allí, nadie le ha disputado el sitio; luego está la generación de Albert Monteys y Manel Fontdevilla, que estos pudieron entrar y a la vez les han expulsado, el pobre Manel con Público y luego con El Jueves, y afortunadamente son suficientemente jóvenes y tienen el espíritu para buscarse la vida, y eso les ha hecho también la generación más interesante a nivel profesional, porque tienen cosas un poco de los dos mundos, del que muere y del que nace; y luego está mi generación, que no tuvo ni oportunidad de entrar en el círculo, no la hubo. Tuve alguna oportunidad de entrar a trabajar en El Jueves, ¿eh?, pero yo ya empece a ver este modelo de las revistas que junta 60 dibujantes -no El Jueves en sí, me parece maravilloso que exista- como una cosa un poco del pasado. En un momento en el que están muriendo tantas cosas me preocupa mucho apostar por caballo ganador, y estoy convencidísimo de que el libro va a tener permanencia. Y para mí otro caballo ganador es el vídeo de Youtube, pero eso ya es otra historia.
Y enlazando con esa división generacional que has hecho, ¿te sientes un poco solo dentro del cómic actual de crítica social tan directa? Te lo digo porque apenas se publican tebeos de este estilo…
Yo tengo referentes que han abierto camino. Juanjo Saez, por ejemplo, siempre le reivindico. No ha sido nunca tan político, aunque últimamente lo está siendo desde una vertiente más emocional, pero para mí abrió camino. Tienes razón en que quizá en registro político-económico no lo hay, pero en registro costumbrista hay muchos autores. En ese sentido, no me siento solo, porque tenemos muchos puntos en común. Simplemente, las fuentes de las que bebemos son distintas. Yo soy un autor que si algo lee es prensa, mucho más que libros, mucho más que cómic. Y es muy raro porque yo lo traduzco en cómic. A Juanjo me lo imagino viendo más cine y a Moderna de Pueblo viendo más series.
¿Cómo has cambiado tú en estos cinco años que han transcurrido desde que se publicó por primera vez Hijos de los 80?
Creo que he perdido frescura, no lo digo como fatalidad pero evidentemente uno nunca puede ser siempre el del primer libro. Sí que siento la necesidad cada vez de contar temas más complejos y desmenuzarlos más. Lo que me da un poco de reparo es pensar que quizá esto me va a llevar a un punto en el que sea excesivamente crítico o que empiece a tocar temas ya absolutamente inaccesibles. No lo creo, yo me frenaré, porque siempre mi ánimo es llegar al máximo de público posible. También cada vez soy mucho más escrupuloso a la hora de hacer según que conclusiones y según que afirmaciones. Miro mucho más las noticias, no soy tan contundente, dudo mucho más. Cuanto uno más aprende, más ignorante se descubre uno mismo. Aquí es muy contundente, ahora mismo pensaría «esta broma es un poco excesiva, hay que matizar un poco».
Ahí lo que me encanta es que haces que el texto tenga esa contundencia y que el dibujo rebaje, dé un tono cómico que lo hace más accesible al lector.
Buen resumen. Yo lo veo así. Incluso en mi propio proceso de trabajo, empiezan siendo ideas en la cabeza que paso a una libreta en papel y el dibujo es lo último. El dibujo continúa siendo imprescindible porque si no existiera, como muy bien dices, el texto adquiriría un tono muy pesado. El dibujo ayuda a destensar, después de esa información tan dura o tan densa aparezca el monigote haciendo el imbécil es un buen complemento. Me han llegado a decir si podría hacer un ensayo sólo escrito, y no sería lo mismo. Yo quito los dibujos y sería otra cosa.
Siendo un autor distinto, más maduro, ¿cambiarías hoy algo de Hijos de los 80?
En todo caso, añadiría un apéndice o capítulos nuevos, porque me da la sensación de que la visión del pasado que hace el libro sigue absolutamente vigente, la visión que hace del momento histórico me parece también un buen testimonio, y en todo caso lo que haría es un apéndice de lo que ha ocurrido estos años con mi generación. Pero como más o menos también lo he ido retratando, aunque de forma indirecta, en mis últimos libros, pues ya está bien. La verdad es que no cambiaría nada.
