Editorial: Planeta DeAgostini.
Guión: Randy Stradley.
Dibujo: Douglas Wheatley.
Páginas: 120.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Agosto 2014.
Como se advierte en la contraportada del volumen, esta sexta entrega de Star Wars. Tiempos oscuros, titulada Queda un rescoldo, acontece entre el anterior libro de esta serie, Transporte de fuego, y Darth Vader y la prisión fantasma (aquí, su reseña), todo ello poco después de lo que se veía en la última película de la saga, La venganza de los Sith. Lo primero que quiere decir eso es que Randy Stradley recorre caminos trillados. ¿Cómo evita una repetición excesiva? Dando a Darth Vader un papel más secundario y menos elaborado de lo habitual. Sus protagonistas son los que se reúnen en torno a Dass Jennir, un caballero Jedi que participa en una conjura precisamente para tratar de asesinar al aprendiz del Emperador Palpatine y sumir así al Imperio en el caos. No es probablemente la mejor ni la más original de las historias planteadas en este momento temporal del universo de ciencia ficción creado en el cine por George Lucas, pero tampoco se puede negar que proporciona un buen entretenimiento, gracias también al buen dibujo de Douglas Wheatley.
Hay un primer escollo que Stradley no sortea con habilidad al comienzo de Queda un rescoldo. Dado que todo el mundo está totalmente familiarizado con los personajes principales de Star Wars gracias al cine, roza lo absurdo comenzar el relato con un cliffhanger que quiera llevar al lector a dudar sobre la supervivencia de Vader. Eso resta algo de valor al conjunto y hace que la inmersión en la historia sea más tardía de lo necesario. Pero todo mejora cuando Vader ocupa su lugar en la historia, más como dinamizador que como protagonista mostrando su odio por los Jedi y es Dass Jennir quien coge el protagonismo. Lo que sí lleva acertadamente Stradley es el hecho de contar con un reparto completamente ajeno a las versiones más populares de Star Wars y con el que es muy fácil relacionarse, incluso para quienes no hayan leído ninguna de las aventuras previas de Dass Jennir. A partir de ahí, Stradley asume que un intento de asesinato de Vader ya se ha escrito en muchas ocasiones, aparca la idea de innovar por ese lado y se dedica a entretener con una trama correcta y bien llevada, en la que lo que más destaca es la forma diferente de los personajes, incluso de los Jedi superviventes, de encarar el nuevo tiempo político tras la caída de la República.
Como el objetivo es el entretenimiento, el dibujo de Wheatley cobra más protagonismo que el guión. Y como Darth Vader, el personaje icónico por excelencia del universo de Star Wars, aparece con frecuencia a lo largo de la historia son esas escenas las que sirven para hacer el juicio más acertado a su trabajo: notable siempre, algo más por momentos. Su Vader es espléndido, especialmente cuando le coloca en una situación de sombras con las que jugar. Wheatley acaba encontrando un punto adecuado para prácticamente todo lo que muestra en sus páginas. Los combates están bien coreografiados y sirven la espectacularidad que requieren para convencer, sus criaturas son imaginativas y encajan en lo que uno espera ver en un tebeo de Star Wars, los humanos también funcionan y la tecnología es incluso uno de sus puntos fuertes. De esta forma, este sexto volumen de Tiempos oscuros no es un imprescindible para los aficionados a la saga pero sí una buena lectura, que satisface por igual a quienes conocen a los personajes como a los que no. Y la presencia de Darth Vader, aunque no haya grandes innovaciones en la historia, es siempre un gran aliciente para cualquier, especialmente para el aficionado de Star Wars.
El volumen incluye los cinco números de la miniserie Star Wars: Dark Times – A Spark Remains, publicados originalmente por Dark Horse entre julio y diciembre de 2013. El único contenido extra es la cubierta del quinto número, obra de Benjamin Carré. La del primero, del mismo autor, es la que sirve de cubierta a la edición española.