Antes has comentado que tu objetivo es llegar a cuanto más público mejor. En ese sentido, y sin participar de polémicas absurdas en las que no creo, ¿puede ser perjudicial que este libro se publicara originalmente sólo en catalán? ¿No es una limitación, incluso mayor siendo la obra de un autor que está empezando?
Sí, lo es. Piensa que la visión de un sitio, digamos Cataluña, con una lengua que no es mundial, es muy distinta. Uno no escoge sólo la lengua porque pueda llegar a más público, en ese sentido uno escogería ya directamente el inglés. Uno escoge la lengua por proximidad, por costumbre del tipo de humor. De hecho, los diez primeros años de mi trabajo en viñetas de periódico los hice en catalán. Todo mi lenguaje, todas mis coñas, eran en catalán. En ese sentido, me sentí más cómodo haciendo el libro en catalán. Fue Españistán mi primer libro en castellano, precisamente, y ahí te doy la razón, viendo que si yo no apelaba a toda España no podía ganarme la vida. Pero sin darle más vueltas a la decisión ni tampoco tomármelo muy en serio. Ha sido una suerte dominar también el castellano. En ese sentido, a los catalanes nos es también muy útil el castellano como herramienta para llegar a un gran público. Afortunadamente, ya he llegado a un punto de tener suficiente público como para sacar un libro en dos lenguas, y de hecho en más porque el último ya ha sido traducido al portugués y al turco, que son países que están también un poco jodidos como nosotros.
¿Y cómo surge la idea de traducir Hijos de los 80? Igual es un poco chocante encontrar ahora esta edición cinco años después, ¿no?
Sí, pero yo tampoco me lo llegó a plantear. La primera idea fue de mi editorial, y la verdad es que ellos dominan esto mucho más que yo, y creo que tenían mucha razón. Primero porque el libro, al volverlo a leer, me pareció perfectamente vigente. Segundo, porque al existir sólo en catalán y que esa primera edición en catalán fuera absolutamente humilde y prácticamente estuviera descatalogado de las tiendas, era como si este cómic no hubiera existido nunca. Y me parecía un agravio comparativo con el resto de mis libros. Era una buena oportunidad para que existiera por primera vez en castellano, para que volviera a existir en catalán, a un precio competitivo, cosa de la que por cierto me siento muy orgulloso, que mis libros están a un buen precio, y para cerrar etapa, porque ya tengo mis cuatro libros bien colocaditos y ya puedo pasar al siguiente tema. Pero en este caso muchas veces el autor tiene que dejarse aconsejar por la editorial. Piensa que tú como autor siempre estás mirando al futuro, cosas nuevas, cosas que me estimulen, y aveces te olvidas de que vale la pena dejar las cosas bien hechas. Al fin y al cabo es lo que va a encontrar de ti el lector.
Ya que hablas de nuevos temas y del futuro, la pregunta es obvia: ¿qué te estás planteando ahora mismo?
Pues hacer un poco de parón, pero no en un sentido de descanso. Necesito informarme mucho, leer, formarme e informarme, sabiendo que ello no tiene por qué acabar siendo un libro. Empaparme de mi entorno, viajar un poco, me gustaría seguir la política europea unos años más, me gustaría viajar a Bruselas. El ambiente del Parlamento Europeo me parece que es un gran objeto a descubrir por parte del gran público, me da la sensación de que faltan voces que expliquen Europa desde la cultura popular, y en ese sentido no sé en qué formato acabará desembocando pero tengo clarísimo que irá sobre Europa, porque es un tema que a mí me gusta mucho. Y porque creo que desde el momento en que he mirado España desde el contexto europeo ya nunca la he vuelto a ver de la misma manera. Cuando analizas España desde Europa, te llegas incluso a reconciliar un poco con ella, porque te da la sensación de que no somos tan raros ni estamos tan mal. Volver al contexto español y al periódico español, a hablar de España, del PP… ahora ya me parece un poco asfixiante, la verdad.
Con el juego que te daría eso…
Sí, pero es que al final… Es curioso, la gente no se cansa de que haya la viñeta sobre la tontería del día que ha hecho el ministro. Yo, cuando llevo ya quince años haciendo viñetas, es que no puedo más. Es que me la suda lo que haya dicho Cospedal, es que no voy a dedicar una sola viñeta más a esa mujer. Porque además estás dedicando un tiempo y un trabajo a la tontería del día que dentro de dos meses va a ser olvidada y que dentro de veinte años nadie va a recordar a esta mujer porque ha sido absolutamente insignificante en la historia de este país. Quizá ha sido mucho más importante la visita que hizo Merkel en el contexto internacional y quizá no se le hicieron tantas chanzas en las viñetas, aunque también se le hicieron. A veces hace falta tomar un poco de distancia. Miras el recorrido de la viñeta en el siglo XX, miras por casualidad semanarios de los años 30 y ves que hay autores que supieron explicar qué había que explicar, qué continuaría siendo vigente con los años, y hay autores que los ves dedicándose a un tipo de cosa que en ese momento les parecía lo más que al final fue muy perecedero, muy caduco y que realmente yo ni lo entiendo. Hablando de referentes, no sólo los tengo en el cómic, también los tengo en el texto, ahora me ha dado mucho por leer a Josep Pla, y Josep Pla hizo unos viajes aquí a Madrid y hacía unas crónicas brutales de la vida en la capital como catalán de pura cepa que era, y él veía esa diferencia cultural. Y es plenamente vigente, porque él pasaba absolutamente de las modas, del lirismo, de emperifollar el texto y hacer florituras, sino que él encontraba un adjetivo para cada cosa y punto, y eso le ha dado una vida más larga. Para mí eso es un muy buen ejemplo de alguien que escoge muy bien los temas y los retrata de una forma muy atemporal.
Me interesa ese debate que planteas, porque la viñeta es algo muy episódico, muy puntual, y sin embargo tú le has dado un poso.
¿Tú crees?
El hecho de que tu formato sea el libro ya le da una permanencia. Este libro tiene cinco años y sigue vigente. En ese sentido, vas un poco a contracorriente, ¿no?
Es probable, pero eso lo tiene que decir alguien que lo vea desde fuera. Decir que uno va contracorriente puede sonar a «mírame, soy lo más». Hoy es difícil decir quién va a contracorriente, porque como están muriendo todos los modelos establecidos, realmente cualquiera que haga algo nuevo está yendo contracorriente. Los de Orgullo y Satisfacción con la revista que están haciendo están yendo contracorriente. Beyoncé, que sacó su disco sin avisar a nadie, es un caso muy paradigmático de promoción de un disco en la era digital, también estaba yendo contracorriente. JotDown, Eldiario.es… Todas esas ideas que están surgieron son nuevas, se está abriendo un terreno nuevo, muy inhóspito porque es novedoso y no sabes dónde están los peligros, pero a la vez que motiva mucho. En ese sentido, tampoco me siento tan pionero de nada.
Hablando de otros medios, en tu biografía, la que aparece en el libro, se habla de que estás desarrollando un proyecto de vídeos divulgativos en varias lenguas. ¿Nos puedes contar algo sobre eso?
Tienen que resolverse todavía algunos flecos, eso es absoluta logística. Lo que he dicho siempre es que algún día me gustaría hacer una apuesta por Youtube. Youtube sí que creo que va a tener una permanencia a largo plazo muy importante. Lo que sí que me gustaría es utilizar Youtube para llegar a un público internacional. Estoy luchando para que mis libros estén en otros mercados editoriales, pero imagínate la lucha que tienes que hacer para que esté en papel en un país tan cercano como Portugal y en cambio haces un vídeo, lo haces en inglés, y si das en el clavo al minuto de colgarlo lo están viendo en Yakarta. Para mí es un terreno por explorar y es el que me gustaría explorar en cuanto resuelva esta promoción, acabe un lanzamiento en inglés de Europesadilla que lo haremos en iTunes en el Amazon de Estados Unidos. Cosas que van surgiendo sobre la marcha. Como bien te he dicho que voy a dedicarme a Europa y Europa no se puede entender sin hablar del mundo, con lo que en el fondo estás hablando de globalización, voy a hablar de sátira política mundial en Youtube. No sé cómo pero de alguna manera o de otra.